Libia intenta poner orden a su anárquica urbanización

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Las autoridades libias tienen graves problemas para contener la anárquica urbanización que ha prosperado en el país tras la caída del régimen de Muamar Gadafi en 2011. Ahora quieren aprovechar la relativa calma política para poner un poco de orden.

Tierras agrícolas divididas de forma precipitada para construir viviendas, barrios enteros edificados sin autorización y ciudades enfrentadas a una fuerte tensión inmobiliaria son algunas de los consecuencias de diez años de ausencia del Estado.

Libia es hoy en día "incapaz de seguir el ritmo" de su urbanización galopante y anárquica, afirma a la AFP el ministro de Vivienda y Construcción del gobierno interino, Abubakr Al Ghawi.

En Bengasi (este), la superficie construida se duplicó desde 2009, pasando de 32.000 a 64.000 hectáreas, según el director de la Oficina de Proyectos de la ciudad, Usama Al Kazza. Y la mitad de segunda ciudad del país ha sido construida sin seguir ningún planeamiento urbano gubernamental, indica.

Unos 1.000 km al oeste, en la capital Trípoli, han surgido barrios enteros sin la menor autorización.

Ahora, en momentos en que Libia comienza a recuperar una forma de estabilidad, el ministerio de Vivienda se apresta a acelerar el cumplimiento de la "tercera fase de planes de urbanismo, en colaboración con estudios locales e internacionales para revisar los proyectos aleatorios elaborados en estos últimos diez años", afirma Al Ghawi.

El primer plan de urbanismo fue adoptada en 1966, el segundo en 1980 y el tercero en 2009, aunque este último nunca llegó a ponerse en práctica a raíz del caos y la inestabilidad.

- "Casas destruidas" -

Miles de hectáreas de tierras agrícolas en la periferia de Bengasi fueron divididas en parcelas de 500 metros cuadrados y vendidas para la construcción de viviendas sin planificación alguna ni control del Estado.

Las autoridades locales tienen graves problemas para contener este fenómeno y recuperar los sectores dañados por la guerra, lo que favorece la creación de barrios enteros no autorizados donde se han instalado desde 2014 familias desplazadas.

Varios barrios de la ciudad fueron destruidos por completo durante los violentos combates estos últimos años para expulsar a los grupos yihadistas que se habían atrincherado allí luego de 2011.

Sus habitantes tuvieron que encontrar soluciones de emergencia, no siempre legales, para no quedarse en la calle.

"Abandonamos nuestras casas del centro de la ciudad a raíz de la guerra", cuenta Jalal Al Gotrani, un empleado público de 48 años que construyó su vivienda en un nuevo barrio de esta ciudad, cuna de la revuelta de 2011.

"Al final de los combates, descubrimos nuestras casas destruidas, inhabitables. Ya no podíamos pagar el alquiler. Nos vimos obligados a construir una casa pequeña en un sector creado de manera informal por la gente, en ausencia del Estado o de una ayuda para rehabilitar los sectores destruidos", explica.

- En la calle -

Según Al Kazza, más de 50.000 viviendas escapan al planeamiento general de la ciudad y no responden a las normas de planificación en materia de rutas, espacios verdes, escuelas o centros sanitarios, pero sobre todo en cuestiones cruciales como las redes de agua y desagües.

Las autoridades municipales se esfuerzan para enfrentar el problema. "Frenen la construcción y contacten a la dirección" de planeamiento urbano, se puede leer en carteles con letras rojas colocados en obras no autorizadas en Bengasi.

En Trípoli, las necesidades en materia de vivienda son particularmente importantes. Los enfrentamientos alrededor de la capital el año pasado y los sangrientos combates en el Este han colocado bajo presión a la ciudad más grande del país, que ha visto llegar a decenas de miles de familias afectadas por la guerra, con un resultado de crisis de vivienda y aumento de los precios.

Desde hace algunas semanas, las autoridades locales llevan adelante una importante campaña contra las construcciones sin permiso que surgieron en la capital durante el caótico periodo posterior a la revuelta.

Así, decenas de comercios y viviendas ilegales han sido destruidos, dejando en la calle a sus ocupantes, instados a abandonar el lugar sin aviso previo y sin alternativas.

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