LITORAL: Atrapasueños

Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll

Una versión muy propia es la que ofrece el Fondo de Cultura Económica (FCE) de la obra clásica Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll: la traducción directa de la obra fue del escritor mexicano Ignacio Padilla (1968-2016), con la ayuda de Ix-Nic Iruegas, y las ilustraciones corren a cargo de la artista francesa Rebecca Dautremer (1971).

      Se trata de una edición muy bien cuidada, con ilustraciones que sobresalen porque se salen de lo tradicional. A la figura clásica del personaje central como una niña rubia, de cabello largo, la ilustradora la contrapone con una figura de pelo corto y oscuro, como oscuras en general son las ilustraciones que pueblan y acompañan a la narración del escritor británico nacido en 1832 y muerto en 1898.

      La historia de esta obra tradicionalmente infantil es conocida prácticamente en todo el libro: una niña que vive aparentemente una vida tranquila, en realidad se la pasa aburrida hasta que ve pasar frente a ella a un conejo que, con chaleco y reloj de bolsillo, corre desesperado hasta un hoyo en el campo donde se mete. La curiosa Alicia lo sigue hasta el oscuro hueco, donde empieza un sinfín de aventuras, para las que primero había que encoger su cuerpo bebiendo el misterioso líquido de una botellita, pero que para tener la estatura correcta después deberá de comer un pastelillo.

      Las aventuras le llevarán a conocer al sombrerero loco y su mesa de té, o a la reina de corazones y su afán por cortar cuellos. Pero lo sobresaliente de esta coedición del FCE con el entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, segunda edición de 2015, es la calidad del volumen de 193 páginas, por el papel ocupado, el tamaño del volumen, mediano, es decir ni tan grande ni tan pequeño, pensado seguramente para ser aprehendido en las manos del público al que va dirigido: niños mayores y jóvenes. Como su fuera una revista, de anime.

      Asimismo, las ilustraciones destacan por ser de corte fantástico, fomentando la imaginación del lector, con muy buenas líneas, y que en ciertos casos aparecen como bocetos en algunas páginas de fondo blanco, mostrando que se trata de un trabajo artístico por sí mismo. En general, los detalles hacen que este trabajo de Rebecca Dautremer sea un complemento excelente, a la altura de este clásico de todos los tiempos.

      En general, pues, se trata de un gran trabajo editorial de 193 páginas que vale la pena buscar para que forme parte de la biblioteca básica de todo asiduo lector juvenil, de cualquier familia.

NTX/RML/LIT19