Para Don Quijote y Sancho Panza todo son molinos

Leo Messi y Luis Suárez.

Cuando Leo Messi, en el papel de Don Quijote, mira al horizonte solo encuentra defensas arremolinados que se transforman en gigantes. A lo lejos, el singular caballero que protagoniza la novela del Barça 2019/2020 observa rivales imposibles de superar con sus actuales armas, pero eso no le impide tratar de superarlos. Su escudero, el fiel Luis Suárez, interpreta el papel de Sancho Panza, aunque ya hace tiempo que dejó de acompañarle en sus andanzas. La cabeza del ayudante, sumida en la locura, dibuja jugadas que su cuerpo ya no puede esbozar sobre el campo. La tragicomedia está servida en el Camp Nou.

Con una línea tan delgada entre el éxito y el fracaso, Messi trata de deshacer los entuertos que le aparecen en el camino a base de gestas individuales. En otras palabras, el argentino y capitán del Barça cabalga ataviado con el escudo y tiene entre ceja y ceja la tarea imposible de ganar esta Liga. De alargar un dominio histórico que reside en sus botas y para cuyo fin no encuentra aliados a su alrededor. Idealista y soñador, el hidalgo azulgrana no piensa frenar en su búsqueda de la gloria.

Ninguno de los fracasos cosechados en esta Liga bajo el mando de Quique Setién cada vez que le ha tocado enfrentarse a un contrario de entidad, Valencia, Real Madrid, Napoli, Sevilla y Atlético de Madrid, va impedir a Leo Messi batallar por su objetivo. Pero como del dicho al hecho hay un gran trecho, Messi se ve prácticamente solo sin un escudero que ha dejado de brindarle el mismo apoyo que antaño. Tan solo un joven e inexperto soldado apodado Riqui Puig está aumentando la moral del jinete en estos últimos tiempos.

El mapa de calor de Luis Suárez ante el Atlético de Madrid / Sofascore. El uruguayo tan solo disparó una vez a puerta, no ganó ni un solo duelo ni realizó ni un regate.

Si de noche todos los gatos son pardos, el ‘9’ del Barça es un delantero mortífero que parece y ya no es. De atemorizar defensas con muchos metros por delante y vapulear a defensas a través de su velocidad, potencia y explosividad en carrera, a esconderse entre los centrales y mimetizarse con el sistema defensivo rival. El uruguayo, de valor gol altísimo en cada partido pasado, no está a la altura de la situación.

A sus 33 años, el que en su día fue el mejor delantero del mundo, se va apagando progresivamente sin que el Barça halle el modo de maquillar sus carencias y potenciar sus virtudes. Es cierto que el sudamericano es capaz de marcar un doblete extraordinario dentro del área y acto seguido bajar un balón y descargarlo, pero en lugar de elevar el techo del Barça, lo hunde. Y es que sus piernas no dan para más. En un jugador que depende tanto de su estado físico para marcar la diferencia, el que no esté al 100% representa una daga en su juego.

A ello hay que sumarle los palos que le ha puesto al carro de Quique Setién donde, tras el empate en Vigo, afirmaba que el entrenador era el encargado de analizar qué le pasaba al equipo fuera de casa. Esto, junto a su bajo rendimiento en el tramo clave de la Liga, hace que su figura se erosione y se vuelva contraproducente para los intereses del propio club.

Luis Suárez acostumbra a ser una garantía competitiva en el día a día. Sin embargo, ya hace 4 años que no marca un gol a domicilio en la Copa de Europa. Un dato extremadamente preocupante que certifica la caída física del uruguayo. Por este motivo y por una cuestión generacional, el club debe reforzar la apuesta sobre el ‘9’ este mercado veraniego y buscar un nuevo escudero para el caballero Leo Messi.


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