Prohíbe que una legisladora hable por vestir jeans y evidencia el absurdo de no exigir el uso del cubrebocas

Jesús Del Toro
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El líder de la legislatura estatal de Iowa parece tener una peculiar animadversión en contra de las mascarillas, que son herramientas clave contra el covid-19, y también contra los pantalones de mezclilla.

Pero su aproximación ante ambas prendas es disímbola, y para muchos a la vez peligrosa y ridícula.

La resistencia de políticos republicanos y de muchas personas de orientación conservadora o de derecha, en especial los seguidores de Donald Trump, al uso de las mascarillas y su promoción como una vía efectiva para frenar el contagio del covid-19 ha tenido efectos ominosos.

El republicano Pat Grassley, líder de la cámara estatal de Iowa. (AP Photo/Charlie Neibergall)
El republicano Pat Grassley, líder de la cámara estatal de Iowa. (AP Photo/Charlie Neibergall)

En 2020, empezando por el entonces presidente Trump y siguiendo con políticos y simpatizantes republicanos de multitud de perfiles, la recomendación de usar mascarillas para prevenir la difusión del coronavirus fue distorsionada, ya sea como parte de la minimización de la pandemia o al pretender que llevar esa cobertura facial implicaba una oposición a Trump.

Ello afectó los esfuerzos de contención del virus y, presumiblemente, fue un factor en la enorme cantidad de casos, hospitalizaciones y fallecimientos que se han registrado por el covid-19 en EEUU. Expertos han señalado que si se registrara un uso universal de mascarillas durante varias semanas, la pandemia se reduciría de modo sustantivo.

Pero ello, al parecer, no es de la consideración de Pat Grassley, representante estatal republicano en Iowa y líder de la Legislatura de ese estado.

Según el relato de The Washington Post, Grassley se ha negado reiteradamente a establecer el uso obligatorio de mascarillas dentro de su recinto legislativo, y los intentos de los demócratas de hacer aprobar una resolución al respecto han sido rechazados por la mayoría republicana.

Grassley ha alegado que no puede imponerle a los legisladores cubrir sus rostros del mismo modo que no puede evitar que uno de ellos vote en las sala de sesiones vestido con un traje de baño.

La alusión al traje de baño resulta ciertamente exagerada y una comparación poco juiciosa, pues no solo no tiene que ver con el tema de la pandemia (el uso de mascarilla es una cuestión de salud pública, mientras que vestir un traje de baño en la sala de sesiones legislativas sería una mera ocurrencia) sino que además reveló la distorsión y la inconsistencia de la conducta de Grassley al respecto.

Eso se ejemplificó cuando la representante demócrata Beth Wessel-Kroeschell se propuso retar el planteamiento de Grassley y se presentó en la sala del pleno vistiendo pantalones de mezclilla.

La Legislatura de Iowa tiene un código de vestir que señala que los representantes han de portar ropa formal al hablar a la Cámara dentro del recinto. Así, cuando Wessel-Kroeschell trató de hablar durante una sesión, Gressley le dijo que “usted no es reconocida para hablar en el debate”, aunque le dijo que sí podría emitir su voto, tal como dijo en su ejemplo del traje de baño.

Pero eso era lo que justamente buscaba mostrar Wessel-Kroeschell. Sobre sus jeans ella dijo que “son nuevos, están limpios y no tienen agujeros. No lastiman a nadie… No usar mascarilla puede matar personas, y hemos tenido personas aquí, tenemos a un miembro que fue expuesto y ahora está en casa tras dar positivo por covid-19. Y hay cinco o seis de sus miembros [de la bancada republicana] que nunca usan mascarilla. Esto es peligroso y nos ponen a todos en peligro”, indicó el periódico Des Moines Register.

Y Wessel-Kroeschell remató: “entonces, si ellos pueden imponer un código de vestido a la mezclilla pueden imponer el uso de mascarillas”.

Si Grassley se niega a ello por cuestión política-ideológica u otra causa está por verse, aunque algunos han tratado de justificar su decisión. La vocera de Grassley, por ejemplo, emitió un comunicado en el que dijo que “el líder [Grassley] ha sido claro y consistente desde el comienzo del periodo de sesiones. No hay modo de imponer un mandato de uso de mascarillas sin llegar a tener policías estatales retirando a representantes legítimamente electos de la sala de sesiones, algo que él no está dispuesto a hacer ni por mascarillas ni por jeans. La representante Wessel-Kroeschell estaba en violación de las reglas de la Cámara y queda a discreción del líder manejar esas violaciones como crea apropiado”.

Legisladores federales usan mascarilla en la sala de sesiones del Capitolio en  Washington DC. (Erin Scott/Pool via AP)
Legisladores federales usan mascarilla en la sala de sesiones del Capitolio en Washington DC. (Erin Scott/Pool via AP)

Con todo, en esa defensa reside también su contradicción: si se establece un mandato a las mascarillas, tal como existe uno contra los pantalones de mezcilla, se podría impedir que legisladores hablaran en el pleno con el rostro descubierto, del mismo modo que se le impidió a Wessel-Kroeschell dirigirse a la cámara vistiendo jeans. Eso sería un incentivo para usar mascarillas.

Es decir, si realmente lo quisieran, se podría establecer en esa legislatura (y otros sitios) un mandato sobre uso de mascarillas, como el que por ejemplo el presidente Joe Biden ya estableció dentro de propiedad federal. Eso ayudaría a mitigar contagios y a dar ejemplo de prevención.

Pero aunque los contagios han sido ingentes y nuevas variantes del coronavirus más infecciosas se asoman ominosamente, el rechazo de Grassley y en general de todos quienes optan por no usar mascarillas resulta especialmente punzante y negativo para la salud pública, además de que mantiene vigente una equívoca politización sobre el uso de cobertura facial.

La rudeza de la pandemia y la necesidad de frenar la enfermedad y la muerte, que se ha cobrado más de 400,000 vidas estadounidenses, debería imponerse a otras consideraciones ajenas a los criterios de salud pública.

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