El lado oscuro del auto eléctrico: la revolución verde que puede dejar a millones sin trabajo

Los autos de futuro serán eléctricos o no serán. Eso es algo que saben los gobiernos, los fabricantes y hasta los automovilistas. El problema es que la tecnología todavía está demasiado reciente y todavía hacen falta superar una serie de obstáculos para que esta revolución se lleve a cabo por completo. Pero, ¿qué pasará cuando una marca fabrique un coche que tenga una autonomía de 800 kilómetros y que se pueda cargar en menos de 10 minutos? El ejecutivo de Toyota (TOYOF), Bob Carter, pinta un futuro nada halagüeño: “Se va a producir un verdadero Apocalipsis eléctrico, porque los gastos de fabricación serán enormes y no serán cubiertos por la demanda real”.

Carter dice de manera elegante algo que muchos piensan en el mundo del automóvil: desarrollar y fabricar un coche eléctrico es algo caro, muy caro. Tan caro que su precio final es tan elevado, que mucha gente se lo va a pensar dos veces a la hora de hacerse con uno de ellos.

El lado oscuro del coche eléctrico: la revolución verde que puede dejar a millones sin trabajo REUTERS/Matthias Rietschel/File Photo

Por ejemplo, en la actualidad un Tesla Model 3, el que seguramente sea el mejor carro eléctrico del mercado, cuesta más de 60.000 euros en Europa, un precio reservado a las berlinas de lujo 'elevado'. ¿Resultado? Actualmente solo los más pudientes pueden hacerse con uno de estos carros, cuando lo más recomendable para el medio ambiente fuera que el coche de Elon Musk fuera masivo.

El alto precio que las marcas tienen que pagar por fabricar un auto eléctrico también provoca indeseables hechos como el que en las últimas semanas han anunciado empresas punteras como Audi o Daimler. Los dos gigantes alemanes de la automovilística han asegurado que han tenido que despedir a más de 20.000 trabajadores entre las dos para ahorrar el suficiente dinero como para acometer la transformación eléctrica de su compañía.

Estos despidos suponen un ahorro de 5.000 millones de euros para Audi y 1.500 millones para la empresa matriz de Mercedes. Además de los despidos, ambas compañías han anunciado que fabricarán menos carros diesel y gasolina porque anticipan que se venderán menos vehículos en los próximos años. ¿El motivo? El común de los mortales estará esperando un coche eléctrico que de verdad cumpla con sus expectativas.

Pero volvamos al problema que plantea el directivo de Toyota. Ese coche tan deseado, ese automóvil que en la próxima década debería tener tanto impacto como el 600, el Escarabajo, o que el Seat Ibiza, por citar algunos de los modelos más populares de la Historia, no va a tener un precio reducido como todos los anteriormente citados. Será mucho más caro.

Además, hay otros problemas añadidos. Casi cada fabricante está adoptando sus propios estándares de carga, lo que hace que cada uno, por ejemplo, tenga su propio puerto. Esto complica las cosas a la hora de cargar los vehículos, ya que son necesarios adaptadores que retardan el proceso de carga. Lo normal es que en el futuro una empresa triunfe sobre las demás e imponga su estándar, pero hasta la fecha no hay un claro favorito.

Hay dudas que todavía no se han resuelto y que van a ser básicas. Por ejemplo, ¿debe un ciudadano repostar su carro eléctrico en una estación de servicio o debería hacerlo en su casa o en el trabajo? Parece una pregunta estúpida, pero su respuesta supondría que se perdieran centenares de miles de empleos de personas que trabajan en la actualidad en gasolineras. Otra duda que no tiene respuesta ¿Las personas que no tienen garaje en sus casas deberían poder cargar en la calle? ¿Esas estaciones de carga las debería poner una empresa privada o un Gobierno, ya que nos encontramos en una situación de emergencia climática?

Además, parece claro que las compañías automovilísticas todavía no consideran que los autos eléctricos son un negocio seguro -de así serlo, ya estarían fabricándolos en masa- por lo que puede haber un desinterés general en sector por fabricar este tipo de carros. Desde luego, parece que el futuro del carro eléctrico está lleno de incertidumbres.

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