Linda Darnell, una estrella de Hollywood arruinada por sus multiples divorcios

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A muchos probablemente ni les suene su nombre, pero Linda Darnell fue una de las estrellas de los años 40 que lo tenía todo para triunfar: belleza natural, talento y la capacidad de captar la atención del lente de la cámara con una mirada. Sin embargo, la buena fortuna no estuvo nunca de su parte. Jamás logró ser vista por su talento al no encajar con la imagen de la estrella ideal de Hollywood, habiendo llegado muy joven a la industria huyendo de una familia problemática y encontrando refugio en relaciones tóxicas y apresuradas.

Lo cierto es que Linda Darnell hipnotizaba cuando le daban buenos papeles, sin embargo, murió prácticamente olvidada en un incendio con tan solo 41 años, poco después de verse en televisión cuando emitían una de sus películas.

La actriz Linda Darnell en una escena de la película
La actriz Linda Darnell en una escena de la película "Star Dust" (Foto de Donaldson Collection/Getty Images)

Linda nació en Dallas (Texas) como Monetta Eloyse Darnell en 1923. A los 11 años ya trabajaba profesionalmente como modelo y a los 13 aparecía en obras teatrales, siendo el sustento principal de su familia. Y a pesar de un primer rechazo ante el mandamás de 20th Century Fox, Darryl F. Zanuck (que la envió de regreso a casa diciéndole que trabajara más en su talento), Linda logró abrirse camino con tanto solo 15 primaveras. Fue cuando apareció en un programa radial de futuros talentos, recibiendo un contrato con RKO Pictures para poco después fichar por la todopoderosa (en aquella época) 20th Century Fox. Su primera película, Hotel for women (1939), logró que los críticos se rindieran a sus pies calificándola como la nueva estrella de Hollywood y alabando su capacidad de desplegar un encanto juvenil que hacía brillar su personalidad. El futuro era suyo y la vida le sonreía, a pesar de arrastrar con una familia formada por dos padres que discutían todo el tiempo y una madre controladora y posesiva.

De la noche a la mañana se había convertido en estrella de cine y el director del estudio le daba papeles como protagonista junto a su ídolo, Tyrone Power (uno de los muchos actores que dio vida al Zorro). La química entre los dos funcionaba tan bien que convertían en oro todas las películas que hacían juntos. Tanto que Zanuck añadió 18 escenas románticas en una de ellas (Brigham Young). Sin haber cumplido todavía la mayoría de edad, entre 1939 y 1940, Linda había estrenado seis largometrajes, aunque la magia no duraría por mucho tiempo. La imagen de niña buena y amable que llegó a definirla como la Cenicienta de Hollywood había cansado y el estudio no lograba encontrar nuevos papeles que encajaran con ella. Linda quería hacer proyectos diferentes pero cada papel que sugería ese cambio de rumbo siempre terminaba recayendo en manos de otra actriz. Linda llegó a pasar varios meses sin trabajo hasta que tuvo que dar un paso atrás y aceptar un papel secundario en un musical, Rise and Shine (1941).

Pero en un Hollywood sexista donde los hombres manejaban cada rincón de la industria, no es de extrañar que su carrera se viera afectada precisamente por rechazar a uno de ellos. Darryl F. Zanuck, uno los hombres más poderosos de la era, intentó varias veces conquistarla pero al rechazarlo, Linda comenzó a ver cómo los papeles se le escapaban de las manos. El supuesto castigo de Zanuck fueron papeles que ella detestaba, de mujeres simplonas, sin profundidad alguna y como secundarias constantes. El ejecutivo llegó incluso a reemplazarla con otra actriz en el musical Orchestra Wives (1942) cuando ya había rodado 12 días. Y mientras tanto su vida personal comenzaba a desmoronarse. Sus padres, que nunca se habían llevado bien, tuvieron otra de sus intensas peleas y Linda decidió llevarse a su hermana pequeña y jamás regresar. Y a pesar de que su madre la acompañaba siempre en cada rodaje -y era detestada en los pasillos de Hollywood por su temperamento y actitud mandona- se puso en su contra, criticando a su propia hija delante de la prensa bañando de mala publicidad la carrera de Linda. Poco después Linda había huido a Las Vegas para contraer matrimonio con su amigo de entonces, el cinematógrafo Peverell Marley, 24 años mayor que ella. Por entonces, ella tenía tan solo 19.

