“La llegada de Terri nos cambió la vida”. Por qué adoptar un animal de compañía contribuye a ahuyentar la soledad no deseada

Miguel y Mirta adoptaron a Terri en noviembre
Miguel y Mirta adoptaron a Terri en noviembre

Desde hace poco más de dos meses, los días de Miguel Torrens, de 76 años, y de Miriam Arias, de 73, se pasan volando. Están siempre de buen humor y cada vez que salen a la calle no paran de conversar con los vecinos. El tema obligado: Terri, el caniche de dos años que adoptaron de un refugio en noviembre último. Miguel y Mirta siempre habían tenido animales de compañía, pero cuando que se mudaron de Ranelagh a Puerto Madero, en 2003, pensaron que un departamento no era espacio suficiente para un animal. Pero después los hijos se fueron yendo, cada uno hizo su vida, nacieron los nietos, Miguel se jubiló justo cuando empezó la pandemia y los días empezaron a volverse más largos. A Miguel se le ocurrió pedirle a una vecina que le prestara a su perro para sacarlo a pasear. Y sintió que era uno de los momentos más felices de cada día. Por eso, unos meses después, cuando la vecina y el perrito se mudaron, el matrimonio sintió que era hora de volver a adoptar un animal.

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“Un día estaba averiguando por entradas para el teatro en la página del gobierno de la ciudad y me enteré del programa de adopción de mascotas para personas mayores y decidimos anotarnos. Nos preguntaron todos los datos, sobre alimentación, vacunas, cuidados y nos dijeron que nos iban a avisar. La chica que nos llamó unos días después nos dijo que por el momento no tenían nada, solo un canichito que era terrible. Y yo le dije que bueno. Pensé: no es un dogo argentino. ¿Cuán terrible puede ser un caniche? Pero sí, era terrible. Pero adorable. Desde ese día, nos cambió la vida. Todas las mañanas lo llevo a la plaza, salgo a caminar con él y a la tarde lo mismo. En casa puedo pasar una hora jugando con él, escondiéndole juguetes en los almohadones del sillón y el tiempo se me pasa volando. Lo baño todas las semanas y cuando me meto a bañar yo, me viene a buscar, como que se quiere bañar él”, dice Miguel.

Miguel Torrens sale todas las mañanas y todas las tardes a pasear a Terri
Miguel Torrens sale todas las mañanas y todas las tardes a pasear a Terri

Miguel y Mirta se anotaron en un programa de la Secretaría de Bienestar Integral del Ministerio de Salud porteño, que se llama Compañeros +60, que tiene por objetivo concientizar sobre los beneficios que aporta a la salud y al bienestar de los adultos mayores el vínculo con los animales de compañía. “Durante la pandemia notamos que se incrementó en la población mayor el sentimiento de soledad. Una soledad no deseada, más allá de que vivieran o no solos. Entonces, decidimos impulsar distintos programas en ese sentido. Uno de ellos, la promoción de la adopción de mascotas, porque hay estudios en el exterior que demuestran cómo mejora la calidad de vida de la persona que adopta”, explica Sofía Torroba, subsecretaria para Personas Mayores. ¿Cómo un animal de compañía puede mejorar la calidad de vida de un adulto mayor? No solo le hace compañía, lo obliga a salir a caminar, le lleva a socializar con los vecinos, a interactuar con otros dueños de animales domésticos, a estar pendientes de la salud y del bienestar de otro, se explica. Además, lo reconecta con su lado más tierno y mejora los vínculos afectivos puertas adentro.

