Las incertidumbres del giro radical de Trump hacia Rusia tras el bombardeo de EEUU contra Siria

Jesús Del Toro

El ataque estadounidense con misiles contra una base aérea en Siria, desde la cual se habría lanzado el horrendo ataque con armas químicas que causó numerosas bajas civiles en ese país, al parecer logró sus objetivos tácticos específicos con la destrucción o el daño severo, según la valoración inicial del Pentágono, de la infraestructura y aviones sirios en ese lugar.

El gobierno estadounidense fue claro en que no tolerará ataques químicos, por lo que el mensaje al respecto habría llegado con firmeza al dictador sirio Bashar al-Assad.

Ante ello, además del régimen de Siria, los gobiernos de Rusia e Irán han mostrado su hostilidad ante el ataque estadounidense. Rusia ha señalado que fortalecerá el sistema de defensa de siria para encarar futuros ataques de misiles y aviones.

El presidente Donald Trump ordenó un bombardeo contra Siria en represalia por el ataque químico contra civiles sirios perpetrado por el régimen de Bashar al-Assad. (Yahoo/Archivo)

En contrapartida, la embajadora de Estados Unidos ante la ONU dijo que Washington está “preparado para hacer más”, en alusión a nuevos ataques en Siria, pero añadió que espera que no sea necesario y que se busque una solución política.

Lo que viene son tensiones agudizadas, repudios y reproches. Pero más allá de eso todo sigue en la incertidumbre.

En principio, el ataque contra la base en Siria no implica que Estados Unidos haya decidido lanzar una campaña militar activa contra Assad más allá de ese bombardeo. En realidad, por las declaraciones citadas y otras señales, parecería que se trató de una acción fuerte pero aislada, sin que exista una estrategia político-diplomática clara ni un esquema de operaciones militares de mayor calado o duración. Es como si se buscara mantener el statu quo, eliminando solo la carta de las armas químicas, es decir sin que Estados Unidos busque activamente la salida de Assad ni pretenda enviar fuerzas sustantivas a Siria, pero mostrando enfáticamente que el gobierno de Trump, pese a su novatez, tiene mano firme para tomar decisiones de fuerza cuando lo considere imperativo.

Pero el statu quo habría estallado junto a los objetivos de los misiles estadounidenses lanzados contra Siria, y en ese sentido resulta notable el fuerte giro de la administración y del propio presidente. Desde la campaña electoral, en el proceso primario y en el general, Trump habló de que estaba dispuesto a un acercamiento con el presidente ruso Vladimir Putin (con lo que produjo sarpullido a muchos republicanos y demócratas), máxime si una nueva relación Washington-Moscú permitía la destrucción del grupo terrorista Estados Islámico (llamado ISIS en inglés), que tiene fuerte presencia en Siria e Irak.

Por meses y meses en la campaña, e incluso tras ganar las elecciones, Trump se abstuvo de criticar a Putin e incluso lo alabó y defendió. Cabe recordar la entrevista en Fox News en la que el periodista Bill O’Reilly le dijo a Trump que Putin era “un asesino” el ya presidente le respondió que en Estados Unidos “tenemos muchos asesinos… ¿tú piensas que nuestro país es tan inocente?”.

El ataque de EEUU a Siria implica un giro sustancial de la actitud de Trump hacia el presidente ruso Vladimir Putin, que apoya al régimen sirio. (AP)

Las investigaciones sobre la interferencia de agentes rusos en las elecciones estadounidenses y las conexiones que personas del entorno de Trump podrían haber tenido al respecto ha afectado severamente a la Casa Blanca. Pero pese a ello, no parecía en el panorama una ruptura voluntaria del ‘idilio retórico’ de Trump con Rusia, ni siquiera tras revelaciones de que el aparato de inteligencia estadounidense está convencido de que Moscú actúo para interferir en los pasados comicios y afectar la candidatura de Hillary Clinton.

El ataque contra Siria, en cambio, minó la posibilidad de un entendimiento renovado entre Washington y Moscú. Rusia ha calificado ese ataque de “ilegal” y en la práctica, como se comenta en la revista Foreign Policy, Moscú entiende ese bombardeo con misiles estadounidenses como una escalada de la implicación de Estados Unidos en la Guerra Civil en Siria, que hasta ese ataque estaba restringida a apoyar la lucha contra las fuerzas de ISIS. A Assad, es de suponer, le ha quedado claro que Trump ha condenado sus acciones, al menos las vinculadas a las armas químicas.

