León Krauze y Yuriria Sierra, los moderadores que quisieron robarse el 2o. debate

Imagen tomada de YouTube

En el segundo debate entre candidatos a la presidencia de México los moderadores fueron León Krauze y Yuriria Sierra.

Dado que el ejercicio ofrecía la gran innovación de preguntas del público presente, había despertado gran expectación el modelo, totalmente innovador en México en cuanto a estos debates.

En cambio, lo que llamó la atención fue el protagonismo de los moderadores, marcadamente exigentes en obtener una respuesta, pero a los planteamientos originales de ellos, más que en dar seguimiento puntual hasta su término a lo planteado por alguno de los ciudadanos.

Cuestionado por un reclamo hacia su imparcialidad, por haberse pronunciado antes como abierto cuestionador de Andrés Manuel López Obrador, León Krauze llegó a la cita además con el antecedente de que hacía unas semanas AMLO, en una de sus descalificaciones a los analistas políticos, había restado credibilidad a su padre, el historiador Enrique Krauze.

Por cierto que lo anterior fue claramente explotado y aprovechado por Ricardo Anaya, quien, en turno ante León Krauze, hizo un elogio de la brillantez de su padre. En otro momento, una vez más acarició a León al felicitarlo por un libro de su autoría.

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Elucubraciones aparte, lo cierto es que el conductor, a pesar pues de esa desconfianza hacia su moderación en el trabajo para el que fue contratado, por obra –supongo- del formato, cuestionó insistentemente a López Obrador sobre el parámetro para medir el respeto que postulaba en la relación bilateral México- Estados Unidos.

Fue un momento desafortunado, por obra –insisto- del formato, que, a ojos de algunos, pudo sin embargo confirmar los temores que se tenían respecto al papel de Krauze.

… Más tarde se vería que hizo otro tanto con cada uno de los demás aspirantes.

Yuriria Sierra, por su parte, pudo también desconcertar al auditorio, pues es una periodista a quien las mayorías no están acostumbradas, no la conocen. En esos casos tiene que transcurrir un proceso de adaptación del público, de la extrañeza a una inicial familiaridad.

Actuó en contra de ella su estilo, que recuerda a la primera Adela Micha, con el descontrol que nos provocaba el no conocer su peculiar forma de conducir, de hablar incluso.

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Un rasgo que descalifica el trabajo de los periodistas, es uno muy común en el que se incurre pero que aquí no debió tener lugar: opinaron sobre alguna de las preguntas del público, diciendo “con la que estoy totalmente de acuerdo”. Mal, muy mal, porque equivale a decir que con las otras no, faltando, una vez más, a la equidad, ahora hacia los ciudadanos presentes.

Lo mismo cuando Sierra dijo un –cito de memoria- “ahora sí, como dice usted…”, haciendo suya la frase de uno de los contendientes. No es posible, por mínimo que parezca, así sea un mero recurso verbal, privilegiar las palabras que son de uno de los candidatos frente a todos ellos.

Fue un error permitir que Jaime Heliodoro Rodríguez, El Bronco, asignara de nuevo tareas a López Obrador, en este caso abrazar a sus contrincantes y firmar un documento. Los moderadores debieron frenarlo, llamar a que los candidatos se limitaran a su papel dentro de un debate de ideas, que no perdieran el valioso tiempo, mucho menos que jugaran con él.

APUNTE FINAL

-Si bien al público le gustan los moderadores puntillosos, es preciso que sean, ellos mismos, moderados.

-Entendiendo que Tijuana es un emblema del problema migratorio, fue terriblemente ominoso escogerlo como sede de un debate presidencial cuando allá mismo cayó acribillado un candidato a la presidencia.

hectorosoriolugo2013@yahoo.com.mx