Lionel Messi mostró el corazón: la eterna conexión con Diego Maradona

Cristian Grosso
·5  min de lectura

Ni en su más alocada fantasía, Lionel se podía imaginar que se convertiría en Messi. Era un nene, soñaba, pero imposible tanto. En junio había cumplido 6 años y era octubre. Octubre del '93. Era el 7 de octubre de 1993. El Coloso del Parque explotaba. Maradona volvía al fútbol argentino enfundado en la camiseta 10 de Newell's. El extraterrestre cargaba en sus brazos con Dalma y Gianinna, ya famosas pero tan pequeñas como el pibe desconocido que estaba en la tribuna. También con su padre, el empleado de Acindar. "Hasta lo llegué a ver en vivo, era chiquito pero lo llegué a ver. Era chiquito, no me acuerdo nada, pero sé que estuve", contó Messi hace algunos años en una entrevista con Martín Souto, en TyC Sports. Esa noche, de alguna manera, se conocieron en Rosario. Ayer se despidieron para siempre en Barcelona.

La emoción de Dalma Maradona en el homenaje a Diego en la Bombonera

Cuando Messi convirtió el cuarto y último gol de Barcelona en una victoria imprescindible sobre Osasuna por su decepcionante comienzo en la Liga española, primero se saludó con sus compañeros. Cuando se quedó solo, apareció el factor sorpresa. Iban 73 minutos, y debajo de la casaca blaugrana siempre había tenido una segunda piel. La camiseta de Newell's. Pero no la actual, no cualquiera. No. El modelo idéntico al de Maradona, el de aquella noche del 7 de octubre de 1993. O acaso, la mismísima casaca de Diego, porque hay un detalle que vale contar: Sergio Fernández, un señor anónimo, fanático de los D10ses y coleccionista, le regaló esa prenda a Messi antes del Mundial de Rusia 2018. Todo simbolismo.

El pequeño Lionel, fanático de "la Lepra" en su infancia; Maradona llegó en 1993 al Parque de la Independencia y revolucionó Rosario
Fuente: Archivo

En ese instante nacía una emocionante conexión. Un tributo íntimo, aunque fuese ante los ojos del mundo. Se quedó clavado, tiró un beso al cielo con sus dos manos. Una extraña electricidad se apodero de todos los que seguían la escena en el planeta. Pocos en el lugar, millones a la distancia. De 10 a 10, un homenaje en código numérico.

Retornó a la mitad el campo para reiniciar el juego y mientras se volvió a colocar la casaca culé, recibió la reglamentaria -y entonces, ridícula- amonestación, que además le costará 3000 euros. Messi había marcado un gol maradoneano, como tantos. Como tantas veces. Pero este guardó una increíble coincidencia, también, con lo que ocurrió el 7 de octubre de 1993. Esa noche, en un amistoso contra Emelec, Newell's ganó 1-0, con gol de Maradona. ¿Cómo fue? Diego controló la pelota con la zurda, encaró ligeramente en diagonal hacia la derecha del área y le pegó desde afuera con la diestra -la de apoyo, bromearía él- al palo más alejado del arquero. ¿Qué hizo Messi? Casi una copia, pero invertida. Se fue abriendo del centro a la izquierda, y definió de zurda, cruzado. Casi idéntico, pero con el campo al revés.

Messi ni jugaba en Newell's en octubre de 1993. Recién algunos meses más tarde, el 30 de marzo de 1994 entraría la primera ficha de un tal Lionel Andrés a la Liga Rosarina de fútbol. Pero la pasión leprosa de su padre lo arrastró a un momento eterno para el mundo rojinegro: disfrutarlo a Maradona con el manto del club por primera vez en la vida.

Luka Romero anotó su primer gol oficial, se lo dedicó a Diego Maradona y entró en la historia del fútbol español

Aquel gol de Maradona en Newell's

La experiencia resultó breve, es cierto, apenas siete partidos, cinco oficiales y dos amistosos, en los que Maradona convirtió un gol -ese gol a los ecuatorianos- y sirvió una asistencia. Fue el regreso al país después de una década de su aventura europea, donde precisamente Barcelona ofició como puerta de entrada, Nápoli lo elevó a la categoría de divinidad futbolística y Sevilla marcó el comienzo del ocaso.

El gol de Messi frente a Osasuna

El estreno oficial de Maradona llegaría apenas tres días después de la presentación en el Parque de la Independencia. El 10 de octubre, en Avellaneda, en la caída por 3-1 ante Independiente. Luego se sucedieron los choques con Belgrano, en Córdoba; Gimnasia, en Rosario; Boca, en la Bombonera, y Huracán. Ese día el Diez se desgarró, estuvo alrededor de dos meses inactivo, volvió el 26 de enero para otro amistoso, ahora frente a Vasco de Gama. y se trató del adiós. Newell's, por supuesto, lo adoptó para siempre. Exactamente 73 días más tarde, Messi convertiría frente al club Pablo VI sus primeros goles en las infantiles de Newell's. ¿Cambio de guardia? ¿Entrega del testimonio?

Cracks, zurdos, Barcelona, Newell's, la selección..., amos del planeta fútbol en sus eras. Y la 10, siempre entre los dos. En el Coloso, en el Camp Nou. Conmovido, durante el minuto de silencio previo al juego, Messi no sacó los ojos del césped; al final, levantó la mirada y la posó en el 'Pelusa' blaugrana de la temporada 82/83 que sonreía en la pantalla gigante. Y aplaudió, lo aplaudió. Después del encuentro, en su Instagram, junto con un juego espejado de fotos entre aquel Maradona leproso y este Messi rojinegro, el rosarino escribió: "Hasta siempre, Diego".

"No me acuerdo nada, pero sé que estuve", dijo Messi sobre aquella noche del '93. "Lo recordaré por siempre, aunque no haya estado", tal vez susurró Maradona desde algún lugar por estas horas. El nene de 6 años volvió en su anonimato a la casa familiar de la calle Estado de Israel al 500, del barrio la Bajada, en el sur rosarino, seguramente sin entender qué había ocurrido. El hombre de 33 años le mostró al mundo qué le pasaba por dentro.