La locura del poder

Salvador Casanova | @CasanovaTiempo
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DE TIEMPO Y CIRCUNSTANCIAS

EL IMPEACHMENT o juicio de destitución a Donald Trump está ventilándose en Estados Unidos. Tiene como objeto impedir que acceda a cualquier otro puesto de elección popular, pues, después de los disturbios en el Capitolio, resulta incuestionable que míster Trump es una amenaza para la democracia estadounidense. Al final de su periodo, ante la derrota en las urnas, el expresidente entró en una espiral destructiva fruto de una locura de poder. La lección es de meridiana importancia. El poder no solo corrompe, sino que enferma y a veces enloquece a quien lo posee.

En 1914, en México, Francisco Villa invitó a Emiliano Zapata a sentarse en la silla presidencial. Zapata declinó la deferencia y dijo: “Gracias, mi general Villa, pero no me puedo sentar en esa silla porque está embrujada y quien se sienta en ella pierde la razón y el sentido”.

Pero, en mi percepción, ni en Estados Unidos ni en México hay sillas embrujadas, sino poder desmedido, y ese es un factor que enajena a cualquiera.

En cuanto a México, los próximos cuatro meses deparan eventos predecibles e impredecibles. Los hay que, instalados en una tendencia estadística, se ajustarán casi con precisión matemática al macabro guion establecido por la administración actual. La suerte jugará un papel fundamental en otros, y dependiendo de hacia dónde se incline la fortuna, el destino de México irá hacia un lado o hacia otro.

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En el renglón de lo predecible está la epidemia. De acuerdo con las cifras del gobierno, los contagios rondan los dos millones y se cuentan más de 160,000 muertos. Las cifras oficiales, sin embargo, no reflejan la realidad. Hay diferencias entre la expectativa de muertes en 2020 y las muertes reportadas; esta diferencia es de 255,000 defunciones y hay un enorme subregistro, pues el gobierno, al ver que por ahí le estaban descubriendo los números reales, comenzó a escatimar las actas de defunción. Ahora, además de la pena moral, los deudos deben sufrir la pena administrativa para concluir los trámites de sus muertos. Una cuota de dolor enorme.

El descontrol de la epidemia es el resultado de una serie de decisiones equivocadas de la administración en turno. Esta primero canceló autorizaciones a los proveedores de medicamentos y después retiró presupuestos de salud direccionándolos a otros fines, y con esto los servicios de salud se vieron comprometidos. Otro tanto hicieron con los presupuestos para emergencias. Cuando la pandemia comenzó a diseminarse por el mundo minimizaron su importancia. No previeron, por falta de visión administrativa, ni la compra de insumos diagnósticos ni de insumos de protección sanitaria para el personal hospitalario, y así, hoy estamos sin conocer el número real de infectados y con el primer lugar en el mundo de muertes de médicos, enfermeras y personal de apoyo en hospitales.

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Con las vacunas, el gobierno comete el mismo error que ha cometido desde el principio, que es tratar de resolver un problema biológico con criterios políticos.

La economía sufre también por la pandemia y por otra serie de decisiones equivocadas. Las empresas quebradas aumentan cada día, el desempleo se ha disparado, los ingresos fiscales han caído, y como resultado, la confianza se ha esfumado.

SIN CONTROLES QUE IMPIDAN EL ENGAÑO

Para paliar las malas noticias se ha acudido a la mentira. Desde el principio el presidente dijo que la epidemia estaba domada, y la epidemia le demostró lo contrario rompiendo récords de infección y de muerte. Actualmente las mentiras se han multiplicado sin pudor alguno. En torno a las vacunas primero se dijo que compraron suficientes, lo cual no fue cierto, luego el presidente declaró que la ONU estaba haciendo caso a su sugerencia de evitar el acaparamiento de países ricos y dar vacunas a los países pobres; por ello, Pfizer había retrasado el suministro a países europeos y a México. Dijo que México, como país solidario, va a dejar que estas vacunas de Pfizer, que no se entreguen ahora, sean entregadas a países más pobres.

Esto fue una sarta de mentiras. La realidad es que la compañía farmacéutica Pfizer suspendió entregas por una reorganización de la producción, que la ONU no se metió en el asunto de la suspensión de entregas, que los países pobres no recibieron nuestras vacunas, y que Pfizer habrá de entregarnos lo contratado con un retraso en el presente, para luego acelerar las entregas en el futuro. Cuatro mentiras en una sola declaración.

La vacunación en el país ronda los 6,000 pacientes diarios mientras que en Israel se superan las 200,000 inoculaciones diarias, y Estados Unidos hace 500,000 aplicaciones por día.

No existen controles ni equilibrios que impidan el engaño desenfadado en asuntos tan importantes como la vida, la seguridad y el sustento de todos nosotros; y esto se debe al poder absoluto que Morena, el partido del presidente, adquirió en la votación de 2018. La mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y la relativa en la de Senadores le dan poder para manejar los presupuestos de las instituciones y, con ello, quebrantarlas desarticulando la supervisión de organismos autónomos de las diferentes funciones del Estado.

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En este gobierno el nombre del juego es poder político. Lo dijo el presidente: “Todo lo que yo hago es político”, y al poner la política en el orden superlativo, pone la carreta delante de los caballos, pues la administración del Estado requiere estrategias bien estructuradas que atiendan las necesidades específicas de los ramos. No se requiere un lacayo cien por ciento leal que se doble a los juicios del presidente; sino un profundo conocedor de cada ramo que, cuando sea necesario, le haga ver al presidente que está equivocando el rumbo. Ignorar a la ciencia en aras del control político es la receta para un desastre. Le pasó a Donald Trump y le está sucediendo a López Obrador.

El equilibrio de poder es urgente, la quiebra nacional, inminente. La estela de muertes que arrastramos crece día con día y ni los funcionarios ineptos cambian, ni las malas decisiones se corrigen. El poder absoluto da para eso y más.

La oposición, que arrastra un desprestigio importante, solo tiene una opción, y es buscar la unidad nominando candidatos atractivos al electorado para ofrecer un frente que pueda ser competitivo. Sin embargo, los intereses y cuotas de poder demandados dificultan los acuerdos y el tiempo apremia. Ojalá que se logren los acuerdos. Claro que, si se logran, la reacción de López Obrador nos llevará al terreno de lo impredecible. De cualquier modo, a nosotros, como ciudadanos, nos corresponde comprender que el enemigo a vencer no es López Obrador, sino el poder absoluto. Ese poder que ha corrompido las entrañas del Estado, y no puede ser de otra manera, pues el poder absoluto corrompe absolutamente.

VAGÓN DE CABÚS

Nos dicen que el presidente contrajo COVID-19. Sin embargo, la noticia lleva al escepticismo. La salud del presidente es un asunto de seguridad nacional, por ello resulta casi imposible que él no estuviera vacunado. Un personaje que todo lo que hace es político es probable que haya decidido enfermarse por razones políticas. Como quiera que sea, deseamos su pronto restablecimiento. N

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Salvador Casanova es historiador y físico. Su vida profesional abarca la docencia, los medios de comunicación y la televisión cultural. Es autor del libro La maravillosa historia del tiempo y sus circunstancias. Los puntos de vista expresados en este artículo son responsabilidad del autor.