Las pistas inquietantes que dejaron los Turpin en su anterior casa de los horrores

A medida que pasan los días se van conociendo más detalles de la historia de la familia Turpin y se acrecenta la idea de hasta qué punto llegó el calvario que durante toda su vida sufrieron 12 de sus 13 hijos. Según publica Los Angeles Times, la conocida como la casa de los horrores de Perris no fue la única. El rastro de basura, comportamientos extraños y destalles inquietantes que dejaron atrás al mudarse de su anterior casa es significativo.

El diario angelino ha logrado hablar con algunos antiguos vecinos de David y Louise Anna Turpin y han dado testimonio del extraño proceder que observaron durante su estancia en una pequeña y apartada zona rural situada al sur de Fort Wort a la que se muraron en el año 2000. Una serie de  ‘extravagancias’ y ‘rarezas’ que ahora han cobrado sentido después de destaparse el horror vivido en Perris y que, a tenor de los testimonios, arrastraban desde antes de llegar a California.

Antes de destaparse los horrores de la casa de Perris, en California, los Turpin ya dejaron pistas de sus torturas en su casa anterior. (Foto: REUTERS/Mike Blake)

Los testigos que han hablado con Los Angeles Times cuentan que era una familia un tanto retraída, que no se relacionaban con nadie y que vivían con las persianas siempre bajadas. Un habitante de la zona dice que un día llamó a su puerta y le abrió una chica de pelo largo y pálida que le cerró sin más en la cara. Otro cuenta que una vez sus hijos jugaron con algunos de los Turpin al coincidir en un arroyo y que cuando se volvieron a cruzar uno de los hermanos le recordó al otro que no podían hablar más con ellos.

Casi nadie veía a los niños. Una de las hijas se escapó, pero la devolvieron a su casa sin sospechar lo que ocurría. No iban al colegio y se recogen testimonios de lo que en su momento quizá consideraron simples manías. Como que David Turpin tuviese como afición disparar a latas, que acumulasen basura en una casa con ruedas o un coche yque unas Navidades comprasen ocho bicicletas nuevas que se quedaron en el exterior de la casa sin usar hasta que se oxidaron.

De todos, el testimonio más inquietante es el de Billy Baldwin. Él y su madre compraron la casa, de cuatro dormitorios, y el terreno en el que se levantaba tras la marcha de los Turpin y lo que ha contado ahora que se encontró allí da muestras de lo que pudieron vivir esos niños.

Baldwin recuerda que el suelo de la casa estaba destrozado y podrido en algunas partes y que la sala de estar era una especie de aula casera con ocho pupitres, pizarras y más material escolar. También halló fotos, como una en la que se veía una cuerda atada a una cama. Lo más desagradable a lo que tuvo que enfrentarse como nuevo propietario fue un coche lleno de basura, con multitud de pañales y latas de salchichas como si eso fuese “ todo lo que comían”. También dejaron una caravana en el terreno que “estaba hasta la cintura de inmundicias. Había perros y gatos muertos allí”.

Pero lo que más llama la atención de su relato es el hecho de que hubiese tantos candados y cerrojos repartidos por toda la casa. “Todo tenía cerraduras; el armario, el cofre de juguetes, la heladera”, recuerda.