La suerte la Casa de Hemingway y sus 54 gatos tras el paso del huracán Irma por Cayo Hueso

Ernest Hemingway encaró numerosas aventuras y osadías en su vida y en su literatura, algunas de ellas con singular riesgo. Esa tradición, al parecer, fue continuada por Jacqui Sands, la gerente de la Casa de Hemingway en Cayo Hueso (Key West), Florida, por donde pasó el poderoso huracán Irma.

Cuando se conoció que Irma iba en trayectoria directa hacia los cayos de la Florida y muchos evacuaron Cayo Hueso y zonas aledañas, Sands optó por quedarse en la Casa de Hemingway –que hoy es un museo dedicado al escritor, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1954– y con ella permanecieron allí, de acuerdo al periódico Daily Mail, otras nueve personas y, también, los 54 gatos que en esa casona viven.

La Casa y Museo de Ernest Hemingway, en Key West, Florida. Y uno de los 54 gatos que en ella viven. Los trabajadores, el edificio y los felinos habrían librado sin daño el paso del huracán Irma. (Reuters)

Y aunque la evacuación en Cayo Hueso y otros cayos de la Florida se recomendó de forma imperativa, y las autoridades clamaron que quienes se quedaran allí estaban en verdadero riesgo de muerte, Sands, sus compañeros y los gatos se quedaron a la espera de su cita con Irma.

Ni las súplicas de Mariel Hemingway, nieta del escritor, para que Sands y el resto del personal de esa casa evacuaran el sitio pudo moverlos de allí. Sands, simplemente, no quiso evacuar a los gatos en el considerable calor y con el rudo tráfico que hubo antes de la llegada de Irma.

Les reconfortó, aunque su apuesta fue temeraria, que esa casa se encuentra construida en el punto más alto de Cayo Hueso, 16 pies (poco más de 5 metros) sobre el nivel del mar y, por ello, potencialmente libre de las grandes mareas que, se pronosticaba, el huracán Irma traería consigo a su paso por los cayos de la Florida. Además, narró el portal Inquisitr la casa está construida de piedra caliza. Desde 1851, cuando fue levantada allí, ha resistido numerosas tormentas y huracanes.

Sands y sus acompañantes tenían confianza en que ante Irma la casa también resistiera, para su salvación y la de los gatos que, aunque con nueve vidas, es sabido que repudian el agua. Incluso los curiosos gatos de seis dedos, extraña anomalía, que habitan en la Casa de Hemingway y que serían descendientes del gato de seis dedos que, décadas atrás, vivió allí con el escritor.

Pero las mareas, los vientos y la devastación en general a causa de Irma se esperaban allí, como lo fue en muchos lugares, de magnitudes catastróficas.

La devastación causada en Key West y otros de los Cayos de Florida por el huracán Irma es enorme. (AP)

Y así sucedió. Los cayos de Florida sufrieron grave devastación: según CNN unas 10.000 personas necesitan ser evacuadas de esa zona dada la severa destrucción que allí se sufrió y reporteros describieron la región, como narró Fox News,  como una zona de guerra sin electricidad, agua, combustible ni servicio celular. El gobernador de Florida, Rick Scott, dijo tras sobrevolar el área de los Cayos: “mi corazón está con la gente de los Cayos… Hay devastación. Espero que todos hayan sobrevivido. Es horrible lo que vi”.

Pese a todo, Sands, sus compañeros y los gatos de la Casa de Hemingway en Cayo Hueso se encuentran bien y superaron sin sufrir daños el azote de Irma, según reportes del Daily Mail y otros medios.

Se habrían salvado de la furia del huracán justo como, se cuenta, el propio Ernest Hemingway hizo en 1935, cuando los cayos de la Florida y la costa oeste del estado fue azotada por el llamado ‘Huracán del Día del Trabajo’.  Según fuentes, Hemingway resistió el paso de la tormenta y luego visitó en bote un campo para veteranos, que albergaba a soldados retirados que lucharon en la Primera Guerra Mundial y entonces trabajaban en la construcción de caminos para conectar los cayos con la Península de la Florida. En su visita Hemingway contempló la desolación que el huracán dejó en el sitio, en el que la tormenta mató a unos 260 veteranos y muchos otros civiles.

Hemingway escribió al respecto un artículo titulado ‘¿Quién mató a los veteranos?’, una crónica de la devastación del Huracán del Día del Trabajo en la que, además, critica que muchos de esos soldados retirados fallecieron porque el gobierno estadounidense los llevó allí, un lugar remoto sin protección suficiente y que es frecuente blanco de tormentas.

Ahora, en 2017, Sands y los inquilinos humanos y felinos de la Casa de Hemingway pueden respirar con calma, superados los momentos de enorme tensión y peligro. Ellos sobrevivieron y la casona del escritor no habría sufrido daños considerables. Quizá como le sucedió al propio Hemingway allí en 1935, pero no a los muchos miles de afectados que, entonces y ahora, esos dos huracanes dejaron a su paso.

Con todo, la devastación a su alrededor es, al parecer grave. Y el gran reto de esa casona podría ser, ahora, factor solidario en la asistencia a los afectados y en la reconstrucción de Cayo Hueso.

Eso, en cierto modo, hizo Hemingway en 1935. Su casa y museo podría posiblemente hacerlo en 2017, siempre que Sands, sus compañeros y los 54 gatos puedan allí quedarse. La gravedad de la destrucción en Cayo Hueso, y las severas carencias de electricidad, agua y otros servicios, podría forzar, ahora sí, su evacuación. No hay certidumbre de ello.

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