Llama Vanessa Nakate a cambiar la forma de tratar al planeta

* La activista ugandesa afirma que movimiento climático no ha sido silenciado

Kampala, 28 Abr (Notimex).- Es importante cambiar la forma en que tratamos el planeta en que vivimos, afirma Vanessa Nakate, fundadora del movimiento Rise Up y primera activista climática de Fridays For Future (FFF) en Uganda.

Ahora, ante la crisis sanitaria impulsada por la COVID-19, Vanessa y sus compañeros activistas por la justicia climática han tenido que cambiar la forma en que luchan por el cambio y la acción climática en esta nueva normalidad social.

El trabajo de Vanessa es crear conciencia sobre el peligro del cambio climático, que afecta desproporcionadamente a las naciones africanas, y ahora ha tenido que adaptar el activismo climático a las circunstancias impuestas por la contingencia, en busca de mantener el progreso ambiental alcanzado hasta ahora.

Durante una entrevista en el Foro Internacional de Mujeres (IFW), organismo que agrupa a más de 7 mil mujeres diversas y exitosas de 33 naciones en seis continentes, Vanessa habla sobre el origen del activismo climático en Uganda, en enero de 2019, con el movimiento Fridays For Future (Viernes para el Futuro), que ha crecido durante un año con activistas de diferentes partes del país.

“Llevamos a cabo huelgas climáticas todos los viernes yendo a las calles, frente a grandes centros comerciales, estaciones de servicio u oficinas gubernamentales, así como a las escuelas, aunque la mayoría de los estudiantes no pueden salir por temor a ser suspendidos o expulsados”, recuerda.

Entonces, “vamos a las escuelas, especialmente a las primarias, y pedimos a los directores hablar con los estudiantes para informarles sobre el cambio climático y realizar huelgas dentro de los planteles. El movimiento está creciendo e impactando”.

Nakate explica que la mayoría de las naciones africanas depende en gran medida de la agricultura como forma de supervivencia, especialmente en las comunidades rurales, donde las personas sobreviven y dependen de sus recursos naturales.

El cambio climático amenaza la disponibilidad de alimentos y agua limpia, porque las sequías intensas secan las fuentes de agua y tienen que caminar largas distancias para encontrar agua limpia.

“Para la mayoría de los países africanos, el agua es muy valiosa, y la distribución desigual de la lluvia amenaza al sector agrícola, y muchos quedan con cultivos destruidos por periodos secos o lluvias torrenciales. La mayoría de las naciones africanas se dirigen a un punto de escasez masiva de alimentos y estrés hídrico”, menciona.

Después de su experiencia en el Foro Económico Mundial, en Davos, Suiza, donde fue borrada de una fotografía mediática, Nakate confía en que los medios de comunicación hayan aprendido la importancia de incluir a todas las voces que luchan por la justicia climática.

“No podemos tener justicia climática sin justicia ambiental. Y la justicia ambiental comienza con la amplificación de las voces de las comunidades más afectadas. Cada voz importa; cada voz cuenta; cada historia necesita ser escuchada. Toda solución es necesaria en la lucha contra el cambio climático”.

Perteneciente a una generación que está realizando activismo, la joven ugandesa estima que el poderío del activismo juvenil es que los jóvenes están seguros de lo que quieren, porque están preocupados por su futuro.

“El cambio climático es una cuestión de vida o muerte para los jóvenes, y queremos la vida; queremos disfrutar de nuestra infancia, de nuestra adultez y de nuestra vejez. Los jóvenes se centran en lo que quieren. Están determinados y no se pueden detener ni silenciar”, asegura.

Pero llegó la COVID-19 y generó una pandemia que vino a cambiar muchas cosas en todo el mundo.

Vanessa Nakate dice que, como han pregonado siempre en su activismo climático, “escuchamos a la ciencia y nos quedamos en casa para evitar la propagación del virus, seguros de que salvamos a muchos cuando escuchamos los hechos”.

Así, durante esta pandemia, el activismo climático se ha llevado al interior mediante huelgas climáticas digitales todos los viernes. “Literalmente tomamos fotos con nuestros carteles y las publicamos en las redes sociales; celebramos video-reuniones con alrededor de 100 participantes y se organizan webinarios y podcasts”.

"Estamos intentando todo lo posible para mantener la conversación en movimiento, incluso cuando parece que nadie está escuchando, porque el movimiento climático no ha sido silenciado", añade.

Confía en que una vez superada la contingencia sanitaria “no volvamos a vivir como solíamos hacerlo. El mundo no puede volver a lo que era; necesitamos construir sistemas más inclusivos; abordar el tema del cambio climático y los líderes deben tomar medidas ambientales”.

"Necesitamos invertir en energías renovables, construir sistemas que aseguren las necesidades básicas de todos, como alimentos, educación, sistemas de salud y vivienda, entre otros. Es el momento de valorar las vidas humanas como nunca antes, y para eso es necesario un cambio completo", concluye.

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NTX/MADA/AEG