El legado ambiental de Trump quizá sea el daño duradero al clima

Coral Davenport
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Usar la autoridad ejecutiva para restaurar las protecciones ambientales podría ser más difícil para el presidente electo Joe Biden con una Corte Suprema de mayoría conservadora. (Erin Schaff/The New York Times)
Usar la autoridad ejecutiva para restaurar las protecciones ambientales podría ser más difícil para el presidente electo Joe Biden con una Corte Suprema de mayoría conservadora. (Erin Schaff/The New York Times)
Los economistas ven pocas pruebas de que los retrocesos del presidente Donald Trump respecto de la protección del medioambiente hayan impulsado la economía. (Doug Mills/The New York Times)
Los economistas ven pocas pruebas de que los retrocesos del presidente Donald Trump respecto de la protección del medioambiente hayan impulsado la economía. (Doug Mills/The New York Times)

WASHINGTON — El presidente electo Joe Biden aprovechará los próximos cuatro años para tratar de restaurar las políticas ambientales que su predecesor ha deshecho metódicamente, pero el daño causado por la contaminación de los gases de efecto invernadero y desatada por los desmantelamientos del presidente Donald Trump podría ser uno de los legados más profundos de su único periodo de gobierno.

La mayoría de las políticas ambientales de Trump, que eliminaron o debilitaron cerca de cien normas y reglamentos en materia de contaminación del aire, el agua y la atmósfera, pueden ser revocadas, aunque no de forma inmediata. Contaminantes como el hollín industrial y los productos químicos pueden tener efectos duraderos en la salud, especialmente en las comunidades minoritarias, donde a menudo se concentran. Sin embargo, la calidad del aire y la pureza del agua pueden restaurarse cuando las emisiones vuelvan a estar bajo control.

Eso no aplica al clima global. La contaminación por gases de efecto invernadero se acumula en la atmósfera, por lo que los gases que atrapan el calor emitidos como resultado del debilitamiento de las normas permanecerán ahí durante décadas, sin importar los cambios en las políticas.

“Históricamente, siempre hay un péndulo que oscila entre los gobiernos demócrata y republicano en materia del medioambiente y, en teoría, el medioambiente puede recuperarse”, comentó Jody Freeman, profesora de Derecho Ambiental en la Universidad de Harvard y exasesora del gobierno de Obama. “Se pueden establecer reglas que limpien el aire y el agua. No obstante, el cambio climático no funciona así”.

Además, el desmantelamiento de las políticas de emisiones que hizo Trump llegó en un momento crítico: en los últimos cuatro años, el nivel global de gases de efecto invernadero en la atmósfera cruzó un temido umbral de concentración atmosférica. Ahora, muchos de los efectos más dañinos del cambio climático son irreversibles, incluyendo el aumento del nivel del mar, tormentas más letales, un calor más devastador, sequías e incendios forestales.

En Estados Unidos, a Biden podría resultarle más difícil que a su exjefe, el expresidente Barack Obama, recurrir a la autoridad ejecutiva para crear normas estrictas y duraderas en torno al cambio climático, ya que se espera que la mayoría conservadora conformada por seis jueces en la Corte Suprema considere desfavorables las políticas que amplían de manera importante la autoridad de los organismos federales para regular la industria.

Además, en el extranjero, la influencia que alguna vez tuvo Estados Unidos en las conversaciones sobre el clima se vio perjudicada casi con toda certeza por el desmantelamiento de políticas y la retirada del Acuerdo de París de 2015 durante el gobierno de Trump. Esas medidas frenaron los esfuerzos internacionales para reducir las emisiones e incitaron a otros gobiernos a seguir el ejemplo de Estados Unidos en el debilitamiento de las normas de emisiones, aunque ninguno ha salido del acuerdo como lo hizo Estados Unidos.

Todo eso significa que, aunque Biden se esfuerce por promulgar normas nacionales sobre el cambio climático y vuelva a unirse al Acuerdo de París, las emisiones atribuibles a las acciones de Trump continuarán y orillarán al planeta aún más hacia una zona de peligro de la que, según los científicos, será mucho más difícil escapar.

