LITORAL: Tinta fresca

El samurái de la graflex, de Daniel Salinas Basave

La Revolución Mexicana fue una tormenta de historias, experiencias, anécdotas y vivencias. Un torbellino de almas que dispersó por todo el territorio nacional personas con sus recuerdos, memorias; sentimientos como la alegría, el miedo, el dolor, la derrota, el éxito, la satisfacción se cultivaron de punta a punta y de un extremo a otro del territorio nacional. En este ciclón de vidas se pueden descubrir personajes que no ocupan un lugar en la historia nacional, pero que sus pequeñas acciones de alguna manera la determinaron.

      Una de esas vidas es la de Kingo Nonaka, japonés que a los 17 años de edad llegó a México y, por azares del destino, participó en la Revolución Mexicana, en la que cumplió tareas fundamentales desde la trinchera del anonimato, además de que fue pieza clave en la historia de Tijuana de la primera mitad del siglo XX. Todo ello fue lo que atrajo la atención del periodista de investigación regiomontano Daniel Salinas Basave, quien escribió su historia en el libro El samurái de la graflex, publicado en 2019 por el Fondo de Cultura Económica (FCE).

      Nacido en 1974 y residente de Tijuana desde 1999, Salinas Basave es colaborador de diversas publicaciones, como Gatopardo, Esquire o Replicante; uno de los fundadores del Diario Frontera, además que ha obtenido la beca de la Sociedad Interamericana de Prensa en el seminario Periodismo de Alto Riesgo en Campo de Mayo, Argentina. Ha publicado reportajes y biografías de personajes históricos.

      En plática con Litoral, explica que su interés como personaje de investigación por Kingo Nonaka nació a partir de la fotografía, del conocimiento de que el fotógrafo clásico de la Tijuana de los años 20 del siglo XX no era otro que él, un japonés que, para entonces por razones desconocidas, había llegado a la frontera norte del país. Sabía que la imagen icónica de esa ciudad, una vista panorámica tomada en 1924, era de él, que además había participado en la Revolución Mexicana, y entonces empezó la investigación.

      Para ello tuvo la fortuna de conocer al único de sus cinco hijos que aún vive, Genaro Nonaka García, quien este año va cumplir 90 años de edad y desde el primer momento le confió en que casi nadie conocía quién había sido su padre y todas las anécdotas que había vivido, como por ejemplo que fue el que sacó el cadáver del general Francisco Fierro de la laguna de Casas Grandes, o que había atendido personalmente a Francisco I. Madero después de que fue herido en la batalla de la misma ciudad de Chihuahua.

      De esa manera es conocido posteriormente por Pancho Villa, quien lo invitó a sumarse a la División del Norte, cuerpo del que lo nombró jefe de enfermeros, añade al referir que de ese modo se dio cuenta que se trataba de una historia fascinante, como una novela que se había vivido, pero no escrito. Es por eso que el tono de este libro tiene ese estilo: el de una crónica-novela-investigación histórica o una crónica narrativa, como él mismo define a su publicación.

      Al mismo tiempo, continúa, se dio cuenta que tantas historias como esta no han salido a la luz en el país, no se han publicado libros, al mismo tiempo que también existen tan pocas fuentes para abordarlas de una manera profunda. En el caso de este personaje existen sus memorias, Andanzas revolucionarias, una publicación pequeña, y por supuesto la memoria de Genaro Nonaka.

      Durante la charla confiesa que el reto con el libro que escribió fue la manera en que lo narraría para acercar al lector a la historia de un personaje que, por torceduras del destino, siendo extranjero, de un país tan distante y tan diferente como es Japón, vivió todas esas aventuras y fue parte importante del movimiento revolucionario en México. Así, eligió narrarla en presente y que tuviera las características de una crónica narrativa.

      Kingo Nonaka nació en Fukuoka, Japón, como parte de una familia de agricultores, donde además se dedica a bucear para recolectar ostras en el fondo del mar, en el Pacífico. En 1888 se firma el Tratado de Amistad, Comercio y Cooperación México-Japón y en ese marco el entonces joven de 17 años llega a nuestro país en 1906, a una hacienda cañera en Oaxaca; lo acompaña uno de sus tíos, quien desafortunadamente tres semanas después de pisar tierra muere de paludismo.

      Entonces, sin un centavo ni hablar una palabra de español junto con otros japoneses decide emigrar al norte del país, por lo que sin un peso llega a Ciudad Juárez, donde es rescatado por una mujer llamada Bibiana Cardón, enfermera en el hospital de la ciudad y le consigue trabajo como barrendero, donde de ver y convivir aprende enfermería y ser nombrado oficialmente en ese puesto, pues además es muy disciplinado y de buena mano para curar.

      La Revolución levanta muchas vidas y las distribuye por todas partes y de esta manera Nonaka se ve envuelto en ella y aparecer en la mencionada batalla de Casas Grandes, en marzo de 1911, donde como buzo experimentado, condición física y sus dotes para aguantar la respiración por mucho tiempo debajo del agua es designado para rescatar el cuerpo del general Fierro del fondo de la laguna, a donde fue a parar por un descuido infantil.

      Al desintegrarse la División del Norte, decide regresar a Ciudad Juárez para reclamar su puesto en el hospital. Entonces ya está casado con la zacatecana Petra García y tiene al primero de sus cinco hijos. Pero las condiciones ahí no son las mejores y decide probar fortuna en Baja California, donde trabaja como agricultor, barbero y gambusino, y en Tijuana se da cuenta que no hay quien tome fotografías de las fiestas, de los eventos cívicos, etcétera, y compra una cámara en San Diego, California, cruzando la frontera, y monta un estudio donde además de tomar las imágenes de las personas, de sus fiestas, lo hace también de la ciudad, de sus calles, zona urbana y alrededores.

      Se convierte sin saberlo en un cronista a través de la imagen de ese tiempo, de cuando los estadounidenses cruzaban la frontera con México, donde no existía la prohibición de fabricar, transportar y vender bebidas alcohólicas. Terminaría por convertirse en El samurái de la gráflex, que es la cámara fotográfica con la que trabajó, anota al mencionar que ese es el espíritu que permea su libro.

NTX/RML/LIT19