Las lecciones del disidente cubano Oswaldo Payá | Opinión

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El mundo está inmerso en luchas por la democracia; en Ucrania y Bielorrusia, en Cuba y Birmania, en Rusia, China y Venezuela, entre otros.

Muchas personas están arriesgando sus vidas para garantizar el derecho a expresarse, pensar, rendir culto y asociarse como deseen. ¿Qué hace falta para enfrentarse contra un poderoso régimen autoritario?

Hay lecciones importantes en la vida como el trabajo del líder opositor cubano Oswaldo Payá, quien murió en un sospechoso accidente automovilístico hace 10 años.

Al estudiar la búsqueda durante años de Payá de la democracia y los derechos humanos para una nueva biografía, Give Me Liberty, (Dame Libertad) descubrí que su camino fue duro y solitario.

A menudo fue vigilado y amenazado por la seguridad estatal, y carecía de medios y recursos para llegar a la gente. Solo Fidel Castro dominaba Cuba como el maestro de las masas, y se deleitaba movilizando a las multitudes frenéticas.

Afuera de la revolución, Oswaldo Payá no tenía acceso a la radio, la televisión o los periódicos, ni el poder de las redes digitales actuales. No tenía otra forma de llegar a la gente que ir de casa en casa, de persona en persona.

La creencia fundamental de Oswaldo era que los derechos de cada persona son otorgados por Dios, no por el Estado. Durante mucho tiempo, habló del objetivo de una Cuba libre, pero no estaba nada seguro de cómo llegar a ella. Pasó años en una frustrante experimentación de ensayo y error.

De adolescente protestó contra el sofocamiento de la Primavera de Praga con tanques soviéticos en 1968 y fue enviado a los campos de trabajos forzados de Castro. Más tarde, como miembro del laicado católico, Oswaldo instó a los líderes de la Iglesia a defender los derechos humanos, pero, debilitados por décadas de represión, estaban más interesados en la reconciliación que en la confrontación.

Oswaldo no podía permanecer en silencio. Con varios amigos, empezó a publicar un folleto, Pueblo de Dios, rebosante de sus ideas y su compromiso con la verdad y la libertad.

Conocía una estipulación de la Constitución cubana que se había pasado por alto durante mucho tiempo, según la cual los ciudadanos podían iniciar una legislación a través de una petición que requería 10,000 firmas. En la década de 1990, cuando el colapso de la Unión Soviética sumió a Cuba en la desesperación económica, Oswaldo decidió usar las leyes del Estado contra este mismo.

Esta estipulación sería su herramienta. En 1991 comenzó a recolectar firmas para un referendo, un diálogo nacional y un cambio democrático. Pero fue objeto de un acto de repudio en el que matones respaldados por el gobierno saquearon su casa y pintaron grafitis en las paredes exteriores: “Payá, gusano”; “ Agente de la CIA”; y “Viva Fidel”.

Oswaldo se levantó y empezó de nuevo. Escribió un detallado “programa de transición” de 46 páginas. Pero era demasiado complejo. En 1995, se unió a otros para formar un grupo de la sociedad civil, Concilio Cubano. La seguridad estatal de Castro arrestó a los líderes y lo cerró.

Finalmente, Oswaldo propuso un enfoque sencillo y directo, el Proyecto Varela, con cinco exigencias de libertad. Sorprendentemente, durante varios años, al menos 35,000 personas firmaron, con nombres, domicilios y números de identificación. Se visibilizaron para ser contados.

Por su esfuerzo, Payá estuvo a menudo en el punto de mira de la seguridad del Estado. Setenta y cinco periodistas y activistas independientes, incluidos los que habían trabajado con él, fueron arrestados y encarcelados en el 2003, durante la “Primavera Negra.” Muchos de ellos fueron condenados a largas penas de prisión por el mero hecho de recolectar firmas para el Proyecto Varela.

Hoy en día, casi diez veces más personas están detenidas injustamente en Cuba por haber participado en las protestas del 11 de julio de 2021, en las que muchos levantaron la mano formando la “L” de Liberación que era un signo del movimiento de Oswaldo.

Significativamente, el Proyecto Varela surgió de las profundas frustraciones de la vida cotidiana en Cuba. Dos décadas después, esas privaciones no han disminuido, y han vuelto a provocar la protesta.

Payá fue un pionero de la generación del 11J.

Payá sabía que su trabajo era arriesgado. Recibió repetidas amenazas de muerte.

Una vez le confió a un amigo: “Veo muy pocas posibilidades de salir vivo;” El accidente automovilístico en el que murió el 22 de julio de 2012, nunca ha sido investigado satisfactoriamente. ¿Quién embistió el coche por detrás y por qué?

Oswaldo demostró que una sola voz decidida puede inspirar el cambio, incluso en un sistema totalitario. Nunca vivió en un estado de libertad, pero la libertad vivía en su mente. Como dijo recientemente un comentarista en Ucrania, para asegurar la democracia hay que estar dispuesto a luchar por ella sin descanso, con las manos desnudas si es necesario.

David E. Hoffman es el autor de Give Me Liberty: The True Story of Oswaldo Payá and his Daring Quest for a Free Cuba, que será publicado el 21 de junio por Simon & Schuster.

Hoffman aparecerá en persona para hablar sobre su libro en ingles el miércoles 22 de junio a las 7:30 p.m. en Books & Books en 265 Aragon Ave. ,Coral Gables. Reserva tu asiento aquí.

Hoffman
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