¿Logrará la cirugía ralentizar (o acelerar) a un papa con prisa?

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El papa Francisco llega a la Iglesia de Nuestra Señora de la Salvación en Bagdad, el 5 de marzo de 2021. (Ivor Prickett/The New York Times)
El papa Francisco llega a la Iglesia de Nuestra Señora de la Salvación en Bagdad, el 5 de marzo de 2021. (Ivor Prickett/The New York Times)

VCIUDAD DEL VATICANO— El papa Francisco suele lucir como un pontífice con prisa.

Durante su papado de ocho años, ha buscado de manera incansable remodelar la Iglesia Católica Romana a su imagen más pastoral y ha ascendido a más de la mitad del Colegio Cardenalicio que elegirá a su sucesor. Ha fomentado debates que solían ser tabú sobre sacerdotes casados, el papel de la mujer en la Iglesia, la aceptación de los católicos homosexuales y la comunión para quienes se han divorciado y vuelto a casar. Ha mantenido un agotador itinerario de viajes alrededor del mundo.

Pero mientras Francisco, de 84 años, se recupera en un hospital de Roma tras someterse a una importante cirugía de colon, los expertos se preguntan si el primer gran desafío de salud durante su papado lo ralentizará o hará que acelere las reformas que ha prometido. Hasta ahora ha logrado plantear preguntas importantes sobre el futuro de la Iglesia y su gobierno; sin embargo a menudo ha evitado tomar acciones audaces y ha preferido tomarse el tiempo para construir un consenso más amplio que quizás evite la división, aunque de esa manera se retrasan los cambios reales.

Pero ahora, dicen los analistas de la Iglesia, no hay tiempo que perder.

“Con seguridad esto marcará una división en su pontificado. Hasta ahora nunca se había detenido”, dijo Carlo Marroni, un experto sobre el Vaticano del diario financiero de Italia, Il Sole 24 Ore. “Ahora el tiempo apremia”.

No es que Francisco se haya hecho alguna vez ilusiones sobre su propia mortalidad y su pequeño espacio de tiempo para implementar su visión de una Iglesia más inclusiva que priorice conectar con los marginados en lugar de imponer la ley canónica.

“Sé que esto durará poco tiempo, unos dos o tres años, antes de que me vaya a la casa del Padre”, le dijo a un grupo de periodistas en el avión papal en 2014. Un par de meses después, hizo referencia a la propuesta de Roma de albergar los Juegos Olímpicos de 2024. “No estaré ahí, eh”, dijo entre risas. En 2015 se imaginaba a sí mismo sirviendo como papa durante unos cinco años más.

El presidente Barack Obama se reúne con el papa Francisco en el Vaticano, el 27 de marzo de 2014. (Doug Mills/The New York Times)
El presidente Barack Obama se reúne con el papa Francisco en el Vaticano, el 27 de marzo de 2014. (Doug Mills/The New York Times)

El jueves 8 de julio el Vaticano emitió otra actualización sobre su evolución, en la que informó que el papa “pasó un día tranquilo, comiendo y moviéndose sin ayuda” pero señaló que la noche del miércoles “tuvo una fiebre un rato” y que el jueves por la mañana “se sometió a exámenes de rutina y de microbiología, además de una tomografía de tórax y abdomen, las cuales dieron negativas” de cualquier infección.

“Nunca volverá a ser el mismo”, dijo una publicación del 7 de julio en The Seismograph, un sitio de noticias del Vaticano influyente y con muy buenas conexiones, en la cual se argumentó que todos los esfuerzos del Vaticano por haberlo descrito en el pasado como un “superhombre” terminarán perjudicando su imagen porque obviamente tendrá que reducir el ritmo debido a su dolencia.

La edad y la salud suelen ser consideraciones importantes a la hora de seleccionar papas.

Juan Pablo II tenía 58 años y era vigoroso cuando fue elegido en 1978. Gobernó durante 26 años, un período en el cual ayudó a derribar el comunismo y a expandir la presencia global de la Iglesia, pero en el que también, según los críticos, reprimió la disidencia y permitió la impunidad del abuso sexual. La enfermedad de Parkinson devastó a Juan Pablo II en los últimos años de su pontificado, generando imágenes a veces insoportables pero, según argumentos de la Iglesia, también palpablemente humanas sobre el sufrimiento y los estragos de la edad.

