Locura entre los ucranianos para tener el sello del hundimiento del Moskvá

Kiev, 19 abr (EFE).- Cientos de ucranianos forman una kilométrica cola delante de la principal oficina de correos de Kiev, en el centro de la capital, con el objetivo de hacerse con un sello que celebra el hundimiento del buque insignia de la Flota rusa del mar Negro, el Moskvá, tras ser alcanzado por dos misiles crucero, según las autoridades ucranianas.

Miles de personas se concentran en la plaza en la que se ubica la sede de los servicios postales, que desde el pasado día 13 ha sacado a la venta estos sellos, en los que se muestra un soldado ucraniano haciendo al Moskvá un gesto despectivo alzando el dedo medio de su mano con un texto que reza: “Buque de guerra ruso, jódete”.

Esta imagen fue creada por el artista Boris Groh en honor al guardia fronterizo ucraniano Román Gríbov, que junto con sus doce compañeros fue capturado en la pequeña isla de Zmiiniy (Isla de las Serpientes) y respondió así al Moskvá ante su exigencia de rendición.

Dos días antes del hundimiento del Moskvá, Correos de Ucrania puso en circulación este sello postal conmemorativo.

Esta iniciativa fue anunciada en Twitter por la viceministra de Exteriores ucraniana, Emine Dzheppar, en un momento en el que los canales de comunicación y redes sociales del Gobierno de Ucrania están siendo alabados por su particular manera de librar la “guerra” mediática.

Mijaél es un anciano de 79 años que lleva esperando cinco horas para hacerse con estos sellos, que se venden por menos de un dólar pero que en los mercados en línea ya supera los 200.

“Es un buen souvenir y su precio va a aumentar a medida que pase el tiempo”, aseguró a Efe este jubilado, que tiene pensado quedarse “unos cuantos” de estos sellos y revender el resto.

Tatiana, de 35, también ha madrugado para ir a la oficina de correos y obtener “este símbolo de la victoria de Ucrania” que ha dado la vuelta al mundo.

Por su parte, Olej ya ha conseguido varias de estas estampillas: “Me voy a quedar unas cuantas, pero mandaré también unas cuantas a Rusia para que las puedan ver”, dice entre carcajadas este albañil de 46 años.

(c) Agencia EFE

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