La prueba de que los móviles escuchan nuestras llamadas.

Sabemos que espían nuestras fotografías. Que saben dónde estamos. Y a qué  hora. Que conocen el contenido de nuestros mensajes de Whatsapp. Que incluso pueden activar el micrófono y la cámara, porque damos permiso a algunas aplicaciones para hacerlo.

Pero que espían nuestras llamadas… no. Y aquí tenéis la prueba.

Os cuento. El otro día se nos perdió una pieza del exprimidor. Iba a hacerle un zumo de naranja a las niñas, como cada mañana, y no la encontré. Pensé que quizá se le había roto a mi marido y que la había tirado a la basura. O que la había guardado en un cajón. Lo llamé por teléfono para preguntarle. No le escribí ningún mensaje. No. Sólo hice una de esas cosas antiguas y pasadas de moda que es una llamada telefónica. Le pregunté por la pieza. No sabía nada.

Pues, al día siguiente, mirad qué le salta a él en su aplicación de Amazon sin que él hubiera hecho ninguna búsqueda de la pieza, ni del exprimidor ni de nada parecido. Sí, es exactamente la misma pieza que se nos había perdido. De la que solo habíamos hablado por teléfono. Misteriosamente Amazon le manda un mensaje recomendándosela. Fallaron en una cosa: en la marca. Porque de la marca no hablamos por teléfono. 

Sí, era exactamente la misma pieza que se nos había perdido. De la que solo habíamos hablado por teléfono. Y de la que ni mi marido ni yo habíamos hecho ninguna búsqueda ni online ni en tienda física.

¿Cómo puede Amazon recomendar una pieza de un exprimidor -menuda puntería- justo el día después de que comentáramos por teléfono que la habíamos perdido? 

Por cierto, la pieza apareció en el cubo de la basura orgánica. Debí tirarla el día anterior, sin darme cuenta, junto con los restos de las naranjas.