'Todos están en la lista': El temor se apodera de Nicaragua mientras vira hacia una dictadura

·6  min de lectura
Un cartel del presidente nicaragüense, Daniel Ortega, en Matagalpa, Nicaragua, el 2 de julio de 2021. (Inti Ocon/The New York Times)
Un cartel del presidente nicaragüense, Daniel Ortega, en Matagalpa, Nicaragua, el 2 de julio de 2021. (Inti Ocon/The New York Times)

MANAGUA — Las noches fueron las más difíciles.

Desde el momento en que Medardo Mairena decidió postularse a la presidencia, un desafío directo al líder autoritario de Nicaragua, él tenía la certeza de que el aparato de seguridad en algún momento lo alcanzaría.

A lo largo del verano, Mairena observó cómo desaparecían otros líderes de la oposición. Uno por uno, fueron sacados a rastras de sus casas en medio de una represión nacional orquestada por el presidente Daniel Ortega en contra de la disidencia. La cruzada de este último por asegurarse un cuarto periodo había sumergido en un estado de temor generalizado a la nación centroamericana.

Desde junio, la policía ha encarcelado o puesto en arresto domiciliario a siete candidatos a las elecciones presidenciales de noviembre, así como a decenas de activistas políticos y líderes de la sociedad civil, lo cual ha dejado a Ortega desprovisto de un contendiente creíble en la boleta y ha convertido a Nicaragua en un Estado policiaco.

A Mairena mismo se le prohibió salir de Managua. Las patrullas de la policía apostadas afuera de su casa habían ahuyentado a casi todas las visitas, incluso a su familia.

Durante el día, Mairena se mantenía ocupado, haciendo campaña por Zoom y examinando anuncios en la radio oficial en busca de pistas de la creciente represión. Sin embargo, de noche se quedaba despierto, con el oído atento a las sirenas, seguro de que tarde o temprano la policía iba a llegar y él desaparecería en una celda.

“Lo primero que me pregunto en la mañana es cuándo vendrán por mí”, comentó Mairena, un activista defensor de los derechos de los agricultores, en una entrevista telefónica realizada a finales de junio. “Es una vida de temor constante”.

Verónica Chávez, periodista y esposa de Miguel Mora, un candidato a la presidencia de Nicaragua que fue detenido, en Managua, Nicaragua, el 21 de junio de 2021. (Inti Ocon/The New York Times)
Verónica Chávez, periodista y esposa de Miguel Mora, un candidato a la presidencia de Nicaragua que fue detenido, en Managua, Nicaragua, el 21 de junio de 2021. (Inti Ocon/The New York Times)

Su turno llegó días después de la llamada. Unos agentes fuertemente armados allanaron su casa y se lo llevaron la noche del 5 de julio.

No se supo nada de él hasta el miércoles, cuando se les permitió una visita breve a sus familiares, quienes comentaron que lo encontraron demacrado y enfermo, completamente desconectado del mundo exterior.

Quienes critican el gobierno aseguran que la imprevisibilidad y rapidez de la ola de arrestos han vuelto a Nicaragua un Estado más represivo del que fue durante los primeros años de la dictadura de Anastasio Somoza, quien fue derrocado en 1979 por el Frente Sandinista de Liberación Nacional que encabezaban Ortega y varios otros comandantes. Los sandinistas gobernaron el país hasta que en 1990 perdieron en unas elecciones democráticas y cedieron el poder. En 2007, Ortega regresó a la presidencia.

Tras 14 años en el poder, Ortega, impopular y cada vez más aislado de la sociedad nicaragüense en su residencia privada, parece determinado a evitar toda competencia electoral verdadera. Los cinco candidatos presidenciales que siguen en la boleta con él son políticos poco conocidos que tienen una historia de colaboración con el gobierno. Pocas personas en Nicaragua los consideran desafíos genuinos para Ortega.

La represión, la cual se ha extendido hacia los críticos de todos los ámbitos sociales, no ha perdonado a ningún disidente político, sin importar sus circunstancias personales o vínculos históricos con Ortega.

Entre las víctimas de persecución se encuentran un banquero millonario y un guerrillero marxista, un general condecorado y un activista poco conocido de la provincia, líderes estudiantiles e intelectuales septuagenarios. Ningún detractor del gobierno se siente a salvo de las repentinas redadas nocturnas, de las cuales su constancia ha sido la única certeza, comentaron en entrevistas más de 30 nicaragüenses afectados por la represión.

“Todos están en la lista”, mencionó un empresario nicaragüense, cuyo hogar fue redado por la policía; habló bajo la condición de permanecer en el anonimato por temor a las represalias. “Lo único que quieres saber es qué tan arriba o abajo está tu nombre en ella, según el último arresto”.

La ola de represión y temores de violencia política ha empujado a miles de nicaragüenses a huir del país, lo cual amenaza con empeorar una crisis de migración masiva en una época en la que el gobierno del presidente estadounidense, Joe Biden, de por sí está luchando con cifras récord de inmigrantes que intentan cruzar la frontera sur.

La cantidad de nicaragüenses que han detenido los guardias fronterizos de Estados Unidos ha estallado desde la represión: un total de casi 21.000 personas cruzaron en junio y julio, en comparación con menos de 300 en los mismos meses del año pasado, de acuerdo con el Departamento de Seguridad Nacional. Durante esos meses, otros 10.000 nicaragüenses han cruzado al sur hacia el país vecino de Costa Rica, según la agencia migratoria costarricense.

El éxodo ha incluido a ricos y pobres por igual, provocado tanto por los temores de la escalada de violencia como por la preocupación de la acechante crisis económica en un país que se dirige a paso constante hacia el aislamiento internacional.

En los últimos meses, decenas de prominentes empresarios nicaragüenses han huido con sigilo hacia Miami y paralizado sus inversiones en el país, según entrevistas con varios empresarios que no quisieron ser citados por temor a represalias. Y se espera que la mayoría de los bancos internacionales de desarrollo, cuyos préstamos han apoyado la economía nicaragüense en años recientes, deje de entregar nuevos fondos después de las elecciones, las cuales Estados Unidos ha señalado que es poco probable que reconozca en su forma actual.

Los hombres y mujeres detenidos, algunos de los cuales ocuparon altos cargos sandinistas, han sido acusados de crímenes que van desde la conspiración hasta el lavado de dinero y el homicidio, imputaciones que, según familiares y asociados, son falsas. La mayoría pasó semanas o meses en la cárcel antes de tener contacto alguno con sus parientes o abogados.

Varias de las personas arrestadas son septuagenarias y tienen problemas de salud. Según los familiares, compartieron la cárcel con otros presos y no tuvieron acceso a doctores independientes ni a que sus parientes les entregaran medicamentos.

Un general sandinista retirado, Hugo Torres, fue arrestado a pesar de que había dirigido un ataque que le ayudó a Ortega a escapar de la cárcel de Somoza en la década de 1970, con el cual es probable que le haya salvado la vida. El exministro sandinista Víctor Hugo Tinoco fue detenido y la policía registró su casa durante horas enfrente de su hija, Cristian Tinoco, quien tiene cáncer terminal.

La policía también irrumpió de noche en la casa del candidato presidencial Miguel Mora y lo sacó a rastras frente a su hijo Miguel, quien tiene parálisis cerebral, comentó la esposa de Mora, Verónica Chávez.

“Esa noche no dejó de repetir: ‘¿Dónde está papá?’”, mencionó Chávez. “Parecía que estábamos en una película de terror”.

© 2021 The New York Times Company

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.