LITORAL

IN MEMÓRIAM

LA INVENCIÓN DE ADOLFO BIOY CASARES

Renovador de la literatura de ciencia ficción en su país, en la que más que textos de un futuro dominado por la tecnología, coloca a ésta en la realidad actual, de manera que todo parece un sueño, una no realidad que lleva al lector a dudar de lo que sucede, a pensar que es un sueño o una broma muy bien elaborada por máquinas, el escritor Adolfo Bioy Casares es recordado sobre todo por su novela La Invención de Morel, aunque por el grueso de su obra ya se ha ganado un lugar en la historia de la literatura universal.

El autor nació hace 105 años, el 15 de septiembre de 1914 en Buenos Aires y falleció el 8 de marzo de 1999 en la misma ciudad, 13 años después de su gran amigo y cómplice literario Jorge Luis Borges. De acuerdo con especialistas -y con él mismo-, aunque no fuera su intención en su literatura existen ciertos temas a los que recurre cotidianamente y tienen relación con la metafísica, si bien no con pompa, sino más bien de una manera amable, amigable, cercana al lector. Se trata del amor irrealizable, el amor a la vida, los sueños y la inestabilidad de la realidad por la incertidumbre que la rodea y que genera hipótesis y a la misma fantasía.

A partir de lo anterior Bioy Casares elabora novelas que atrapan al lector, las desenvuelven en un halo de novela policiaca, juega con la ironía y la ternura de los personajes, así como con el tono y las palabras de una conversación, lo que hace prácticamente irrenunciable su lectura.

El autor gusta de encontrar la “grieta en la imperturbable realidad que a todos nos atrae”, como escribe en su cuento Ad Porcos (1967), y como ejemplo, está su obra más conocida, La Invención de Morel (1940), en la que narra la historia de un hombre que llega náufrago a una isla en la que se enamora de una mujer, pero se da cuenta de que ese amor es irrealizable, pues ella es un holograma proyectado por una máquina que se encuentra en la isla. Para desafiar lo imposible y conseguir el amor, hace que su imagen, voz, todo, sea capturado por la máquina y haya la posibilidad, solamente la posibilidad, de que sea proyectado junto a ella, aunque el precio a pagar sea su desaparición.

En esta obra se puede ver también con claridad la mezcla de dos de sus temas favoritos, el amor, o desamor, y la fantasía, de lo que también es ejemplo su cuento Dormir al Sol (1973), en el que el personaje masculino, Lucio Bordenave, está perdidamente rendido ante la belleza de su esposa, Diana, pero no soporta su carácter. Un médico le recomienda un tratamiento extremo: depositar su alma en un perro donde se serene y luego devolvérsela. Pero el can se extravía y entonces se le pone el alma de otra mujer, que es muy tranquila. Sin embargo, Lucio entra en tristeza, se da cuenta que extraña a la Diana anterior, a pesar de que conserva la belleza que guarda un alma nueva.

Lo inesperado, lo fantasioso, salta a la vista del lector en cualquier rincón de la lectura. En Memoria de Paulina (1948), el personaje femenino es el amor ideal del personaje central masculino, pero le gana su amor Montero. El personaje central se va dos años a Europa y a su regreso encuentra a Paulina, pero después se entera que Montero la había asesinado hace tiempo y la mujer que lo visita es el fantasma creado por los celos de Montero. Un caso es parecido es Los Milagros no se Recuperan (1967), donde la mujer amada del personaje masculino, ya fallecida, lo visita y descubre que no puede ser otra más que ella porque lo saluda de la manera en que solamente los dos conocían. Un ejemplo más: en Las Vísperas de Fausto (1949), el personaje goethiano se propone engañar al diablo en el último momento antes de sellar su pacto corriendo una vez tras otra el día de su nacimiento.

La fantasía aparece transversal en su obra, acompañando a los demás temas predilectos del autor, y es así por ser sin duda su género favorito, como lo comprueba su libro Antología de la Literatura Fantástica, que publica en 1940 acompañado de su más cercano amigo, el también escritor argentino Jorge Luis Borges, y Silvina Ocampo, con quien se casa ese mismo año. En el volumen, Bioy Casares se muestra como un conocedor del tema y participa en la selección, traducción y compilación de los textos incluidos, además de que escribe el prólogo, en el que hace un recorrido histórico por el género y clasifica diferentes estilos fantásticos. Para muchos expertos, ese libro despertó el interés y/o renovó la literatura argentina, acercándola a lo fantasioso, lo inesperado, en desenlace y estructura.

Al mismo tiempo muestra otra faceta desarrollada por Bioy Casares, el de la colaboración, principalmente con los autores mencionados. En 1942 publica junto con Borges Seis problemas para don Isidro Parodi; en 1946 Dos Fantasías memorables y Un Modelo para la Muerte; en 1955 Cuentos Breves Extraordinarios; en 1960 Libros del Cielo y del Infierno; en 1967 Crónicas de Bustos Domecq y en 1977 Nuevos Cuentos con Bustos Domecq. Con Silvina Ocampo saca a la luz en 1946 Los que aman, odian.

Su reconocimiento como escritor fue universal, sus obras se han traducido y publicado a lenguas en todos los rincones del mundo, recibiendo diversos galardones, entre los que sobresalen el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes de 1990, Miembro de la Legión de Honor de Francia 1981 y el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores en 1975, mientras que en 1986, año en que muriera su amigo Borges, fue nombrado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires.

NTX/RML/LIT19