Litigio petrolero tensa las relaciones entre el Kurdistán iraquí y Bagdad

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El petróleo y los ingresos que genera son nuevamente fuente de tensión entre el Kurdistán iraquí y el gobierno central de Bagdad, y los diferendos amenazan con enfriar el interés de los inversionistas extranjeros, tan cortejados por Irak.

Desde el inicio del año, las tormentosas relaciones entre Bagdad y Erbil, capital de la región norteña que cuenta con amplia autonomía, se desarrolla en los juzgados.

Erbil acusa a Bagdad de querer apropiarse de sus riquezas petroleras. Bagdad, a su vez, exige asumir la gestión de los hidrocarburos extraídos de Kurdistán.

Irak, segundo país de la OPEP, exporta en promedio 3,3 millones de barriles de crudo por día.

En Kurdistán, la producción supera los 450.000 barriles por día.

Pero es imposible entender ese pulso sin recordar el estancamiento político que paralizó a Irak tras las elecciones legislativas de octubre de 2021.

En esa ocasión, los barones de la política iraquí en Bagdad y Erbil no fueron capaces de ponerse de acuerdo sobre un nuevo primer ministro y presidente.

Para Bilal Wahab, investigador del Washington Institute, el petróleo es utilizado "como la zanahoria o el garrote".

"Depende del clima político del día", resumió.

"Cuando hay acuerdo político, los tribunales permanecen en silencio. Pero lo contrario ocurre cuando hay discordia", explicó.

En febrero, una sentencia de la Corte Suprema Federal ordenó a Kurdistán entregar al gobierno central el petróleo producido en su territorio, dando a Bagdad el derecho de revisar o cancelar los contratos petroleros.

Desde entonces, el gobierno iraquí lucha por hacer cumplir esa sentencia.

- "Reputación" -

Un tribunal de Bagdad que se hizo cargo del Ministerio del Petróleo, invalidó cuatro contratos firmados entre Kurdistán y empresas de Canadá, Estados Unidos, Reino Unido y Noruega.

Otras tres empresas extranjeras están en la mira de la misma corte, que debe pronunciarse sobre la validez de sus contratos, indicó en condición de anonimato un alto responsable del sector petrolero de Bagdad consultado por AFP.

"Cuando Bagdad intenta echar a las empresas petroleras de Kurdistán, daña la imagen de Irak como gran productor que acoge a la inversión extranjera", opinó Yesar Al Maleki, analista del Middle East Economic Survey.

Para preservar la autonomía de sus hidrocarburos, Kurdistán dice querer negociar.

Propuso a las autoridades federales la creación de dos empresas encargadas de la exploración y comercialización, las cuales trabajarían en alianza con Bagdad, según un portavoz del gobierno regional de Erbil.

Sin embargo, a inicios de junio emprendió dos acciones legales en los tribunales, uno contra el ministro iraquí del Petróleo, Ihsan Ismail, al que acusó de querer "intimidar" a las empresas extranjeras que operan en Kurdistán, según un comunicado.

Para Wahab, las dos partes no se dan cuenta de cuánto su disputa "daña la reputación mundial de la industria energética de Irak".

"Al venir a Irak, todo el mundo acepta un riesgo de seguridad. Pero al cuestionar la inviolabilidad de los contratos (...) se agrega un riesgo jurídico", advirtió.

Una pequeña victoria esgrimida por Bagdad: los gigantes Schlumberger, Baker Hughes y Halliburton se comprometieron a no participar en nuevos proyectos en Kurdistán. Dicen que trabajan para "liquidar y cerrar" sus licitaciones y contratos actuales.

- "Compromiso" -

Las relaciones entre Bagdad y Kurdistán, una región autónoma desde 1991, enfrentan una crisis.

En teoría, Erbil debe enviar a Bagdad una parte de su producción petrolera para su comercialización. A cambio, el gobierno federal debe pagar los salarios de los funcionarios kurdos y otros gastos públicos de la región.

Pero Erbil nunca envió su petróleo y reclama de atrasos en el pago de las compensaciones.

Y en las últimas semanas, disparos de cohetes no reivindicados han apuntado a las instalaciones de petróleo y gas del Kurdistán. Según expertos, se trata de un medio de presionar al Partido Democrático del Kurdistán (PDK), en el poder en Erbil.

Aliado al influyente líder chiita Moqtada Sadr, el PDK reclama insistentemente la presidencia de Irak, que tradicionalmente pertenece al otro gran partido kurdo, el UPK.

"La cronología muestra que esta crisis comenzó cuando el PDK se puso del lado del movimiento de Sadre y se opuso al Marco de Coordinación apoyado por Irán", señaló Maleki, en referencia a esa coalición de partidos chiitas.

Pero "Irak es un país de compromiso", matizó el analista.

Para aliviar a Erbil, la mejor solución sería "un acuerdo político" que garantice la adopción, de parte de Bagdad, de una ley "acomodaticia" que regule la gestión de los hidrocarburos.

"Mientras tanto, la sentencia de la Corte Suprema será como una espada de Damocles para Kurdistán", acotó.

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