LeBron y Dak, háganse a un lado y denle paso a Banjo y Kazooie

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Trofeos de fútbol en la repisa de la chimenea en Frisco, Texas, el 20 de noviembre de 2021 (Jake Dockins / The New York Times).
Trofeos de fútbol en la repisa de la chimenea en Frisco, Texas, el 20 de noviembre de 2021 (Jake Dockins / The New York Times).

FRISCO, Texas — Un aro de baloncesto en miniatura cuelga de la puerta del dormitorio. Los trofeos de fútbol son prominentes en la cómoda. Cada deporte compite por el tiempo y la atención de David y Matthew Grimes. Pero ambos están perdiendo terreno frente a otro elemento básico de la adolescencia: la consola de videojuegos.

David, de 13 años, y Matthew, de 11, son atletas incipientes de los deportes electrónicos.

David toca sus controladores y escucha la charla de estrategia de un entrenador de la YMCA los lunes por la noche. El miércoles, se enfrenta contra todos los que se presenten. Matthew tiene un juego de la liga el jueves. Al menos un fin de semana al mes, compiten en un torneo de Super Smash Bros. Ultimate.

David y Matthew son parte de una creciente migración entre los miembros de la generación Z, como se suele etiquetar a los nacidos entre 1997 y 2012, lejos de las canchas de baloncesto y de fútbol construidas para generaciones anteriores y hacia sus consolas de videojuegos, como la PlayStation y la Xbox.

Es un juego en el que nadie gana ni pierde: muchos niños, incluidos los Grimes, disfrutan de los deportes tanto virtuales como físicos. Pero está claro que el auge de los deportes electrónicos se ha producido a expensas de los deportes juveniles tradicionales, con implicaciones para su futuro y para la forma en que crecen los niños.

Los deportes electrónicos recibieron un impulso, en particular a nivel de base, durante la pandemia. Entre el aprendizaje en casa y el cierre de los deportes juveniles, una generación inmersa en la alta tecnología encontró aún más escape e interacción en sus teléfonos inteligentes y consolas.

La participación en deportes juveniles estaba disminuyendo incluso antes de la COVID-19: en 2018, solo el 38 por ciento de los niños de 6 a 12 años practicaban con regularidad deportes de equipo, en comparación con el 45 por ciento en 2008, según la Asociación de la Industria de Deportes y Fitnes (SFIA, por su sigla en inglés).

Matthew Grimes, de 13 años, a la izquierda, y su hermano David, de 11, juegan videojuegos en su casa en Frisco, Texas, el 20 de noviembre de 2021 (Jake Dockins / The New York Times).
Matthew Grimes, de 13 años, a la izquierda, y su hermano David, de 11, juegan videojuegos en su casa en Frisco, Texas, el 20 de noviembre de 2021 (Jake Dockins / The New York Times).

En junio de 2020, los primeros días de la pandemia, el 19 por ciento de los padres con hijos que participaban en deportes juveniles dijeron que su hijo o hija no estaba interesado en practicar deportes, según una encuesta realizada por el Programa de Sociedad y Deportes del Instituto Aspen. Para septiembre de 2021, esa cifra era del 28 por ciento.

En promedio, los niños practican un deporte menos de tres años y lo abandonan a los 11 años de edad, según la encuesta. ¿Por qué? La mayoría de las veces ocurre porque ya no es divertido.

El interés menguante en los deportes no es sorprendente cuando el 87 por ciento de los adolescentes en Estados Unidos tiene un iPhone, según una encuesta realizada a 10.000 jóvenes por el banco de inversión Piper Sandler, o cuando el 26 por ciento de los jóvenes de la generación Z nombró a los videojuegos como su actividad de entretenimiento favorita, en comparación con el 10 por ciento que eligió ver la televisión.

