"La letra y la imagen", suplemento de EL UNIVERSAL

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CIUDAD DE MÉXICO, mayo 28 (EL UNIVERSAL).- El 7 de octubre de 1979, EL UNIVERSAL anunciaba la creación de un nuevo suplemento cultural que concebía a las letras y al arte con la importancia capital que merecían.

"La letra y la imagen" fue una revista que fijó una mirada crítica con dirección hacia la cultura. Fue pensada en aquellas y aquellos que "disfrutaban del buen cognac", o al menos, ese es el comparativo con el que apuntaban a las y los adeptos de las bellas artes.

Una pléyade de intelectuales estuvo a cargo de dar forma al proyecto; Juan José Arreola, José Bianco, Juan Goytisolo, Octavio Paz, Severo Sardury y Mario Vargas Llosa, todos ellos "distinguidos representantes de las letras y las artes mundiales", fueron dirigidos por Eduardo Lizalde, poeta, ensayista e impulsor del poeticismo.

El poeticismo fue un fenómeno narrativo que reflejaba la evolución artística de un poeta, contada desde la voz e interpretación de otro poeta.

"El poeta que desnuda, humildemente, los versos que otros escritores soberbios sin duda alguna, se aprontan a ocultar", explicaba la novelista Gabriela Rábago Palafox, sobre el movimiento que Lizalde desarrolló y teorizó en la obra "Autobiografía de un fracaso: el poeticismo".

Esta obra, publicada por Martin Casillas Editores en 1981, compilaba una serie de "¿poemas?", como se cuestionaba Lizalde así mismo, escritos en la época que el escritor rondaba por los 30 años de edad, que el autor presentaba de esta manera:

"Esta autobiografía del fracaso (El poeticismo), debería ser un libro que rememorara con humor y fervor, la hecatombe (sólo la parte que me toca a mí), de toda una experiencia artística de adolescencia, que dejó ver alarmantemente sus huellas perniciosas en los poemas y cuentos que penetraba ya el autor en la nada juvenil tercer década de su edad. Por ahora, me sirve el título para dar pie a la publicación de una serie de ¿poemas? Inéditos (leídos y conocidos en su época sólo por el reducido grupo de amigos y enemigos que los poeticistas frecuentábamos alegremente) y que son, a todas luces, desde el punto de vista estético, materiales generalmente nefastos".

La escritura del poemario tuvo lugar tres décadas antes de su publicación, entre 1940 y 1950. Pero el sueño comenzó a una edad todavía más temprana, cuando Lizalde oscilaba entre los 15 años. El poeta aspiraba en convertirse en un híbrido, entre la música, la literatura y las artes, que mezclara la armoniosidad del barítono Titta Ruffo, la precisión escultórica de Miguel Ángel y el cultismo de Góngora.

EL UNIVERSAL, en enero de 1982, narraba que "veinteañero, Eduardo Lizalde, se instala en el poeticismo junto al Enrique González Rojo. Escribe Lizalde: ´… Navegábamos con natural petulancia por el kindergarten del mundo literario bajo la mirada paternal de Enrique González Martínez (abuelo de aquél), que andaba entonces cerca de los 80 años y toleraba, estupefacto, pero cordial y animoso todas las atrocidades teóricas y líricas de las creaciones poeticistas´".

Gabriela Rábago Palafox que reseñó la autobiografía del fracaso, luego de leerla, no estaba muy clara sobre lo que era el poeticismo, pero de lo que sí estuvo cierta fue que representaba una postura de juventud y una fábrica de poemas desastrosos.

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