Los latinos tienen una larga historia en Wisconsin. Así es como moldearon la economía y encontraron el sueño americano.

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Ernesto Gonzalez Jr. es presidente de Casa Hispana, una organización sin fines de lucro en Menasha que ayuda a los hispanos principalmente en los condados de Calumet, Outagamie y Winnebago. Gonzales, quien pasó sus primeros años como trabajador agrícola migrante, fue uno de los fundadores de Casa Hispana.
Ernesto Gonzalez Jr. es presidente de Casa Hispana, una organización sin fines de lucro en Menasha que ayuda a los hispanos principalmente en los condados de Calumet, Outagamie y Winnebago. Gonzales, quien pasó sus primeros años como trabajador agrícola migrante, fue uno de los fundadores de Casa Hispana.

Cuando Carlos Muñoz llegó a Estados Unidos en 1973, solo pensaba en vacacionar.

Los familiares que vivían en Aurora, Illinois, habían estado tratando de convencerlo durante algún tiempo para que viniera a los Estados Unidos y se quedara, pero él creía que tenía un buen trabajo en México. No quería mudarse.

“Toda mi familia estaba aquí”, dijo. “Yo era el único que vivía en México y tenía un trabajo estable en el Banco Nacional como contador”.

Durante esa visita, su cuñado, Esteban de León, quien trabajaba como supervisor en una fábrica, lo llevó a una zapatería.

Curioso, le preguntó a De León si estaba comprando zapatos nuevos. "No", su cuñado respondió: "Tú eres - calzados de seguridad".

"¿Por qué los necesitaría?" preguntó Muñoz.

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In English: Latino people have a long history in Wisconsin. Here's how they've shaped the economy and found the American dream.

“Quiero que trabajes en la fábrica por una semana”, le dijo de León. “Si te gusta, puedes quedarte. Si no, entonces pues está bien".

Muñoz trabajó durante una semana y le pagaron. Luego trabajó durante otra semana con un día de pago de horas extras.

“En México tenía un trabajo asalariado. Podrías laborar 15 horas y no recibirías ni un centavo extra. Aquí, en dos semanas, gané mucho más”, dijo. “Mi perspectiva cambió, decidí quedarme”.

De Aurora, él y su familia se mudaron a Racine y luego a Oshkosh. En ese momento, no vivían muchos Hispanos o Latinos en Oshkosh, dijo.

“Había como cinco familias y todos nos conocíamos”, dijo Muñoz. “Ahora es diferente. La población ha aumentado considerablemente”.

En Oshkosh, la población hispana ha crecido a 3,000 personas, o el 4,4% de la población de la ciudad. Alrededor de un tercio de esos residentes se mudaron a la ciudad en los últimos diez años, según el Censo de EE.UU. de 2020.

El cambio en Oshkosh se refleja en todo el noreste de Wisconsin, un área donde los recién llegados hispanos y latinos, —a diferencia de Muñoz cuando se mudó a Oshkosh—, pueden encontrar cada vez más comunidades multigeneracionales establecidas, que ofrecen un sistema de apoyo que facilita la mudanza a una nueva ciudad.

En Green Bay, hogar de la población hispana más grande al norte de Milwaukee, los hispanos representan más del 40% de la población en los vecindarios que se encuentran dentro de cuatro distritos censales en el lado este de la ciudad. Casi uno de cada cinco residentes de Green Bay se identificó como hispano en el censo de 2020.

Muñoz se quedó en el noreste de Wisconsin por las mismas razones que atraen a otras personas a la región: encontró seguridad para criar a su familia y mejores oportunidades laborales.

Después de obtener una licencia de soldadura, trabajó en Oshkosh Corp. durante 35 años antes de jubilarse hace cuatro años. En 2014, después de mudarse a Fond du Lac, se convirtió en ciudadano estadounidense y votó por primera vez en las elecciones de noviembre de ese año.