Uno de los argumentos a favor de Benedicto XVI en 2005, además de la continuidad que ofrecía con el muy popular Juan Pablo II, fue la noción de que, a los 78 años y familiarizado con el funcionamiento de la Iglesia, sería un papa que solo guardaría la sede papal por un breve periodo. En 2013, con 85 años, se convirtió en el primer papa en casi 600 años en renunciar, tras afirmar que ya no tenía la energía necesaria para liderar la Iglesia. Antes del cónclave, varios cardenales influyentes instaron a los electores a elegir a alguien lo suficientemente vigoroso y dinámico como para lidiar con los enormes desafíos de la Iglesia.

Francisco también tenía 78 años al momento de su elección, lo que había llevado a muchos a descartarlo como candidato. Pero es evidente que no le ha faltado energía. En un viaje de regreso de Corea del Sur en 2014, abiertamente reflexionó y admiró el ejemplo de Benedicto XVI de haber renunciado. Afirmó que la posición de papa emérito se había convertido en una institución.

El Vaticano no ha dado señales de que el final de su pontificado sea inminente. Los partidarios de Francisco han afirmado que ya ha logrado mucho, como avances concretos en temas referentes a la transparencia financiera, la rendición de cuentas por abuso sexual y el empoderamiento de las iglesias locales para que tomen decisiones por sí mismas. Sus críticos conservadores, que esperan que su eventual sucesor dé marcha atrás hacia una Iglesia más tradicional y doctrinaria, sin duda creen que Francisco ha hecho mucho daño.

Sin embargo, los críticos liberales se quejan de que cuando las cosas han llegado a un punto crucial, Francisco ha reculado repetidas veces ante la posibilidad de generar cambios importantes. Según ellos, el papa tiene muchos asuntos pendientes una vez que sea dado de alta.

“Queda todo por hacer”, dijo Lucetta Scaraffia, una historiadora de la Iglesia que en 2019 renunció a su puesto como directora de la revista de mujeres del Vaticano. Scaraffia afirmó que el papa no había emprendido esfuerzos concretos para reformar la curia romana, la burocracia que rige la Iglesia, además, ella sostuvo que el sistema judicial del Vaticano era un desastre, y que cuando se trataba de empoderar de verdad a las mujeres en la Iglesia, el papa no había hecho casi nada. Como ejemplo de esto último, Scaraffia mencionó la manera en que Francisco había pospuesto permitir diaconisas al simplemente nombrar una comisión de estudio al respecto.

De hecho, muchos de los partidarios de Francisco se enojaron cuando dejó de lado una votación de los obispos locales, a quienes acostumbra remitirse, con la cual se permitiría que los sacerdotes se casaran en circunstancias muy limitadas. Francisco argumentó que todavía no había llegado el momento.

Pero algunos expertos y cardenales argumentan que el mayor cambio que ha hecho Francisco es la composición de la jerarquía. En una Iglesia donde el personal marca la política, Francisco ha creado más de 1000 obispos en la primera línea y en 2019 alcanzó un punto de inflexión tras nombrar a más de la mitad de los votantes dentro del Colegio Cardenalicio, donde se requiere una mayoría de dos tercios entre los que tengan menos de 80 años, para elegir a su sucesor.

Cuanto más dure el pontificado de Francisco, “más cardenales habrá con el espíritu del papa Francisco”, afirmó en aquel momento el cardenal Jean-Claude Hollerich de Luxemburgo.

Francisco ha seguido en esa dirección, aunque el cálculo político de lo que creen los cardenales, y la manera en que votan, no siempre es tan simple como su lugar de origen o quién les otorgó sus sombreros rojos. Después de todo, Francisco fue ascendido al rango de cardenal en 2001 por Juan Pablo II.

Según estadísticas del Vaticano, Francisco ha ascendido al 58 por ciento de los cardenales que entrarían en un cónclave si se celebrara hoy, con 72 cardenales votantes, en comparación con 39 de Benedicto XVI y 13 del papa Juan Pablo II. El número de cardenales ascendidos por Francisco no hará sino aumentar, y el de sus predecesores se reducirá con el tiempo.

Lo que está claro es que Francisco no ha considerado la vejez o la enfermedad una excusa para descansar en su misión pastoral.

En un mensaje dirigido a las personas mayores en el que se anunciaba el Día Mundial de los Abuelos y Ancianos de este mes, Francisco se llamó a sí mismo “una persona mayor, igual que tú” y dijo que era importante no dejar de trabajar en la fe. “Yo mismo puedo decirles que fui convocado a ser obispo de Roma cuando ya había alcanzado, por así decirlo, la edad de jubilación”, dijo. “Y en un momento en el que pensé que ya no haría nada nuevo”.

© 2021 The New York Times Company

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