Qué lindo vestido. ¿Cuántas campanas te costó?

Guy Trebay
Jugadores posan para una foto en la isla de Tara Mustapha en Animal Crossing. (Vía The New York Times)
Oliver Hong elige un traje para su personaje en el paraíso virtual sin género de Animal Crossing. (Vía de The New York Times)

Este sería el año en que Hannah Basile por fin se tomaría en serio la moda. Hace mucho mucho tiempo, es decir, a finales del invierno, Basile, una recaudadora de fondos de Feeding America, un banco de alimentos sin fines de lucro, decidió que en 2020 usaría maquillaje con más frecuencia y estaría más atenta a los influentes en TikTok y a los hilos de Reddit como Female Fashion Advice (Consejos de moda para mujeres).

Ese plan se vino abajo cuando el nuevo coronavirus llegó a nuestras vidas y nos envió a todos a resguardarnos en casa por el bien común. “Es irónico que quieras esforzarte un poco más y de repente ya no puedas ir a ningún lado”, comentó Basile, que vive en Washington D. C.

Como tantos otros que están refugiándose en su hogar, Basile, de 27 años, pronto se encontró cambiando las dimensiones reducidas de la vida real por los horizontes felizmente ilimitados de la vida virtual. Tomó un Switch que antes apenas había tocado y se consiguió una pequeña isla en Animal Crossing: New Horizons, el juego de Nintendo que ha cautivado a un mundo confinado.

Es comprensible. Cada jugador de Animal Crossing asume el papel de un humano solitario en una isla poblada por rechonchos animales antropomórficos. Se anima a los jugadores a construir su paraíso personal y llenarlo de casas, tiendas, puentes, paisajes variados e incluso vecinos. No hay disparos, ni victorias, ni deudas que no puedan ser pagadas fácilmente con las campanas que son la moneda local.

Nadie te molesta en tu idilio de Animal Crossing de color pastel, donde los jugadores pasan sus días haciendo jardinería, decorando, visitando amigos y probándose atuendos, el tipo de cosas que pocos son capaces de hacer hoy en día en la vida real.

Nadie muere.

Es un curioso giro de acontecimientos que un videojuego pueda desbancar a los principales nombres de moda en nuestra conciencia, y, sin embargo, eso es exactamente lo que ha ocurrido. Hoy en día, cuando la conversación en línea se enfoca en estilo, a menudo los nombres que vienen a la mente no son Armani, Versace o Dior, sino Mable, Sable y Label Able.

Estas son, por supuesto, las adorables hermanas erizo cuya tienda virtual se ha convertido en un destino diario obligatorio para millones de personas que apenas recuerdan lo que se siente entrar en los vestidores de las tiendas.

Pregúntenle a la actriz Brie Larson, que tuiteó a mediados de abril que ahora cambia de ropa más a menudo en Animal Crossing que en la vida real. Pregúntenle a Elijah Wood, cuyo avatar apareció hace poco en una isla que pertenece a alguien con el nombre de Twitter directedbybryian (en el juego se llama Jessa) para cambiar campanas por nabos y recoger fruta vestido con tenis color púrpura y una camisa azul de botones.

Pregúntenle al diseñador Christian Siriano, cuya reciente aparición en Animal Crossing con un vestido esmoquin fue seguida de un reto en Twitter a sus 400.000 seguidores para que mostraran sus mejores momentos de moda virtual.

Para la diseñadora Sandy Liang, que recientemente patrocinó una tienda fugaz en su isla, se trata de un consumidor que anhela lo lúdico en un mundo de la moda que a menudo se toma demasiado en serio. En la tienda fugaz, ofreció atuendos de las hermanas Able junto con confecciones personalizadas digitalmente con las herramientas de juego de su amiga Paige Rubin, directora de compras de lujo de la tienda de ropa vintage de Nueva York What Goes Around Comes Around.

“Poder vestirme de la manera que me sienta ese día y hablar con los animales me hace feliz, no sé por qué ni me importa por qué”, dijo Liang. “Ayer compré un casco de rana y unas botas de pata, y me dieron ganas de tener unas botas de pata en la vida real.”

Al encender su Nintendo Switch la semana pasada, Tara Mustapha, de 38 años, desarrolladora de juegos en Londres, encontró una invitación para una fiesta de disfraces en Animal Crossing. Cuando llegó, se encontró con un encantador y dispar grupo de personajes acicalados con diseños de las hermanas Able. Había un dandi con un monóculo, una reina de la marca de ropa Supreme, una chica playera con un vestido de piña y orejas de conejo, un avatar vestido como Frida Kahlo, con todo y las famosas cejas de la pintora.

“Una de las cosas interesantes del juego es que podríamos decir que no hay géneros”, dijo Mustapha, cuyo estudio Glow Up desarrolla juegos con la inclusión como objetivo. “Te permite elegir tus propios pronombres y representarte a ti mismo libremente. Puede ser un escape”.

El escapismo es sin duda una fuerza que impulsa el éxito de Animal Crossing, que, aunque Nintendo aún no ha publicado cifras de ventas, se convirtió en el juego más vendido en marzo y ya es el segundo en la clasificación general de este año, después de Call of Duty: Modern Warfare, según NPD Group, la firma de estudios de mercado. Igual de sorprendente es el hecho de que, al liberarse de los confines de una existencia dentro de cuatro paredes, la mayoría de los jugadores de Animal Crossing se encuentran lanzándose por voluntad propia y de lleno a la mundanidad.

“Cuando empiezas el juego, es como aterrizar en una isla desierta”, dijo Oliver Hong, de 30 años, un diseñador de juegos en Brooklyn. “Tus opciones de ropa son limitadas”.

Sin embargo, solo unas horas después de la primera vez que Hong jugó, un amistoso aldeano de una isla vecina apareció para darle una chaqueta deportiva verde. A partir de ahí, empezó a construir un armario en serio, haciendo tareas sencillas a fin de ganar campanas y poder derrocharlas en los últimos productos de las hermanas erizo emprendedoras.

Ahora para Hong la vestimenta virtual ha evolucionado para convertirse en una forma de vivir sus fantasías. En la esfera del juego, en gran parte neutral en cuanto al género, se siente libre de añadir un uniforme de criada francesa al armario de su avatar porque… ¿por qué no? “Puedo pavonearme y no preocuparme de cómo me percibe nadie”, dijo. “De una forma u otra, el juego siempre te está afirmando”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company