Carlos Muñoz Sr. de Fond du Lac y su hijo, Carlos Jr., se paran afuera de la escuela secundaria Fond du Lac el martes, donde el padre votó por primera vez como ciudadano estadounidense.
Carlos Muñoz Sr. de Fond du Lac y su hijo, Carlos Jr., se paran afuera de la escuela secundaria Fond du Lac el martes, donde el padre votó por primera vez como ciudadano estadounidense.

En su tiempo libre, Muñoz se enfoca en construir y apoyar a la comunidad hispana de la región. Desde principios de la década de 1990, ha organizado celebraciones mexicanas como el Cinco de Mayo y noches de música, baile y comida mexicana que atraen a personas de toda la región.

Hay muchas más personas a las que llegar ahora que cuando Muñoz comenzó a realizar bailes en Oshkosh y Omro. Más de 45,000 Hispanos y Latinos ahora viven en los condados de Brown, Outagamie y Winnebago, un número que ha aumentado un 45% desde 2010.

La Oficina del Censo de EE.UU. a principios de este mes reconoció que el censo de 2020 no contó a varios grupos, incluidos los Hispanos, para quienes estimó que el censo puede haber pasado por alto el 5% de la población.

No obstante, el censo pinta una imagen de una población hispana de rápido crecimiento que incluye tanto a recién llegados como a familias que han estado aquí por generaciones. De hecho, los primeros Hispanos en venir al estado llegaron mucho antes de que Wisconsin lograra la condición de estado.

Una larga historia en Wisconsin

Según historiadores y artículos recopilados por la Sociedad Histórica de Wisconsin, los primeros hispanohablantes llegaron a Wisconsin a fines del siglo XVIII, cuando España mantenía un puesto fronterizo en St. Louis. Los soldados probablemente se aventuraron hacia el norte por los ríos Mississippi y Wisconsin, aunque tales viajes no están registrados con detalles.

Fue en la década de 1880 cuando el primer mexicano destacado se instaló en Milwaukee con su familia. El dotado músico y compositor, Raphael Báez, se convirtió en una personalidad importante no solo como músico, sino también como maestro, según narra Sergio González, profesor asistente de Estudios Latinos en la Universidad de Marquette, en su libro “Mexicanos en Wisconsin”.

Sin embargo, no hubo una migración significativa a Wisconsin hasta la década de 1920, cuando se aprobaron leyes a raíz de la Primera Guerra Mundial que restringieron la inmigración del sur y el este de Europa.

Las corporaciones y los agricultores recurrieron a México y la frontera con Texas para encontrar una nueva fuente de mano de obra de bajo costo.

“La mayoría de los que vinieron aquí llegaron por oportunidades laborales y económicas”, dijo González.

A mediados de la década de 1920, cientos de miles de mexicanos trabajaban en los Estados Unidos, incluidos varios miles en Wisconsin.

Su número disminuyó en la década de 1930 cuando el trabajo se agotó durante la Gran Depresión, pero los empleadores recurrieron nuevamente a los trabajadores mexicanos para abordar la escasez de mano de obra cuando la producción agrícola y manufacturera se incrementó durante la Segunda Guerra Mundial y muchos hombres fueron llamados a unirse al ejército.

Un tratado con México en 1942 condujo a la creación del programa Bracero, un programa de trabajadores invitados que trajo personas a los EE.UU. con contratos de trabajo a corto plazo. El plan garantizaba salarios justos y protección contra la discriminación, aunque los empleadores a menudo no cumplían con esos requisitos. Cuando terminó el acuerdo en 1964, este había traído más de 4 millones de trabajadores al país.

“A fines de la década de 1940, es realmente cuando el área de Green Bay y las áreas rurales circundantes tienen la primera impresión de una población latina”, dijo González.

El programa Bracero terminó cuando las granjas se mecanizaron cada vez más, pero los negocios agrícolas de Wisconsin continuaron dependiendo de los trabajadores Hispanos, y la corriente de trabajadores migrantes que llegaban a Wisconsin permaneció intacta. En Door County, recogieron cerezas, repollo procesado, frijoles, pepinos y papas. Además de trabajar en otros cultivos por todo el estado, cuidaron y cosecharon árboles de Navidad.