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Linda pasó toda su vida buscando la estabilidad que no tuvo en su infancia y Peverell fue el primer refugio de los muchos que buscó en su corta vida. El estudio enfureció al conocer la noticia, mostrándose en contra de la unión al igual que su familia, ya que no podían publicitar un romance de ensueño con un hombre no-famoso y que podía ser su padre. Tras la boda, Zanuck suspendió a Linda durante seis semanas. Un tiempo que ella dedicó para ofrecerse voluntaria entreteniendo a las tropas antes de su marcha para luchar en la Segunda Guerra Mundial o trabajando para la Cruz Roja.

Estuvieron casados hasta 1951, sin embargo, no fueron los años más felices para Linda. Mientras su carrera seguía viviendo altibajos constantes y era encasillada como una de las chicas pin-up de Hollywood, de belleza asombrosa pero poca profundidad por culpa de los papeles que le daban, comenzó a sufrir dependencia al alcohol a los 21 años. Y es que ese marido, más mayor y con experiencia de vida, la convirtió en su compañero de tragos nocturnos. A consecuencia de esto, Linda desarrolló una adicción que arrastraría el resto de su vida.

En 1946 protagonizó Forever Amber, la cinta más costosa de Fox hasta la fecha que llegó a compararse como la nueva Lo que el viento se llevó. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, sometiéndose a una dieta que la llevó a desfallecer dos veces en el rodaje, la cinta no fue el éxito esperado y el encasillamiento continuó. Sin embargo, ese mismo año se enamoró. Y nada menos que del magnate Howard Hughes. Lo que comenzó como un affaire pronto se transformó en el sueño que podía salvarla de su amarga vida.

Estuvieron juntos aproximadamente un año, y después de que Hughes sobreviviera al fatal accidente aéreo que casi se cobra su vida, ella anunció públicamente que dejaba a su marido. Estaba convencida de que era su oportunidad de vivir su historia de amor y mientras el conquistador de Hollywood se recuperaba en casa de Cary Grant, ella se plantó allí con su marido. Sí, su marido.

Y es que Marley se presentó allí para ofrecerle un acuerdo a Hughes: se divorciaría de ella para que pudieran casarse y ser felices si le pagaba $20.000 al año hasta el final de sus días. Evidentemente, la negociación no dio sus frutos y Linda Darnell acabó marchándose con el corazón roto. Su marido había literalmente intentando vender su divorcio a cambio de dinero y su amante no siquiera había luchado por ella.

Linda terminó volviendo a casa con su marido, adoptando una niña poco después. No obstante, nada terminaba de llegar el vacío que tenía en su vida y apenas pocas semanas después de la adopción comenzó su segunda relación extramarital. Fue con el director Joseph L. Mankiewicz, a quien ella definió como “el gran amor de su vida”. Linda hizo caso omiso a todos los consejos que le dieron, no queriendo escuchar los rumores que señalaban al director como uno de los hombres más mujeriegos de la industria del cine. Había tenido muchos romances y jamás había dejado a su esposa. Aun así, convencida de que su amor era real, Linda pidió el divorcio de nuevo a su marido -quien le sugirió que no lo hiciera por si perdían al bebé al estar separados- para luego conocer que Mankiewicz no iba a dejar a su esposa por ella. El director nunca reconoció públicamente el romance pero siguieron viéndose durante seis años, desarrollando una dependencia emocional en la actriz que la llevó a tener pensamientos suicidas cuando él se alejaba por trabajo.

Linda logró divorciarse de Marley pero perdió casi todo su dinero en el acuerdo ya que su marido le propuso que no diría nada públicamente de su infidelidad con Joseph L. Mankiewicz si le pagaba $125.000. Y ella aceptó. Nunca más volvería a tener solvencia económica, dando este paso justo cuando el sistema de los estudios (o el star-system) estaba en plena transición. Al final de 1953, Fox había cancelado los contratos antiguos y ella se quedaba sin un ingreso estable. Al principio le pareció una buena decisión porque le daría libertad, pero pronto se dio cuenta que la falta de ingresos continuos y la seguridad del estudio haría mella en ella. Pensé que en poco tiempo recibiría ofertas de otros estudios, pero no muchas llegaron. Lo único que sabía hacer es ser estrella de cine. Nadie espera durar para siempre en este negocio. Sabes que tarde o temprano el estudio te dejará ir. ¿Pero quién quiere estar retirado a los 29?” dijo en una entrevista.

