LITORAL

ESCRIBIR SE PUEDE CONVERTIR EN UNA AVENTURA A LO DESCONOCIDO

Convencida de que ella no elige las historias, sino que éstas la escogen, la escritora española de bestsellers Paloma Sánchez-Garnica publica ahora la novela de 652 páginas La Sospecha de Sofía, obra que conjuga una historia personal, familiar, con intriga, hechos históricos y políticos y una incógnita por resolver. Todo es ficción, aclara en plática con Litoral la también autora de títulos de grandes ventas como El arca de las piedras, Las tres heridas, La sonata del silencio o Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido.

Su nueva entrega se ubica en 1968 y narra la historia de Sofía y Daniel, quienes forman un matrimonio que vive en medio de la costumbre y con dos hijas. Un día, Daniel, quien trabaja en el reconocido despacho de abogados de su papá, recibe un sobre anónimo que le avisa que a quienes llama padres no lo son en realidad y le invita viajar esa misma noche a París para descubrir la verdad. Con la oposición no muy enfática de su padre, Daniel se marcha a la capital francesa para desenredar el mensaje recibido y que ha trastocado su apacible vida.

Pero esta búsqueda de respuestas desencadenará una serie de sucesos inesperados, de encuentros con personas que desarrollarán una telaraña de hechos y descubrimientos personales que cambiarán para siempre la vida del personaje, así como la de su esposa. Los escenarios de esta intriga son Madrid, donde vive la pareja y sus hijas, París y su mayo de 1968, y Berlín, con el muro que dividió a la ciudad en dos y los servicios de espionaje KGB y Stasi. También se verán involucrados los servicios secretos de la España tardo-franquista.

Desde España, Sánchez-Garnica establece que cuando escribe no tiene un guion o un esquema qué seguir, lo hace de una forma muy espontánea, sin estructura o una idea de lo que va a pasar. Puede haber un chispazo previo, pero cada capítulo nace para ella con la incertidumbre de qué ocurrirá. Es como si estuviera leyendo una novela, pero eso sí, es una autora muy disciplinada, muy constante, que tiene por costumbre escuchar lo que los personajes le dicen, lo que quieren contar. Sin embargo, al final todo sale bien, anota al aceptar “soy un poco caótica” a la hora de empezar una historia, por eso escribir le es tan fascinante, porque cada segundo, página, capítulo, sale de todo lo que pudo haber elaborado.

Así, para tejer historia, personajes, circunstancias, tiempo, espacio y caracteres, reúne todo lo que ha observado, vivido, compartido con otras personas previamente, y ese conjunto de cosas es lo que define las características de sus personajes, escenas. Hay cosas incluso de ella misma, entre ellas de sus carencias, de lo que aborrece o le gustaría tener. “Los personajes son perfectos desconocidos para mí, que se me van presentando a partir que se va desarrollando la historia”, redondea su idea, a la que agrega que también tienen un poco de su vida diaria, de lo que platica con su marido, de sus sueños, de la gente con la que habla o de la que se encuentra, por ejemplo, cuando va al supermercado.

Son caracteres que están latentes, van creciendo en su interior de tal manera que cuando empieza a escribir es cuando empiezan la “problemática” para ella, de acomodar toda esa información. Para resolver este dilema, realiza un diálogo de tú a tú con los personajes, se les enfrenta porque, por ejemplo, “yo quiero un nombre y ellos quieren otro”.

Relata que desde que inició su trayectoria de escritora aprendió a escuchar esa voz, a dejarse llevar por esa intuición que da “libertad” a los personajes, a la historia, y no aplicar conceptos preconcebidos, ideas previas.

Sobre los hechos que cuenta su novela, el momento en que los ubica, deja en claro que todo es ficción, pero todo lo relacionado con la recreación del tiempo y el espacio en el que se desarrolla la historia de la novela (España, Francia y Alemania), formas de vestir, expresarse, etcétera, es producto de las lecturas que hizo para el caso, de informarse a través de literatura, sobre todo, de lo que se escribía y cómo se escribía entonces.

Se acercó a autores que vivieron esa época, a quienes cuentan historias de gente normal de esos años, de su vida diaria, lo mismo que se dedicó a ver películas con estos mismos perfiles. Por supuesto, también le ha servido su propia experiencia, como el hecho de haber vivido la época tardo-franquista, presenciar la transición a la democracia, con la Constitución de 1978, el establecimiento de una monarquía parlamentaria o la entrada a los años 80, cuando se consolidó el nuevo sistema político español.

Además, por una casualidad de su trabajo, fue testigo de la caída del muro de Berlín, que dividía a la ciudad entre la Alemania socialista y la occidental y que apartó del mundo al bloque socialista o soviético. En esos días de 1989, bajó del auto y se dirigió al lugar de los hechos, por donde los berlineses del este se agolpaban para pasar al lado occidental, y cuando ella decidió atravesar en sentido contrario, visitar la ex República Democrática de Alemania, donde vio un espacio detenido en el tiempo, triste, que deseaba cruzar los bloques de hormigón.

Tuvo entonces y posteriormente la oportunidad de conocer gente que había vivido en la época en que se ambienta su novela en Berlín Oriental, que había experimentado esa sociedad, sus angustias, a la Stasi, el órgano de espionaje de los ciudadanos que habría de terminar su existencia en ese mismo 1989. Por supuesto también hubo investigación de su parte para completar el cuadro que se describe en la novela, finaliza.

NTX/RML/LIT19