Tanto hombres como mujeres se convirtieron en una fuerza laboral crucial en las granjas lecheras, las enlatadoras y los mataderos.

Mientras tanto, otros grupos Hispanos también estaban llegando a Wisconsin.

Según “Hispanos en Wisconsin: una bibliografía de recursos materiales”, una publicación de la Sociedad Histórica de Wisconsin, los puertorriqueños en la década de 1950 llegaron a Michigan para cosechar cultivos.

Entre cosechas, muchos de esos trabajadores vivían en lugares como Milwaukee y Chicago. Otros se mudaron a Wisconsin desde Lorain, una ciudad industrial en Ohio, que tenía uno de las poblaciones puertorriqueñas más antiguas del Midwest. Para 1953, más de 2,500 puertorriqueños vivían en Wisconsin, la mayoría de ellos en Milwaukee.

Los cubanos llegaron en cantidades significativas en la década de 1960 después de huir de la revolución que llevó a Fidel Castro al poder. Algunos de los que huyeron a Florida fueron enviados temporalmente a Fort McCoy y, luego de la investigación de antecedentes penales y adquisición de documentos legales, se mudaron a Madison, Milwaukee y Green Bay.

“Es en este período que tenemos una población latina en crecimiento, principalmente en el sureste de Wisconsin, pero luego comienzas a verlos dispersarse específicamente en la parte Este del estado moviéndose hacia el Norte”, dijo González.

A medida que aumentaban su números, los Hispanos de Wisconsin también se encontraron en una posición más sólida para luchar por un mejor trato. Jesús Salas, un estadounidense de tercera generación nacido en Texas y criado en Wautoma, se convirtió en un destacado organizador laboral para los trabajadores agrícolas en la década de 1960.

El abuelo de Salas había sido parte de la primera ola de trabajadores migrantes que cada año seguían las cosechas hacia el Norte, desde Texas hasta Wisconsin y luego regresaban al Sur durante el invierno.

Sus padres también eran trabajadores inmigrantes que, en el viaje de cada año, cosechaban pepinos, remolacha, tomates, algodón y otros cultivos. Uno de sus hermanos mayores nació en Wisconsin en 1942.

Salas nació al año siguiente en Texas.

No fue sino hasta 1959 que la familia decidió establecerse en Wautoma porque el padre de Salas quería que sus hijos terminaran la escuela y fueran a la universidad. Tanto él como su hermano asistieron a la Universidad de Wisconsin-Oshkosh.

Salas comenzó a trabajar con inmigrantes después de que representantes del Departamento de Niños y Familias del estado le pidieran ayuda para empezar un nuevo programa de cuidado infantil para las familias de inmigrantes.

“Durante los siguientes tres años regresé a los campos de trabajo, no para trabajar ahora, sino para reclutar niños… crecimos las guarderías de un centro en 1962, a siete, atendiendo a más de 150 niños”, dijo.

Este trabajo lo llevó a involucrarse en otros esfuerzos para mejorar las condiciones laborales y los salarios de los trabajadores migrantes.

A los 22 años, se convirtió en uno de los fundadores de Obreros Unidos, un sindicato de trabajadores agrícolas que organizaba protestas y paros en granjas y fábricas del este de Wisconsin, que exigían mejores salarios y condiciones de trabajo.

En 1966, llevó el tema al Capitolio estatal, encabezando una marcha de alto perfil desde Wautoma hasta Madison. Sus esfuerzos ganaron el apoyo de César Chávez, cuyo sindicato de trabajadores agrícolas de California había alcanzado prominencia nacional durante el Boicot a la Uva a mediados de la década de 1960.

En 1969, Salas se convirtió en director ejecutivo de United Migrant Opportunity Services, conocido como UMOS, una organización sin fines de lucro con sede en Milwaukee que trabaja para mejorar las oportunidades de empleo, educación, salud y vivienda para los inmigrantes.

