Lecciones que debimos aprender en diciembre para no tener una tercera ola de COVID tan grave

Andrea Vega (@EAndreaVega)
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México tendrá una tercera ola de contagios de COVID-19 y tendrá también una cuarta y quizá una quinta. Las oleadas de casos de esta enfermedad seguirán en todos los países hasta que se logre la inmunidad de rebaño de las poblaciones. No hay otra forma de evitarlas. Lo que sí se puede hacer es reducir la intensidad de cada nueva ola. Y hay lecciones que dejó la segunda, la de diciembre, que se deberían haber aprendido para tener un menor número de enfermos y fallecidos en las próximas semanas.

Mientras el virus esté circulando y no haya una inmunidad suficiente en la población como para que no se produzcan repuntes en los contagios a consecuencia de la interacción entre las personas, las olas o los repuntes de casos de COVID-19 no se podrán evitar, explica Jorge Baruch Díaz, responsable de la Clínica de Atención Preventiva del Viajero de la UNAM.

En México, dice, esa inmunidad de rebaño no se va alcanzar sino hasta dentro de un año, más o menos, y si no se quieren tener olas tan graves como la de diciembre y enero pasado habrá que modificar lo que hizo mal y corregir.

“El chiste es que las olas que vengan más adelante sean menos intensas que las anteriores y eso se puede lograr aprendiendo de los errores que cometimos en la primera y segunda ola, ¿cuáles fueron? Básicamente la estrategia de comunicación (en el país para responder a la pandemia) es muy deficiente. A veces hay mensajes encontrados y esto confunde a las personas”.

Baruch Díaz explica que se necesitan mensajes unificados por parte de los tres sectores: gobierno, tanto federal, como los estatales y locales; la iniciativa privada y la sociedad civil. “Si las empresas empiezan a decir salgan de viaje y el gobierno dice, con nada más una conferencia de prensa, no no salgan de viaje, no hay una consistencia en los mensajes y es probable que no tengamos un impacto”.

Lo otro es que si se empiezan a reactivar actividades no esenciales en algunos estados de la República, precisa el especialista, se debe intensificar la búsqueda de casos asintomáticos (responsables del 80% de los contagios) para poder cortar las cadenas de transmisión de manera temprana.

“Si no evolucionamos la estrategia de pruebas que se hacen en la población al momento de abrir algunas actividades no esenciales, como es la educación presencial, vamos a fallar nuevamente en el control de la intensidad de las siguientes olas”.

En cuanto a qué le toca a la población, le toca esta vez sí acatar la medida de quedarse en casa en vacaciones. “Estamos como al principio de la epidemia, cuando nos tuvimos que quedar en casa en Semana Santa, así tiene que ser otra vez”, advierte Baruch Díaz.

Y aunque en diciembre la recomendación de autoridades y especialistas señalaba que se podían hacer reuniones de no más de seis personas o de dos casas, el director de la Clínica de Atención Preventiva del Viajero de la UNAM, dice que lo recomendable es reunirse solo con la gente con la que se habita en una misma vivienda.

“Se ha establecido un ranking mundial de las medidas que resultan más efectivas y una de las principales es la cancelación de las reuniones, incluso las de grupos pequeños, así se va a incidir de manera efectiva en disminuir la intensidad de la transmisión del virus”.

Sobre las salidas y reuniones al aire libre, dice que si se quiere salir a dar un paseo, no hay que ir a lugares abiertos a los que tradicionalmente irá mucha gente, sino buscar opciones menos populares, en los que la concurrencia será menor. No hay que dormir fuera de casa, cualquier lugar de hospedaje conlleva su riesgo de contagio y no, no se debe salir de vacaciones.

Los únicos viajes que se deberían hacer en una epidemia como esta son por tres motivos: por repatriación, por una urgencia laboral o por ir ayudar a un familiar o un amigo que tenga un problema y requiera el apoyo. Ir a la playa a divertirse es ir a ponerse en riesgo y arriesgar a las personas vulnerables con las que se convive.

“No debe haber playas llenas, porque si no nos va a pasar lo mismo que en enero. No hay que volcarse a viajar, ni todo el mundo debe salir a la calle y abarrotar restaurantes. Si no moderamos la interacción social, vamos a repetir lo mismo”.

Justo de los alimentos e ir a restaurantes, Baruch Díaz dice que lo mejor es preparar la comida en casa. Si se va a ir a comer a algún lugar, lo menos arriesgado es hacerlo en un espacio al aire libre, en una terraza, por ejemplo. Ingresar a un lugar y además comer son dos acciones que aumentan el riesgo de contagio.

Y si se sale al espacio público o se tiene interacción con personas ajenas al domicilio hay que utilizar el cubrebocas, bien utilizado: cubriendo nariz y barbilla, no solo la boca.

“Esperamos que todos hayamos aprendido las lecciones de diciembre, pero ya lo veremos en los próximos días”, remata el especialista.

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