LITORAL: Augusto Roa Bastos

En la épica latinoamericana

América Latina ha construido desde sus inicios y a través de obras que han alcanzado dimensiones literarias la épica de su historia, desde los cronistas de indias que registraron la conquista de las poblaciones originarias y la ocupación de territorios del Nuevo Mundo; las luchas y los procesos de independencia; las luchas entre fracciones internas por imponer formas de gobierno y de dominio, y, ya en el siglo XX, procesos como la Revolución Mexicana o la instauración de regímenes autoritarios. En el último caso se inscribe la obra del escritor paraguayo Augusto Roa Bastos.

      El autor nacido en Asunción el 13 de junio de 1917 y muerto en la misma ciudad hace 15 años, el 26 de abril de 2005, es reconocido sobre todo por dos de sus novelas: Yo el supremo (1974) e Hijo de hombre (1960), así como por diversos tomos que reúnen múltiples narraciones cortas que giran en general sobre un tema que le atrajo sobre otros: el poder y sus consecuencias. Un hecho que caracteriza a su escritura y publicación literarias es que toda la hizo en el exilio, en el que pasó 40 años de su vida.

      Augusto Roa Bastos desarrolló su escritura durante los años en que prevaleció el llamado Boom Latinoamericano, en el que brillaron autores como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Alejo Carpentier y Juan Carlos Onetti, aunque no todos los expertos lo inscriben dentro de esa corriente, porque su escritora es más sobria en las formas y en la imaginería que la de sus contemporáneos.

      Incluso, en la segunda obra citada se pueden encontrar elementos que lo acercan a la literatura indigenista, esa otra gran corriente de la literatura latinoamericana en la que se inscriben obras de autores como Ciro Alegría, Jorge Icaza, José María Aguedas y Rosario Castellanos.

      La combinación de ambas facetas puede ayudar a entender la literatura del escritor paraguayo. En primer lugar, en su escritura hay una muy amplia variedad de voces, que van desde el dictador de Yo el supremo hasta la variedad de personajes que pueblan esa novela y son más visibles en Hijo de hombre. Ambas características se pueden encontrar también en muchos de los cuentos que publicó. Además, sobre todo en la primera, se vale de múltiples recursos literarios, con sus respectivas formas de expresarse, para contar la historia: diferentes escenarios, como el palacio del dictador o espacios públicos y hasta panfletos que aparecen en contra del personaje central.

      Este segundo escenario, la calle, las plazas públicas, la intimidad de las casas, los chismes en las iglesias, es donde el escritor desarrolla voces que se acercan con las que pueblan Hijo de hombre y muchos de sus cuentos. El habla popular, con modismos y expresiones que en mucho deben a la castellanización de los indígenas de Paraguay o la indigenización del castellano. Es por estas características que Roa Bastos se acerca a la literatura indigenista, como también lo hizo el Premio Nobel de Literatura 1967, el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, con El señor presidente, por ejemplo.

      Con su obra más reconocida, Yo el supremo, el escritor que vivió el exilio en Argentina y Francia se suma a las obras que sobre el abuso del poder, la aparición de dictadores y regímenes castrenses han escrito varios autores del continente, como la ya citada novela de Asturias; Amalia, de José Mármol; El recurso del método, de Carpentier; Tirano Banderas, de Ramón del Valle Inclán; La sombra del caudillo, de Martín Luis Guzmán; La fiesta del chivo, de Vargas Llosa; El otoño del patriarca, de García Márquez, y La novela de Perón, de Tomás Eloy Martínez.

      Cabe resaltar una cualidad de la obra de Roa Bastos: el personaje central, el Supremo, el tirano, es la representación del dictador paraguayo José Gaspar Rodríguez de Francia, y su lenguaje es anquilosado, desfasado, desarticulado, ilógico y hasta con momentos que rayan en la locura de quien se encuentra en los últimos años de su vida, tiene el poder absoluto y ya no sabe qué más hacer con él. Así, fuera de todo sentido común, por ejemplo, afirma que sus presos políticos han sido capaces de adiestrar a las ratas para llevar desde las mazmorras en que se encuentran mensajes al exterior en contra del mandatario, o que es a través de la memoria como envían dicterios en su contra.

      De esta forma, Roa Bastos deja en claro una cosa en su literatura que prefirió al poder como eje central: las dictaduras, los regímenes absolutos son una obsolescencia que llevan a la locura al sojuzgador y a sus sojuzgados, en una forma de exorcismo de un modo de gobierno que tanto daño ha hecho a los países sudamericanos.

Para conocerlo

Aunque nació en Asunción, quien es considerado el escritor paraguayo más importante del siglo XX pasó su infancia en Iturbide, un poblado guaraní del interior del país. A los 15 años, contra el deseo familiar, se alistó en el ejército para participar en la Guerra del Chaco, entre Paraguay y Bolivia, la cual nutrió de historias su literatura. Esta experiencia y sus años de infancia en Iturbide le dieron las herramientas para escribir Hijo de hombre, que se ganó la opinión de la crítica literaria de su país y la aceptación popular.

      Posteriormente se trasladó a la capital del país, donde trabaja como periodista e inicia su carrera literaria dentro de la poesía, renovándola en compañía de Josefina Pla, Hérib Campos y otros. En la década de 1940 viajó a Londres, donde fue corresponsal del periódico paraguayo El país, del que fue director.

      Trabajó como locutor en la BBC de Londres y regresó a su país, pero casi enseguida tuvo que salir exiliado tras la imposición del régimen dictatorial paraguayo, viviendo más de cuatro décadas en suelo extranjero, las primeras tres en Argentina y la última en París, Francia. En esos países se desempeñó como profesor, guionista, periodista y conferencista. En 1989, tras la caída del dictador Alfredo Stroessner, a quien combatió con sus palabras y letras desde el exilio, regresó a su país, mismo año en el que recibió el Premio Cervantes, coincidencia que no dejó de celebrar en su discurso de aceptación del galardón.

      En sus últimos años de vida, a Roa Bastos se le agravaron los problemas cardiovasculares que ya padecía, por lo que en 1998 le fue colocado un bypass, que le permitió vivir con cierta tranquilidad hasta que en 2005 sufrió una caída que le provocó un traumatismo craneal. Fue internado para su atención, pero unos días después, el 26 de abril de ese año, murió de un paro cardiaco.

      Por su vasta obra, que incluye seis novelas, una decena de libros de cuentos, dos poemarios, media docena de obras de teatro y casi 20 trabajos para cine, entre los reconocimientos que recibió cabe mencionar el Premio del British Council 1948, la Orden Francesa de las Artes y las Letras (1985), el Miguel de Cervantes 1989, el Nacional de Literatura de Paraguay 1995, Caballero de la Legión de Honor 1997, Comendador de la Orden del Libertador San Martín 2003, Insignia Orden José Martí 2003 y Medalla Paraguaya Honor Presidencial Centenario Pablo Neruda 2004.

NTX/RML/LIT19