Llevas toda la vida lavando mal los arándanos

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Las prisas también son malas consejeras cuando se trata de lavar arándanos. Meterlos bajo el chorro de agua no es lo más apropiado. (Foto: Getty)
Las prisas también son malas consejeras cuando se trata de lavar arándanos. Meterlos bajo el chorro de agua no es lo más apropiado. (Foto: Getty)

Como muchos otros alimentos, la fruta hay lavarla antes de consumirla. Es un hecho que no admite discusión, aunque sí algunos matices. La mayoría de nosotros lo hemos interiorizado tanto que solemos hacerlo en plan autómata.

Sin embargo, no siempre acertamos con la forma y el momento en que lavamos la fruta. Usar la misma técnica sea cual sea el tipo de fruta que vayamos a tomar puede ser tan malo como no lavarlas y es muy probable que las consecuencias sean nefastas; la fruta se echará a perder. Es lo que pasa con las bayas y los frutos rojos o del bosque, entre los que merecen una mención aparte los arándanos. 

Esto está mejor, pero, si sumerges el colador en un cuenco con agua, lo bordas. Además de los arándanos, también puedes lavar así las <strong>fresas, uvas y otras frutas y verduras de escaso tamaño como como los guisantes o las habas. </strong>(Foto: Getty)
Esto está mejor, pero, si sumerges el colador en un cuenco con agua, lo bordas. Además de los arándanos, también puedes lavar así las fresas, uvas y otras frutas y verduras de escaso tamaño como como los guisantes o las habas. (Foto: Getty)

Este fruto tan carnoso como delicado suele llegar a casa con una sustancia blanquecina que cubre por completo su superficie. Pero contrariamente a lo que pensamos, ese manto blanco que recubre los arándanos (también pasa con las uvas o las ciruelas) no es polvo ni suciedad, ni tampoco son restos de pesticidas adheridos a la piel de la fruta: es 'pruina'.

Se trata, tal y como explica Miguel Ángel Lurueña, doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos y divulgador científico, de una cera natural que actúa como protector solar, ayudando a disipar el calor y la humedad, lo cual previene la formación de hongos. También es un repelente contra insectos y sirve para proteger la pulpa de enfermedades transmitidas por otros bichos y agentes externos.

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Por eso, aunque es aconsejable lavar los arándanos (más abajo te indico cómo), no conviene manipularlos en exceso ni empeñarse en frotarlos arañando su superficie hasta retirar por completo esa 'pátina' ya que, aparte de estropear la consistencia de cada pieza, lo único que conseguiremos así es "reducir las cualidades sensoriales y nutricionales, y acortar su vida útil".

Lo primero que debes saber es que los arándanos (igual que otros frutos rojos las frambuesas y las grosellas) no se deben lavar hasta que se vayan a consumir. Nada de llegar a casa, meterlos bajo el chorro de agua y de ahí a la nevera. El exceso de agua puede causar un deterioro prematuro en este tipo de frutos tan delicados. 

Aunque algunas bayas más firmes, como las fresas, son lo suficientemente resistentes como para soportar un lavado o enjuague rápido, no es el caso de los arándanos. Tal y como indican en la web Martha Stewart, colocar el envase bajo el grifo de agua corriente no es la manera correcta de lavar los arándanos.

Para lavar los ar&#xe1;ndanos, sin tocarlos ni da&#xf1;arlos, lo mejor es sumergir un colador en un cuenco con agua fresca. (Imagen: Lisa Childs/Tried, Tested, and True Instant Pot Cooking)
Para lavar los arándanos, sin tocarlos ni dañarlos, lo mejor es sumergir un colador en un cuenco con agua fresca. (Imagen: Lisa Childs/Tried, Tested, and True Instant Pot Cooking)

La presión del agua puede aplastarlos, especialmente si están empaquetados unos encima de otros en un recipiente de plástico. Además, algunas gotas de agua permanecerán en el envase después del lavado y esto puede hacer que las bayas se empapen y se estropeen o pudran antes de tiempo. Lo aconsejable, por tanto, es esperar y lavarlas en el mismo momento en el que se vayan a consumir.

Cuando llegue el momento, llena un tazón o cuenco grande con agua fría, luego coloca los arándanos en un colador, y con suavidad, y sumérgelo en el bol. De este modo conseguirás un lavado uniforme que protege la pulpa de las bayas. Ojo con caer en la tentación de saltarte un paso y poner directamente el colador bajo el grifo; la mayoría de las veces las bayas se apiñan unos contra otras y el chorro sale demasiado fuerte.

(Foto: Danielle Walker/Against all grain)
Para guardarlos, coloca varias capas de papel de cocina en un recipiente plano y deposita los arándanos -una vez secos- dejando espacio entre ellos. (Foto: Danielle Walker/Against all grain)

Después de sumergir el colador en el cuenco de agua, coloca los arándanos sobre un papel de cocina para retirar el exceso de agua, ¡no los chafes! Debes secarlos muy bien, ya que, como hemos señalado, la humedad es un gran enemigo de la fruta. Puedes disponer una cama de varias capas de papel de cocina o un trapo absorbente y limpio sobre la encimera o superficie de trabajo. 

Ahora que los arándanos están secos, sólo queda guardarlos adecuadamente. Desecha el envase original de la tienda y elige un recipiente hermético bien limpio, mejor plano y ancho. Cubre el fondo con papel de cocina (sí, otra vez) y deposita las bayas en una sola capa. Puedes hacerte una idea de todo el proceso en este video de Youtube.

A continuación, ciérralo con su tapa, mejor si tiene una abertura de las que se suelen abrir para calentar en el microondas, o deja ligeramente abierta una esquina. Repito, no cierres de todo el recipiente para que puedan liberar la humedad. De todas formas, conviene revisar cada pocos días el interior del envase por si se hubiera colado alguna oveja negra, hay que retirarla antes de que contamine a las demás.

Para los impacientes: los arándanos también se pueden lavar en un recipiente con una solución de vinagre de tres partes de agua por una parte de vinagre. Agrega las bayas al tazón y agítalas para asegurarte de que se eliminen las bacterias. Remoja durante 10 minutos, enjuaga con agua para eliminar los restos y deja que los arándonos escurran colocándolos en un colador.

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