Tenía 30 años, sufría de alcoholismo, tenía el corazón roto y la industria del cine seguía dándole la espalda. A esa edad había perdido el deseo de seguir intentándolo. Y así volvió a buscar refugio en otro hombre. Esta vez con el heredero de una empresa cervecera llamado Philip Liebmann con quien acordaron tener un matrimonio de conveniencia. Pero con el tiempo comenzó a pagar el precio del acuerdo, detestándolo y criticándolo por comprarle regalos y malcriarla. Liebmann intentó salvar el matrimonio adoptando a una niña pero la separación fue inminente y él se quedó con el bebé. Darnell volvió a casarse en 1957 con un piloto llamado Merle Roy Robertson, pero poco después comenzó a beber de nuevo, cayendo en una depresión que la fue consumiendo. Permitió que su marido manejara su carrera y en busca de hacer algo de dinero decidió hacer una obra de teatro. Al ser la protagonista, la presión llevó a empeorar su adicción, bebiendo antes y después de las funciones, viviendo fuertes peleas con su hija hasta tener que retenerla para que no saltara de la ventana de un hotel. Al final, la obra fue cancelada.

Para colmo de males, descubrió que su marido le era infiel al encontrar el pago de unas flores a otra mujer en su propia cuenta y, para empeorar la situación aún más, la mujer estaba embarazada. Se divorció de nuevo pero ya estaba en bancarrota. Tuvo otro intento de suicidio, esta vez con píldoras, y luego tuvo que vender su casa en Bel Air, mudándose a un departamento con su hija aceptando cualquier trabajo que conseguía en teatro.

Es cierto que durante todos esos años, Linda no dejó de aparecer en la cartelera. Pero los altibajos fueron constantes a lo largo de toda su carrera. Llegó a tener papeles dignos de nominación de Óscar, pero jamás lo consiguió. Quería papeles arriesgados pero muy pocos apostaron por darle proyectos diferentes y pocas veces pudo lucir su talento como merecía.

Finalmente, el 10 de abril de 1965, a los 41 años, murió tras quedarse atrapada en un incendio. Linda estaba quedándose en la casa de una amiga y la hija de esta en Chicago porque iban a ayudarle con su declaración de impuestos. Incluso acababa de saber que había tres contratos interesados en ella. Esa noche vio que daban en televisión una de sus primeras películas, Stardust, y le dijo a sus anfitrionas si querían quedarse a verla con ella. La vieron y se fueron a la cama para luego despertarse en pleno incendio. Una de las mujeres saltó por la ventana rompiéndose algunos huesos y la otra salió por el techo. Pero en lugar de seguirlas, Linda fue a la planta baja atravesando el infierno de fuego. Según sus amigas, Linda tenía miedo a las alturas y es probable que hubiera intentado salir por la puerta principal.

Linda fue trasladada al hospital con quemaduras en el 90% de su cuerpo, y murió dos días más tarde.

Al revisitar sus películas ahora podemos encontrar a una mujer que hipnotizaba con cada uno de sus personajes. Tenía un talento natural para aferrarse a cada papel de forma única, transformándose con una naturalidad pasmosa, algo que solo el talento nato otorga. Pero, en los años 40s y 50s, la industria no lo vio. Nunca la consideraron buena actriz (hay críticas de la época que así lo apuntan), y aunque es cierto que muchas de sus películas la rodeaban de clichés, cuando Linda tenía una buena historia y un director remando a su favor, era inolvidable.

La historia de Linda Darnell refleja el desamparo de una mujer que llegó con toda la inocencia de la adolescencia a la industria, derivando en una búsqueda constante de protección ante la falta de oportunidades, el sexismo y las presiones familiares. Y al final, ni su vida personal ni la profesional le dieron un respiro, y ella pasó su corta vida buscando un simple refugio donde seguir adelante.

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