UMOS se convirtió en una fuerza líder en el intento de alentar a los trabajadores a dejar de migrar por temporadas, para establecerse en Wisconsin y criar a sus hijos aquí. Ese trabajo para alentar a los inmigrantes a establecerse en lugares que pudieran proporcionarles empleos estables y viviendas asequibles, desempeñó un papel importante en el rápido crecimiento de las poblaciones hispanas urbanas y las comunidades comerciales vibrantes que siguieron.

“Somos parte integral de la economía del estado de Wisconsin, incluido Green Bay por cierto”, dijo Salas. “La población (Latina) en Green Bay ha aumentado dramáticamente, de lo rural ahora a lo urbano”.

El gobernador Patrick Lucey organizó un grupo de trabajo en 1971 para impulsar la movilidad ascendente entre los miembros de las comunidades de habla Hispana del estado y abordar sus necesidades de manera más directa.

Las recomendaciones del grupo de trabajo con respecto a la educación, la salud y los servicios sociales, la aplicación de la ley y las relaciones comunitarias brindaron un punto de partida, junto con otros esfuerzos de los grupos activistas, que condujeron a la ley de educación bilingüe-bicultural del estado en 1991, la ley laboral para inmigrantes y el acceso a una red de servicios sociales, dijo Salas.

“Tuvimos el apoyo legislativo para efectuar algunos de los cambios necesarios en ese momento”, dijo.

De migrante a defensor

El residente de Appleton, Ernesto González, se cuenta entre aquellos cuyas vidas fueron cambiadas por el trabajo que UMOS realizó en los campos agrícolas de Wisconsin.

González, de 70 años, creció como un trabajador agrícola migrante de tercera generación. Su abuela y otras personas de su ciudad natal comenzaron a venir a Wisconsin cada verano desde Texas en la década de 1950 para trabajar en los cultivos de Bear Creek. Se unió a la fuerza laboral migrante en 1970, cuando tenía 18 años.

Cada verano, dijo, la afluencia de trabajadores inmigrantes era inconfundible en ciudades como Shiocton, Wautoma y Plainfield.

“Esos pueblos eran mayoritariamente Hispanos, sólo por ese verano”, dijo.

El hermano mayor de González, que comenzó a trabajar en granjas de Wisconsin a los 15 años, decidió quedarse en Wisconsin tras conocer a su esposa. Después de que González terminó la escuela en San Antonio y se casó con su esposa, su hermano los instó a pasar otro verano y ganar suficiente dinero para vivir cómodamente en San Antonio. Él vino, pero la segunda mitad de ese plan nunca sucedió.

“No ganamos suficiente dinero”, dijo González. “Entonces, simplemente nos quedamos, y nos quedamos y nos quedamos...”.

Después de tres años, González pudo dejar de trabajar en el campo con la ayuda de UMOS.

“Estaban convenciendo a los trabajadores migrantes para que vinieran a trabajar y se establecieran”, dijo. “Con una oficina principal en Milwaukee, los servicios de United Migrant estaban trabajando hasta Sturgeon Bay”.

Más tarde, González ayudó a fundar Casa Hispana, una organización sin fines de lucro con sede en Menasha que sirve a los Hispanos, principalmente en los condados de Calumet, Outagamie y Winnebago.

La organización tiene sus raíces en un programa de becas iniciado por UMOS en 1992. A medida que crecía la población hispana, González y otros organizadores reconocieron que la comunidad necesitaba más servicios y apoyo.

“Estábamos recibiendo mucha inmigración en el norte. Gente de todas partes se estaba mudando”, dijo González. “Reunimos a algunos líderes hispanos y comenzamos esta organización”.

Emmanuel Vargas posa para un retrato en el edificio de la Facultad de Negocios en el campus de Northeast Wisconsin Technical College en Green Bay. Vargas está estudiando medios digitales.
Emmanuel Vargas posa para un retrato en el edificio de la Facultad de Negocios en el campus de Northeast Wisconsin Technical College en Green Bay. Vargas está estudiando medios digitales.