“Hay muchas más cosas que compiten por la atención de los jóvenes: los deportes electrónicos son de los que más lo hacen”, dijo Travis Dorsch, profesor asociado y director fundador del Laboratorio de Familias en el Deporte de la Universidad Estatal de Utah. “A medida que los niños crecen, hay más presión desde el ámbito académico y social. Estamos viendo muchos abandonos. Esto crea un ajuste de cuentas para los deportes juveniles”.

El complejo industrial de los deportes para jóvenes, de más de 19.000 millones de dólares –con su entrenamiento privado, viajes interestatales y bates de béisbol de 350 dólares– tiene parte de la culpa. Las temporadas de diez meses en busca de una beca universitaria en un solo deporte pueden significar que los entrenadores demasiado entusiastas les griten a los niños y que los padres gasten miles de dólares en cuotas de equipo y costos de viaje.

“Estamos en un momento de inflexión para los deportes en Estados Unidos”, dijo Tom Cove, presidente y director ejecutivo de la SFIA, que compila un informe anual sobre la participación en deportes. “Mientras las familias estaban en casa durante la pandemia, no tenían que llevar a sus hijos a las prácticas cuatro noches a la semana”.

“Esto les gustó. Así que decidieron que debe haber una mejor vía”.

Para Tony y Dawnita Grimes, esa vía los llevó a la YMCA de Metropolitan Dallas y a un mayor aprecio por los deportes electrónicos.

Que comiencen los juegos

Frisco, una ciudad de 200.000 habitantes a unos 45 kilómetros al norte de Dallas, es territorio de fútbol americano. Es el hogar de The Star, la sede mundial de los Cowboys de Dallas.

David Grimes usa una camiseta de los Cowboys y puede contarte sobre el mariscal de campo del equipo, Dak Prescott. Cuando abrió The Star, David fue elegido para llevar el casco del apoyador Leighton Vander Esch antes de una sesión en el campo de entrenamiento de la pretemporada.

Tony Grimes es ejecutivo de ventas de PepsiCo. Jugó fútbol americano en el bachillerato mientras crecía en el sur de Los Ángeles. Dawnita Grimes, abogada, estuvo en equipos de baile y tenis mientras crecía en Kentucky.

Tony y Dawnita Grimes alejan a sus hijos del fútbol americano por el riesgo de sufrir lesiones, pero fomentan la práctica del fútbol, la natación, el baloncesto y el golf. Quieren que los niños estén bien formados, así que David toca la trompeta y Matthew el piano. A veces, la premura de la escuela, los deportes y otras actividades condujo a cenas rápidas o a hacer las tareas con retrasos. Los Grimes estaban ocupados, pero eran expertos en manejar los ritmos de la vida familiar.

Luego llegó la pandemia. La cancelación de los juegos dejó a los chicos con tiempo de sobra.

“Debido a la COVID, comencé a jugar videojuegos”, contó David Grimes.

Matthew, el hermano pequeño, hizo lo mismo.

Su madre y su padre también estaban inmersos en sus propias pantallas, y en un acto ya habitual para muchos padres, no fueron tan estrictos como solían serlo con respecto al tiempo que sus hijos pasaban con sus dispositivos.

“Oh sí, fue un salvavidas”, dijo Dawnita Grimes. “Los chicos fueron separados de sus amigos. La mayoría no había intercambiado números o no conocía los apellidos de los demás. A menos que conociéramos a sus padres, fue difícil mantener una comunicación, excepto a través de estos juegos, aunque me cueste reconocerlo”.

Tony Grimes admite que le gusta tomar los controladores de sus hijos e intentar dominar otro universo. Más allá de la paz y la tranquilidad que le brindaba el tiempo que David y Matthew pasaban frente a las pantallas, adquirió un nuevo aprecio por las habilidades que se requieren para ser competitivo.

“Tienes que estar concentrado, entender la estrategia y tener una buena coordinación de ojos y manos”, comentó.