“Hay que llevarlo a conocer el mar”

“A nosotros nos cambió la vida. Hace solo dos meses que llegó y ya no nos imaginamos la vida sin él. Ahora estamos pensando irnos unos días a la costa y ya estoy averiguando destinos petfriendly, porque no lo dejamos ni locos. Mi hijo me dice que se lo deje a él. Pero, con lo que le gusta a Terri el agua, le dije que teníamos que llevarlo a conocer el mar. Le va a encantar. Va a ser un espectáculo”, asegura Miguel. Por las tardes, cuando Miguel lo lleva a pasear a las plazas de Puerto Madero, Terri hace amigos. Se sube a un banco hasta que ve que aparece algún otro perro y sale corriendo a su encuentro. Miguel apura el paso para seguirlo y seguro que se queda conversando con el “padre” de otro animal de compañía. “Es muy obediente. Si lo llamo me responde, viene enseguida. Pero no le gusta ir con correa, porque es demasiado sociable. Necesita libertad. Y cuando anda suelto, es otra persona, bueno, ¿qué digo? Otro perro”, dice.

Convivir con un animal de compañía contribuye al bienestar mental y social, explica Torroba. Y no quedan dudas cuando uno conoce a una persona que adoptó un perro o un gato.

Inés Vernengo con su perra Ofelia
Inés Vernengo con su perra Ofelia

Inés Vernengo tiene 67 años, es bailarina y antropóloga. Cuando empezó la pandemia, esa impronta de mujer independiente que siempre fue entró en crisis y le pidió a su hijo que le prestara a Zorro, su perrito para no sentirse tan sola. Fueron unos días en los que el perro iba y volvía de una casa a otra. Tiempo después, supo que ella misma quería adoptar su propio perro. Se puso en campaña. En ese entonces, el programa de adopción de mascotas tenía una limitación de ser solo para menores de 60 años. Esa fue una de las cosas que cuenta Torroba decidieron modificar para lanzar el programa Compañeros +60. Inés llegó justo cuando se estaba realizando la prueba piloto del programa, en junio último. (Se lanzó oficialmente en septiembre). Y fue allí que Ofelia llegó a su casa, en Chacarita.

Miguel y Mirta se reparten las tareas de cuidado de Terri. El lo baña y saca a pasear y ella se ocupa de la alimentación y de las vacunas
Miguel y Mirta se reparten las tareas de cuidado de Terri. El lo baña y saca a pasear y ella se ocupa de la alimentación y de las vacunas

“Hice todo el proceso de inscripción y selección por la web. Busqué que fuera un perrito parecido a Zorro, y así llegó Ofelia, que me llenó de alegría”, cuenta. Al principio, le costó subir las escaleras y miraba todo con desconfianza, algo que le hizo pensar a Inés que no había recibido buenos tratos antes de llegar al refugio. Pero cuando entró en confianza, se hizo ama y señora de la casa. Ahora cuando salen a pasear todos los vecinos las saludan. Van a la plaza y hacen amigos. “Esa es una de las cosas que más me encantan de esta etapa. Tener un animal en casa me obliga a salir a caminar todas las mañanas y todas las tardes. Además, la gente es muy amigable cuando tenes una mascota, te saluda, te conversa. Es como que cuesta menos romper el hielo y empezar a charlar. Te vas haciendo conocidos en toda la cuadra, en la plaza, dejas de ser una vecina anónima. Siempre me pareció increíble cómo, cuando mis hijos eran chiquitos, los llevaba a la plaza y me volvía más sociable que antes. Bueno, ahora con Ofelia me pasa lo mismo. Y me encanta”, cuenta Inés.

No solo eso. Ahora los días no son todos iguales. “Cuando vivís solo te hace muy bien pensar en otro. Tener que ocuparte de alguien más. No te enfocás tanto en vos mismo. Siempre tuve mascotas, pero cuando los chicos eran chicos era distinto. Los perros dormían afuera, eran como parte de la casa. Ahora son miembros de la familia, establecen un vínculo afectivo muy nutritivo. Saber que cuando llego a casa hay alguien que me está esperando y me hace fiesta, no tiene precio”, asegura Inés.

Cómo anotarse

Los interesados en adoptar dentro del programa Compañeros +60 podrán postularse para que más animales encuentren su hogar. Deben escribir a bienestarIntegral@buenosaires.gob.ar

“Para asegurar una convivencia feliz, la elección debe estar orientada al estilo de vida de la persona y al tiempo real que le podrá dedicar. Por ello, personal de la secretaría realiza una evaluación caso por caso antes de proceder a la adopción”, se explica.