La próxima generación

La historia familiar de Juan Corpus en Wisconsin comienza con su abuelo, un trabajador agrícola que venía a Wisconsin todos los años para ganar suficiente dinero y mantener a su creciente familia en Texas.

El padre de Corpus y varios tíos decidieron hacer de Green Bay su hogar en 1960, cuando se dieron cuenta de que había mejores oportunidades para ellos en el área. En ese momento, solo había un puñado de familias latinas en la zona, dijo.

Corpus, de 45 años, ha visto cambiar la ciudad a medida que más familias latinas se establecieron en el estado.

En la escuela primaria, Corpus recuerda que su hermana era la única otra persona latina en la escuela. Y todos los meses, su familia manejaba hasta Milwaukee para obtener ingredientes para la comida. En ese entonces, todavía no había mercados latinos en el área de Green Bay.

“Para mí, la comunidad latina era la casa de mi abuela con todos mis primos y tíos y tías”, dijo.

Ahora, cuando camina por University Avenue en el lado este de Green Bay, ve la cultura latina y su herencia mexicana floreciendo con muchos negocios y panaderías.

Corpus, un profesional sénior de cultura y compromiso en Humana, también es vicepresidente y cofundador de la Asociación de Profesionales Latinos del Noreste de Wisconsin, que ha crecido hasta tener 65 miembros desde su creación en 2020.

La asociación incluye educadores, profesionales de la salud, periodistas, agentes inmobiliarios y otros.

Tener una red de profesionales latinos, dijo Corpus, puede brindar orientación y apoyo que muchos, como Corpus, no tenían cuando comenzaron.

También ayuda a la próxima generación a ver que hay más oportunidades de las que estaban disponibles para otras generaciones.

“Estoy ayudando a sentar las bases para ayudar a mejorar nuestra comunidad y tener esas oportunidades para no experimentar algunos de los mismos desafíos que enfrentó nuestra generación”, dijo.

Emmanuel Vargas, de 19 años, es parte de esa próxima generación.

Hijo de inmigrantes mexicanos que llegaron a Green Bay en 2003, vía Ohio, Vargas es estudiante en Northeast Wisconsin Technical College.

Su papá trabaja en la planta empacadora de carne JBS y su mamá en Bay Towel.

"Estoy agradecido de que mis padres trabajaron duro para tener un techo sobre nuestras cabezas, poder trabajar y conseguir comida y agua para mí", dijo.

Ese arduo trabajo le permitió vivir una vida estadounidense por excelencia, que pasó patinando en el centro de la ciudad, jugando fútbol o encontrando formas de arreglar su casa con su madre.

También creció viendo vloggers y streamers en Youtube y tenía curiosidad por saber cómo convirtieron un pasatiempo en una carrera. Ver que les pagaban por grabar bromas o jugar videojuegos hizo que se diera cuenta de que podía encontrar un trabajo haciendo algo que ama, y al mismo tiempo que mantiene a su familia.

El otoño pasado, comenzó a estudiar tecnología de medios digitales en NWTC con la esperanza de trabajar en la producción de videos, en un set de filmación o para Youtube.

"Tener esa capacidad y adquirir las habilidades con solo mirar videos de YouTube me está ayudando a saber lo que me espera, que cualquier cosa podría pasar y que nada es imposible de hacer", dijo.

Ariel Pérez es reportero de negocios para el Green Bay Press-Gazette. Puede comunicarse con él en APerez1@gannett.com o ver su perfil de Twitter en @Ariel_Perez85.

Benita Mathew es reportera de educación. Póngase en contacto con ella en bmathew@gannett.com. Síguela en Twitter en @benita_mathew.

This article originally appeared on Green Bay Press-Gazette: Cómo los latinos moldearon la economía de Wisconsin y encontraron el sueño americano

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