La revelación de Joe Biden que podría hacerle mella a Donald Trump

Joe Biden, exvicepresidente de EEUU y precandidato presidencial del Partido Demócrata, ha hecho públicas sus declaraciones de impuestos de los últimos tres años, un movimiento que muchos de sus rivales han seguido pero que el presidente Donald Trump y virtual candidato a la reelección por el Partido Republicano se ha negado a hacer sistemáticamente durante años.

La información fiscal revelada por Biden muestra que, desde que dejó la vicepresidencia, él y su esposa han obtenido muy cuantiosos ingresos: unos 15.6 millones de dólares en 2017 y 2018, de acuerdo a CNN.

Si eso se compara con el ingreso medio de un hogar estadounidense, que es poco más de 61,000 al año, los ingresos de Biden lo colocan en los estratos más privilegiados y, como algunos críticos han mencionado, muy lejos del estadounidense de clase media al que el exvicepresidente apela y dice representar en su campaña en pos de la candidatura presidencial.

El exvicepresidente y precandidato presidencial demócrata Joe Biden. (AP/David J. Phillip)

Eso es cuantitativamente cierto, pero no muestra todo el panorama. En primer lugar, podría decirse que todos los precandidatos presidenciales ganan bastante más que el hogar estadounidense promedio y algunos tanto o más que Biden (Trump es multimillonario, aunque se niega a clarificarlo con la revelación de sus declaraciones fiscales), por lo que más que el monto en sí, que tiene ciertamente peso, son la transparencia y los detalles sobre cuánto dinero obtiene, cuánto paga en impuestos y cuánto destina a donaciones resultan de meridiana importancia.

En el caso de Trump la transparencia es casi nula y se sabe, por información parcial y la propia retórica del presidente, que él paga nada o casi nada de impuestos pese a tener ingresos muy considerables aprovechando todos los resquicios legales posibles.

Biden, por su parte, ha mostrado que sí paga impuestos. Y bastantes en comparación a muchos otros de grandes ingresos. Por ejemplo, los Biden reportaron ingresos en 2016 de 400,000 dólares y pagaron impuesto federales a una tasa del 23.5%. Luego, en 2017, gracias a nuevos ingresos provenientes de un libro bestseller y conferencias pagadas, los Biden ganaron 11 millones de dólares en 2017 y 4.6 millones en 2018. Por esos ingresos se sometieron a una tasa fiscal del 33.9% (equivalentes a un pago de 3.7 millones) y 33.4% (1.5 millones), respectivamente.

Es decir, los Biden ganaron fuertes sumas y se volvieron millonarios, pero pagaron también cantidades sustantivas en impuestos y, sobre todo, hicieron públicas esas cifras.

Trump, en cambio, al parecer no paga impuestos sobre ingresos mucho mayores y no permite el escrutinio público de sus declaraciones fiscales.

Esa diferencia es la que Biden pretende explotar: mostrar que él ha ganado mucho pero ha pagado una cantidad también sustantiva en impuestos. Una “parte justa” como se acostumbra decir en la retórica al respecto como contribución al desarrollo nacional, mientras que Trump, en cambio, maximiza para su propio beneficio el esquema fiscal sin aportar nada al bien común.

Otro contraste: Biden donó a entidades caritativas 1 millón de dólares en 2017 y 276,000 en 2018. Trump, en cambio, está sumido en un escándalo por el uso fraudulento de su fundación filantrópica, que fue forzada a cerrar por manejos ilegales de recursos recibidos de terceros. Y por años Trump dejó de hacer aportaciones de su dinero a su fundación aunque habría sacado ventaja personal de donaciones de otros.

Si esas dicotomías se plantean, por ejemplo, en anuncios de campaña de Biden para atacar a Trump o en un hipotético debate entre ambos (suponiendo, lo que no es seguro, que Biden sea el candidato presidencial demócrata), podrían hacerle mella a Trump entre electorados de peso que necesita para ganar la elección.

Puede criticarse que Biden cobrara jugosas sumas por dar discursos –en sus declaraciones se detallan pagos por ese concepto del orden de decenas de miles de dólares cada uno– mientras los salarios de un estadounidense promedio no llegan a eso en todo un año, como también se le criticó en su momento a Bernie Sanders (otro puntero en la contienda demócrata) porque se hizo millonario gracias a las ventas de su libro. Pero Sanders dio a conocer declaraciones de impuestos de los últimos 10 años y mostró que pagó cientos de miles de dólares en impuestos en años recientes a tasas importantes e hizo también contribuciones caritativas.

Kamala Harris, también aspirante demócrata a la presidencia, también ha obtenido ingresos relevantes. De acuerdo a CNN ha ganado más de 1 millón de dólares anuales de 2014 a la fecha (1.9 millones solo en 2018), y Elizabeth Warren, otra precandidata, ha tenido ingresos del orden de los 800,000 dólares al año en 2016, 2017 y 2018 y ganó incluso cerca de 1 millón en 2015.

Pete Buttigieg es el precandidato que menos ha ganado en años recientes, de acuerdo a la citada televisora, con poco más de 150,000 dólares en 2018. Pero aún así es más del doble que el ingreso promedio de un hogar estadonidense.

Tanto Joe Biden como Bernie Sanders y otros aspirantes presidenciales demócratas han revelado sus declaraciones fiscales. Ambos se han convertido recientemente en millonarios gracias, sobre todo, a ganancias por sus libros bestsellers, pero también han pagado tasas de impuestos de relevancia. Donald Trump, en cambio, no ha revelado sus declaraciones y se ufana de no pagar impuestos. (mpi04/MediaPunch/IPX)

A Biden se le ha criticado que usando un “resquicio” legal, que el gobierno de Barack Obama trató sin éxito de eliminar, evitó pagar una cantidad muy importante de impuestos sobre la renta personales al aplicar sus ingresos a una corporación de su propiedad, según reportó The Wall Street Journal. Eso sería en principio legal, y es una muestra más de que es posible mitigar la carga fiscal aprovechando los vericuetos de la ley. Pero muchos lo usan como un reproche válido contra Biden, una versión diminuta, ciertamente, de los artilugios fiscales a los que recurre Trump, por lo que se sabe, para evitar del todo pagar impuestos.

Trump se ha aferrado a no divulgar su información fiscal, aunque en Nueva York podría ser obligado por ley a revelar, al menos, sus declaraciones estatales, y la Cámara de Representantes busca intensamente la revelación de las declaraciones completas. Y aunque no es claro qué pasará al respecto, la diferencia entre Trump y los aspirantes demócratas que han revelado sus finanzas, Biden el más reciente, es abismal. La secrecía y el interés propio, por un lado, y la transparencia y la aportación fiscal (así sean imperfectas) al bien común, por la otra.

Para el votante duro de Trump todo ello al parecer le tiene sin cuidado y no afecta su lealtad hacia el presidente. Pero dado que para reelegirse Trump necesita el voto de muchos otros grupos, la cuestión de la transparencia y de la aportación fiscal podría ser una pesa más en la balanza durante la campaña con miras a la elección de 2020.