La lealtad militar, la gran incógnita del gobierno chavista

Ramiro Pellet Lastra

El año 2018 fue el fin del romance incondicional entre el gobierno chavista y el sector militar. Parecían amigos en las buenas y en las malas. Pero no todo es color de rosa. O al menos no lo es para el gobierno de Nicolás Maduro, que bajo acusaciones de rebelión, traición y conspiración desató a lo largo del año una cacería de brujas contra efectivos de las tres fuerzas.

Y lo peor estaba por venir. Una investigación de Human Rights Watch (HRW) y el Foro Penal venezolano reveló ayer que decenas de militares, familiares o simples conocidos fueron sometidos a un esquema de torturas sistemáticas en la cárcel militar de Ramo Verde y otras prisiones de mala fama.

El gobierno lanzó contra los militares detenidos las acusaciones genéricas de rebelión, traición a la patria y conspiración. Todos delitos de amplio espectro y sin la menor evidencia documental ni precisión jurídica, para los que se decidió suministrar el tratamiento estándar de detención y tortura.

Los 32 casos de torturas catalogados sugieren en el fondo la preocupación del gobierno por la lealtad de los militares en medio de la crisis económica y social. Algunos fueron detenidos por criticar al gobierno. Otros, la mayoría, fueron detenidos por si acaso, sin más evidencias que el supuesto de ser cómplices de alguna trama maléfica.

"Maduro ha tenido un esquema de vigilancia sobre el sector militar en esos seis años que se manifiesta de distintas formas. Y eso incluye hacer ver que quien cometa un error va a ser castigado", dijo a la nacion la especialista en temas castrenses Rocío San Miguel, directora de la ONG Control Ciudadano.

Se trata de enviar mensajes de advertencia para quien quiera hacerse el héroe. Y para eso no escatiman en perversidad.

Según el informe, los agentes de inteligencia no solo están torturando a miembros de las fuerzas armadas, sino que están yendo contra civiles más o menos vinculados a los sospechosos. En la mayoría de los casos están involucrados el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) y la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim), dos sabuesos del espionaje chavista que no ahorran en golpes y balas.

En una de las redadas más espectaculares del año, miembros de la Dgcim se enfrentaron a los tiros con guardias nacionales en el modesto barrio de Petare, en el este de Caracas, cuando intentaban detener al sargento mayor Jorge Morillo por conspiración. Morillo escapó, pero los agentes detuvieron a uno de los guardias que lo defendía.

"Los detenidos con los que hablamos fueron sometidos a golpizas brutales, asfixia con bolsas, shocks eléctricos? En un caso le cortaron la planta de los pies con una hoja de afeitar", dijo a la nacion la abogada Tamara Taraciuk, encargada para Venezuela de HRW. "Y si no encuentran al acusado se llevan al hijo, al padre, a la madre o a otro civil al que de alguna manera conectan con la persona".

La tragedia tuvo ribetes de farsa. Está el caso de un taxista al que detuvieron por haber llevado a uno de los sospechosos. O al hombre arrestado por regalarle un celular a su pareja y que supuestamente utilizó para comunicarse con otros camaradas. O la estudiante del interior que vivía con sus tíos y fue detenida por "recibir dinero" de la tía, una supuesta disidente.

El informe destaca un patrón de tortura y detenciones arbitrarias que se vienen documentando desde 2014, un año de protestas en las calles que acabaron con cientos de manifestantes detenidos y maltratados. Ahora les llegó el turno a los militares que se consideren disidentes y que son sometidos al mismo rigor que se reservaba a la gente sin uniforme.

Puertas adentro crece el malestar. Por la crisis social del país. Por su propia situación económica. Por la represión a los suyos. "Hay un cuadro de frustración y desconcierto, pero no tan fuerte para generar un cambio a partir del día de mañana, dijo San Miguel.

"Evidentemente hay descontento dentro de algunos sectores", coincidió Taraciuk. "Yo entrevisté a militares fuera del país que salieron de Venezuela quejándose de las mismas cosas que los civiles".

Hasta ahora la reacción de los militares, más que la rebelión ha sido la migración, como millones de compatriotas. El Comando General de las fuerzas armadas denunció esta semana la deserción de 4300 militares. Un día salieron de licencia y, como quien no quiere la cosa, se fueron a otro país.