“El hecho de que las emisiones globales en 2020 sean mucho más altas que las de hace 10, 20 o 30 años, implica que un año desperdiciado en el gobierno de Trump por no actuar en materia del clima tiene consecuencias mucho mayores que un año desperdiciado en el gobierno de Ronald Reagan, George W. Bush o Bill Clinton”, explicó Michael Wara, experto en clima y energía de la Universidad de Stanford.

Los analistas dicen que los últimos cuatro años representaron una ventana estrecha de posibilidad en la que las economías más contaminantes del mundo, en conjunto, pudieron haber trazado un camino hacia la reducción de la tasa de emisiones que calientan el planeta. Con ese fin, un informe científico de 2018 halló que las economías del mundo tendrían que reducir las emisiones en un 45 por ciento respecto de los niveles de 2010 para 2030, y las políticas para lograrlo deberían ser implementadas rápidamente.

Pero en la economía más grande del mundo, comenzaron a deshacerse.

“Hemos perdido tiempo muy valioso de la lucha contra el cambio climático que no podemos permitirnos”, dijo Richard Newell, presidente de Resources for the Future, una organización apartidista de investigación enfocada en la energía y el medioambiente en Washington. “Hay un daño severo. No se puede poner precio a las consecuencias de ignorar el clima durante cuatro años. Es un problema enorme que debe ser enfrentado con un impulso a largo plazo y una dedicación extrema, y hemos perdido eso”.

Un análisis reciente del Grupo Rhodium, una organización apartidista de investigación, halló que, si siguieran adelante los cinco mayores retrocesos de control climático de Trump, incluyendo las normas sobre las emisiones de dióxido de carbono de los tubos de escape de los automóviles y las centrales eléctricas, así como las fugas de metano de los pozos de petróleo y gas, 1800 millones de toneladas métricas adicionales de gases de efecto invernadero estarían en la atmósfera para el año 2035. Eso es más que las emisiones de energía combinadas de Alemania, el Reino Unido y Canadá en un año.

Suponiendo que Biden logre reimplementarlas, pasarían dos años antes de que esas normas se concretaran legalmente, lo que permitiría aún más emisiones.

“Si Biden vuelve a poner en marcha las reglas, las emisiones serán menores que las de nuestro estudio, pero aun así tendrán un efecto duradero”, comentó Hannah Pitt, coautora del estudio.

Sobre el desmantelamiento que realizó Trump de las normas del gobierno de Obama con respecto a la economía de los combustibles para automóviles, que habrían reducido las emisiones de dióxido de carbono de los tubos de escape, comentó: “Los cuatro años del gobierno de Trump más uno o dos años adicionales para establecer una norma implican que los automóviles comprados en ese periodo serán menos eficientes y quemarán más combustibles fósiles de los que habrían consumido de otro modo. Y esos autos podrían seguir usándose durante diez o doce años. Y una vez que esos gases de efecto invernadero estén en la atmósfera, atraparán el calor durante décadas”.

Tampoco es seguro que Biden pueda restablecer todas esas reglas, y mucho menos volverlas más estrictas. El gobierno de Biden puede restablecer legalmente las protecciones ambientales en algunos terrenos públicos que Trump habilitó para la extracción de petróleo y gas, pero usar la autoridad ejecutiva para redactar regulaciones de gran alcance sobre las emisiones de chimeneas y tubos de escape puede ser más problemático ante una Corte Suprema conservadora con mayoría de seis a tres.

Los expertos legales dicen que el nombramiento de los jueces Neil Gorsuch, Brett Kavanaugh y Amy Coney Barrett por parte de Trump podría ser parte importante del legado climático de Trump, sobre todo si Biden no puede convencer al Congreso de que promulgue nuevas leyes en torno al cambio climático. Entonces trataría, como lo hizo Obama, de utilizar la autoridad ejecutiva de la Agencia de Protección Ambiental para controlar la contaminación provocada por los gases de efecto invernadero.

“Creo que la nueva Corte Suprema va a hacer mucho más difícil la aplicación de las políticas climáticas mediante la regulación de lo que era hace cuatro años”, señaló Wara. “No es evidente que Biden pueda volver a una versión más estricta de las regulaciones de Obama. No es tan fácil cuando tienes una corte que mira con mucha más desconfianza a las agencias que ejercen la autoridad del poder ejecutivo”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company