El tabú de la salud mental: Lo que se esconde detrás de los seudónimos de Instagram

El uso de seudónimos en redes sociales es considerado una vía de escape sana para las personas que desean hablar de problemas mentales sin revelar su identidad (Getty Images)

Está claro que las redes sociales están diseñadas para compartir. Pero a diferencia de una confesión personal realizada en una reunión con los amigos, lo que publicamos en Internet queda expuesto al escrutinio público mundial.

Los seleccionadores de las universidades, los potenciales empleadores y hasta tu nueva suegra puede estar en este momento revisando tu historial en Facebook para conocer tus gustos, tus opiniones y tu estilo de vida.

Esa sobreexposición, que suele magnificar los errores y defectos de manera desproporcionada, ha motivado el uso de seudónimos, que no es otra cosa que nombres ficticios con los que una persona oculta su verdadera identidad.

Los internautas se vieron en la necesidad de recurrir a esta práctica usada desde hace siglos para crear y expresar temas polémicos con libertad y sin temor al qué dirán.

Con el seudónimo es posible separar la vida privada de la profesional y hablar sobre problemas, deseos y situaciones que nos angustian sin ser juzgados.

Hay que diferenciarlos de las cuentas falsas que suelen ser creadas por grupos o grandes organizaciones para controlar el discurso en las redes sociales, manipular a los votantes en épocas electorales y difundir bulos que confunden a la ciudadanía.

Una defensa social

El que usa un seudónimo en una red social lo hace para dar cabida a alguna faceta oculta de su personalidad y los científicos sociales han determinado que su uso puede ayudar a muchos a ventilar de manera segura sus desequilibrios mentales.

Por ello los expertos han recomendado que redes sociales como Instagram eviten la imposición de políticas que obliguen a los usuarios a revelar sus verdaderos nombres como una manera de contribuir a mantener abierta esa válvula de escape psíquica.

Ysabel Gerrard, de la Universidad de Sheffield, en Gran Bretaña, y Anthony McCosker, de la Universidad de Tecnología de Swinburne, en Australia, estudiaron cuentas de Instagram que publicaban temas de salud mental y encontraron que el 76 por ciento usaban seudónimos para ocultar sus identidades.

El estudio, publicado en la revista New Media and Society y discutido en MedicalExpress, también mostró que el 35 por ciento de las publicaciones sobre depresión usaban humor negro y memes, lo que sugiere que la salud mental todavía es un tópico sobre al que la gente le cuesta hablar.

Al analizar el contenido de las publicaciones marcadas con el hashtag #deprimido encontraron que el 38 por ciento de los posts estaban diseñados para inspirar esperanza e incitar a las personas a buscar ayuda para resolver sus problemas mentales.

Mientras que sólo el 15 por ciento mostraba imágenes de las personas deprimidas, como selfies o fotografías de personas haciéndose daño. Los investigadores sugieren que es posible que ese baja exposición se deba a la política de Instagram de clasificar las publicaciones que digan #deprimido como "problemáticas, lo que significa que el algoritmo limita las búsquedas para esa palabra.

Gerrard, quien es profesora del Departamento de Estudios Sociológicos en la Universidad de Sheffield, dijo; "Nuestra investigación muestra claramente que las personas no se sienten cómodas hablando sobre depresión usando sus nombres reales en una cuenta pública. Si Instagram alguna vez aplica una política de nombres reales, como lo ha hecho Facebook, eliminará por completo estos espacios seguros".

Facebook e Instagram no se toman el asunto a la ligera y convocaron a Gerrard a integrar una Junta Asesora sobre Suicidios y Autolesiones para tomar en cuenta los hallazgos de ese y otras investigaciones sobre salud mental antes de tomar decisiones que afecten el uso de esas redes

La voz de la experiencia

Una escritora con problemas depresivos reflexionó en Medium sobre cómo manejar las identidades personales y profesionales en las redes sociales, cómo decidir lo que debes o no compartir, cuánto dependes de las redes para llenar un vacío existencial. Felicia C. Sullivan cree que la clave está en los límites, que son protecciones imaginarias que creamos alrededor de problemas reales.

Sullivan aprendió la utilidad de usar un seudónimo luego de una crisis mental en la que publicó su sufrimiento por Twitter y allí fue criticada y bloqueada por muchos de los que se hacían llamar sus amigos.

Luego de un año alejada por completo de los medios sociales aprendió a usar las redes como una herramienta complementaria pero no como el hilo conductor de su vida.

Cuando sintió la necesidad de abrir una nueva cuenta en Instagram para compartir fotografías sobre un largo viaje que hizo por California durante su proceso de recuperación, recordó las dolorosas palabras de sus críticos y decidió tomar un camino diferente.

"Así que decidí crear una cuenta de Instagram bajo un seudónimo. Una identidad completamente nueva donde nadie que conozco pudiera encontrarme", dijo Sullivan.

Se inspiró en la autora Judith Donath, quien cree que los seudónimos bien intencionados pueden enriquecer las interacciones online, al oponerse a la idea de que los nombres falsos son sinónimos de trolling.

"No hablamos de crear nombres falsos para incitar deliberadamente el odio o la ira online; por el contrario, estamos cultivando una personalidad separada mediante la cual podemos explorar aspectos de nuestra personalidad que no tienen que estar vinculados a cómo otros nos perciben personal o profesionalmente", opinó.