¿Por qué entonces el cambio súbito de la actitud de Washington y Trump hacia Siria y Rusia y, sobre todo, para qué dar ese drástico paso?

Algunas de las instalaciones de una base aéra siria que fueron dañadas por el ataque con misiles de EEUU. (ABC)

La justificación moral contra la barbarie del ataque químico tiene su peso, y le ha conferido amplio apoyo interno y externo al ataque con misiles, por ejemplo, desde ambos partidos estadounidenses y desde las capitales de Europa Occidental. Con todo, si bien el bombardeo es un disuasivo, la capacidad militar en sí, y química en lo especificó, del régimen de Assad continúa siendo sustantiva y bien podría lanzar –con apoyo ruso- una nueva escalada de ataques, como los que devastaron Aleppo y crearon allí también una matanza de civiles. Desmantelar la capacidad ofensiva del gobierno sirio implica una ofensiva de un calado inmensamente mayor.

Pero no hay claridad sobre la estrategia de Estados Unidos ante Siria y Assad ni, tampoco, ante las posibles ramificaciones internacionales del ataque estadounidense o ante la lucha contra ISIS en territorio sirio. Si Rusia se muestra refractaria ante Estados Unidos, ¿cuál será la posición y acción de Washington si Moscú redobla su presencia y actividad militar en Siria, cuál ante la situación en Ucrania y Crimea, cuál ante Corea del Norte? Además, ¿cuál será la posición estadounidense si Irán, que tiene importantes intereses en Siria, fortalece su posición allí? ¿Se mantendrá o incrementará la actividad de fuerzas de Estados Unidos contra ISIS en Siria dado que eso podría suscitar riesgos de choques con unidades rusas?

Sea como sea, algo encendió el cambio en la actitud de Trump hacia Rusia y Siria. Las imágenes de niños asesinados por el ataque químico del régimen sirio son sin duda perturbadoras y se ha comentado que esa realidad estremecedora habría calado en el presidente, o al menos en la noción del presidente de que esa atrocidad había sucedido durante su mandato y por ello había que actuar para no parecer, como se acusó en su momento al gobierno de Obama, dubitativo o blando ante la barbarie de Assad.

Pero Trump también dijo en el pasado que Estados Unidos no debía atacar a Siria y, como se ha reiterado, mantuvo por mucho tiempo una posición amistosa hacia Putin.

Y hay incluso quienes ponen sobre la mesa, para explicar lo sucedido y trazar el panorama al futuro, la debilidad presente de la administración de Trump y el riesgo de que nuevos fracasos o punzantes revelaciones, sobre todo las vinculados a la intromisión electoral de Rusia, ensombrezcan su presidencia. Un gesto fuerte en política exterior podría fortalecer a la Casa Blanca y, dirían otros, si la percepción de Rusia está ya muy contaminada por el intríngulis electoral, quizá vale la pena romper de manera preventiva con un gesto de firmeza en Siria, aunque los detalles de definan después.

Pese al bombardeo de EEUU, Washington no ha mostrado un plan sobre su posición ante el presidente sirio Bashar al-Assad. (Reuters)

En ese contexto, si en alguna ocasión hubo, o pudo haber, colaboraciones entre el entorno de Putin y el de Trump, el ataque contra Siria sería una suerte de extirpación del pasado, por un lado, y de vacuna ante revelaciones futuras, por el otro.

En todo caso, resulta inquietante, como se opina en The New York Times, que tal giro radical o falta de perspectiva ante Siria implique que el ataque estadounidense, si bien justificado en el discurso de la atrocidad del ataque químico y en la pertinencia de imponerle represalias, fuera en realidad una cruda o irresponsable salida del torbellino de escándalos y fracasos internos que ha venido enfrentando la administración de Trump. Si eso fue así es aún especulación, pero es larga la historia de políticos que recurren a gestos bélicos para apuntalar su imagen interna.

El bombardeo estadounidense contra la base Siria implica sin duda un fuerte giro de Trump y la Casa Blanca, aunque aún no quede aún claro la dirección y características de su posición al respecto.

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