Una noche reciente, David llevó la consola de juegos al piso de abajo para poder contarle a Matthew, a sus padres y a un visitante lo que había aprendido la noche anterior con el tutorial en línea de la YMCA. Ambos chicos sostuvieron sus controladores con suavidad, como si tuvieran un pájaro en la mano.

“No es suficiente ver los juegos, tienes que jugarlos”, afirmó David Grimes. “Así que tienes que encontrar un personaje con el que seas bueno”.

“Elige a Hero o a Cloud”, exclamó Matthew mientras su hermano rotaba los personajes con el controlador.

Los deportes electrónicos permiten que los niños se diviertan con sus amigos incluso cuando no están juntos. Los auriculares permiten a los jugadores hablar, o a menudo gritar, entre sí como si estuvieran sentados uno al lado del otro. Cualquiera que haya escuchado a sus hijos o hijas competir en línea ha oído que al menos un lado de la conversación se da con tanta facilidad como la conversación cruzada entre dos jugadores de baloncesto en el patio de recreo durante una partida de HORSE.

“La jerarquía que por lo general se encuentra en los deportes tradicionales se ha ido, todo el mundo está ahí”, dijo Dorsch, quien fue uno de los investigadores principales del estudio del Instituto Aspen. “Es más una meritocracia”.

En la familia Grimes, el amor por los deportes se transmitió de manera tradicional. Durante los juegos de uno contra uno en el aro miniatura que cuelga de la puerta del dormitorio, Tony Grimes siempre fue Michael Jordan y David fue LeBron James. Esto le ofreció a Tony Grimes la oportunidad de contarles a los chicos sobre un héroe de su juventud y cómo se comparaba con uno de sus héroes.

Ahora, esas conversaciones a menudo se invierten. Tony Grimes escucha a David hablar sobre por qué prefiere a Banjo y Kazooie, personajes de Super Smash Bros., sobre otros avatares de juegos. En lugar de porcentajes de tiros y promedios de puntuación, la conversación es sobre movimientos que realizas con el botón B del controlador o acerca de movimientos especiales que pueden significar la diferencia entre la victoria y la derrota.

“Este es mi personaje favorito, pero no soy bueno jugando con él”, relató David, evocando a un personaje llamado Hero en la pantalla. “Hay algunos personajes con los que realmente quieres ser bueno. Yo no lo soy. Aún”.

Entonces, ¿Banjo y Kazooie son más importantes para ti que LeBron y Dak?

“Sí, bastante”, respondió David, “porque esos son los personajes con los que tengo que jugar si quiero ganar un partido o un torneo”.

Un nuevo campo de juego

David tiene muchas oportunidades para competir. En abril, la YMCA de Estados Unidos lanzó un programa piloto de deportes electrónicos a nivel nacional en 120 de sus sucursales en el país. Fue un éxito inmediato en el área de Dallas, donde más de 500 niños, en edades de secundaria y bachillerato, participaron en sus programas.

“Sabíamos lo populares que eran los juegos y el hecho de que los torneos se pudieran llevar a cabo de manera remota nos brindó una forma de interactuar con los niños durante la pandemia”, explicó Rodney Black, director de programas de la YMCA de Metropolitan Dallas. “El interés fue inmediato y sigue creciendo. El plan es tener una sala de videojuegos en el lugar en 2022”.

Fue este tipo de reconocimiento tradicional lo que convenció a Dawnita Grimes de abrir un poco más el mundo virtual para sus hijos.

“Escuchas historias sobre depredadores y te preocupas por lo adictivos que son estos juegos”, dijo. “Aquí está organizado y supervisado, y no tienes que preocuparte por el lenguaje inapropiado y la falta de espíritu deportivo”.

David ganó un torneo y Matthew venció a su hermano mayor en otro. Aun así, ninguno ha abandonado el fútbol y ambos esperan con ansias volver a practicar tenis, golf y natación en la primavera y el verano.

© 2021 The New York Times Company

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