Ahora sí: Lionel Messi llegó a París, desde el golazo celestial al cocodrilo terrenal

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Brazos arriba, Messi festeja su primer gol con la camiseta de PSG
FRANCK FIFE

Lionel Messi llegó a París. Ya lo había hecho en lo relativo a la bienvenida multitudinaria y al deslumbramiento por sus primeros movimientos, pero faltaba su desembarco futbolístico, territorio en el que edifica su reinado. Fue cerca de los 30 minutos de un segundo tiempo –a los 29-, casi el mismo momento de otro partido, en el que hace 10 días se le puso cara de ogro cuando lo reemplazó Mauricio Pochettino. Este martes, ese rostro tuvo la expresión de felicidad y plenitud que le estaba faltando, la que se le vio infinidad de veces en Barcelona y no había tenido lugar en Paris Saint Germain.

Fue uno de esos golazos que tantas veces convirtió en Barcelona y que inicia su cuenta personal en el club francés. Y realmente no fue un destello anunciado. Quizá previsible por su condición de genio intemporal, pero no por lo que era el apagado rendimiento ofensivo de PSG, en el que Messi también estaba oculto en sus propias sombras. En la jugada anterior a su golazo, había seguido a la distancia un contraataque en el que se le escapó un gesto de desgano. Predominaba la intrascendencia.

Su amigo Neymar fue uno de los primeros en ir a abrazarlo tras el gol
FRANCK FIFE


Su amigo Neymar fue uno de los primeros en ir a abrazarlo tras el gol (FRANCK FIFE/)

El golpe de escena fue inmediato. Desde ese sector derecho que es un punto de partida encabezó un ataque hacia adentro, como tantas veces en Barcelona. Por afuera, Hakimi –un lateral con mucha influencia en el juego- le llevó una marca para que dispusiera de más espacios. En el camino se llevó a la rastra al zaguero Laporte y encontró la diagonal de Kylian Mbappé, que le hizo de pivote para devolverle con un taco la pared, a lo Luis Suárez: la pelota le quedó servida en la puerta del área para el zurdazo alto que dejó petrificado a Ederson.

Lo más destacado del triunfo de PSG

Ni la tupida barba desdibujaba la sonrisa de niño con que festejó Messi. Después de 672 goles en 431 encuentros con Barcelona, convertía el primero en su cuarto cotejo –solo dos completos- en el equipo que hasta hace tres meses no figuraba en sus planes. Con un solo tiro al arco en los 90 minutos, le cambiaba la carátula a su partido, mientras la megafonía del Parque de los Príncipes reproducía un “Leo” que la multitud completaba con un “Meeeesi” hasta desgañitarse.

¿Fue una noche perfecta?, le preguntaron minutos después de un 2-0 sobre un Manchester City dominador, pero con balas de fogueo en ataque. “La verdad que sí”, fue la respuesta inmediata, para enseguida adentrarse en todo lo que hay por delante en este ciclo incipiente: “Lo importante fue el triunfo ante un rival difícil, candidato al título por todo lo que viene haciendo en los últimos años. Todavía son pocos partidos, me voy adaptando al equipo y a los nuevos compañeros. Tenemos que ir con tranquilidad y mejorar para prolongar los buenos momentos de juego”.

Socios en la conquista de dos Champions League en la época dorada de Barcelona (2008/12), desde que separaron sus caminos Messi amarga seguido a Pep Guardiola: le anotó el séptimo gol en cinco partidos (dos en Bayern Munich y tres en el City). En el día previo, Guardiola había dicho que no hay un plan específico para controlar tanto talento. Lo comprobó una vez más.

Paris Saint Germain había conseguido una ventaja de 1-0 en el primer tiempo sin necesidad de que su afamado tridente rematara una vez al arco. Y evitó que Manchester City le empatara en buena medida porque Donnarumma apunta a quedarse con la titularidad en la disputa del arco con Navas, o al menos ser el elegido para los encuentros de mayor trascendencia. El arquero italiano pareció más grande de lo que ya indica su envergadura física para tapar remates de Cancelo, De Bruyne y Silva, además de un cabezazo de Días. Donnarumma está en el nivel que lo llevó a ser nominado como el arquero de la Eurocopa que obtuvo la Azzurra.

Cercado por tres rivales en la entrada al área; desde esa posición convirtió el golazo al ángulo
Michel Euler


Cercado por tres rivales en la entrada al área; desde esa posición convirtió el golazo al ángulo (Michel Euler/)

Mbappé fue de los tres el que desplegó una actividad ofensiva más sostenida en el primer tiempo. De una combinación del francés por la derecha con Hakimi llegó el centro atrás que no logró conectar Neymar y empalmó Gueye con un derechazo al ángulo.

El primer contacto de Messi con la pelota fue a los 4m25s. Es cierto que Leo suele tomarse momentos para estudiar el cuadro de situación y decidir dónde le conviene intervenir, pero también ese ausentismo fue el reflejo de un equipo con poca vocación de juego asociado. El fútbol de PSG era muy inferior al que cabe esperar de su catálogo de estrellas ofensivas.

La imagen menos pensada de Messi

Manchester City ejerció un control del juego sin profundidad. Guardiola optó por un esquema sin un centro-delantero de referencia, con Gabriel Jesús y Ferrán Torres en el banco, y Sterling de falso N° 9. De los 18 remates del equipo inglés, siete fueron al arco del seguro Donnarumma, al que lo salvó el travesaño en dos oportunidades. A PSG le hizo bien la reaparición de Marco Verratti, un volante muy laborioso para cubrir espacios, hacer relevos y evitar las descompensaciones en un equipo con tendencia a partirse. La presión baja, en su campo, empleada por Pochettino, también acrecentó la tarea de los centrales Marquinhos y Kimpembe. “Sabíamos que íbamos a pasar por momentos de dificultad ante un rival que le gusta dominar. El equipo supo sufrir y aprovechamos los jugadores que tenemos para hacer la diferencia. El mérito es de los jugadores. Leo hizo goles en Barcelona y la selección, en todos lados. Ahora también los hará en PSG. El de hoy fue extraordinario”, expresó el entrenador argentino.

Para el final, en el minuto 45, Messi se reservó la mayor sorpresa: se acostó detrás de la barrera, en posición cocodrilo, para bloquear un tiro libre del City. Eso sí nunca se le había visto en Barcelona. Dos minutos más tarde, Mbappé, decisivo en los dos goles y una de las figuras de la noche, hizo de cocodrilo. Las estrellas cuerpo a tierra, el particular universo de PSG.

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