Las negativas y exigencias de Pablo Hasél en prisión

M. J. Arias
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Desde que el pasado martes los Mossos d'Esquadra entraran en la Universidad de Lleida donde Pablo Hasél se había encerrado con algunos de sus seguidores para sacarlo de allí y hacer cumplir la sentencia en su contra, el rapero se encuentra en prisión. Las manifestaciones de protesta y los disturbios se suceden en distintas ciudades de España desde entonces. Un apoyo que el condenado agradece desde su encierro, donde ha establecido, según su abogada, unas líneas rojas que no está dispuesto a cruzar mientras esté dentro.

En una entrevista concedida a TV3 este fin de semana por Alejandra Matamoros, la letrada de Hasél explicaba que a su representando le animan las muestras de apoyo que está recibiendo desde hace días y ver como “tanta gente en el Estado a solidarizarse con él y exigir la libertad de expresión y otros derechos que nos están negando”.

Sobre las consecuencias de esas manifestaciones que en muchos casos acaban en enfrentamientos con la Policía, destrucción de mobiliario urbano, heridos y detenciones, su abogada asegura que “también ha expresado toda la solidaridad con todos los detenidos y todos los encarcelados”, además de con “la chica que ha perdido el ojo”, según se puede escuchar en la entrevista completa subida por TV3 en su web.

Aunque no han transcendido muchos detalles sobre cómo es su vida en prisión, Matamoros ha explicado ante las cámaras de la televisión autonómica catalana que Hasél se encuentra “en el módulo de ingresos, y en ese módulo está solo, de momento”. Sin embargo, ahora es cuando, dice, “estamos empezando a tener problemas”. Según sus palabras, el rapero “está integrado dentro del colectivo de presos políticos antifascistas” y, añade, “ellos tienen unas líneas rojas”.

Esas líneas rojas o cosas por las que no están dispuesto a pasar tienen que ver con lo que consideran “unas mínimas condiciones dignas de vida” que implican la negativa a “compartir celdas porque son minúsculas”. Además del espacio reducido que denuncian, está el hecho de que “no sabes qué tipo de preso te van a poner, dificulta los hábitos de estudio que tienen los presos, etcétera”.

Según explica Matamoros, eso es algo que se comunicó nada más entrar y ahora, asegura, le están poniendo pegas y le han dicho que si quiere una celda individual tiene que colaborar con las tareas de limpieza “más allá de su celda”. Algo a lo que Hasél no quiere acceder porque es otra de esas marcas del colectivo al que pertenece, la de no participar en las labores de mantenimiento.

En esas tareas entra “servir cenas, subir mantas o limpiar otros espacios…”. Todas estas son “labores que los presos hacen para acceder a beneficios penitenciarios, son una línea roja para ellos de no colaborar en ningún caso con el mantenimiento de la prisión”. Se trata de una directriz no escrita por parte del colectivo de presos antifascistas que se remonta a los años ochenta.

La abogada quiso aprovechar, además, el altavoz que suponía su participación en el programa Preguntes freqüents para denunciar que “las condiciones en prisión, ya no solament elas que tien él, sino las que tienen todos los presos son bastante lamentables (…). Las condiciones en prisión ya son malas, pero se han visto empeoradas y han visto limitados aún más sus derechos con la pandemia del COVID”.

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