Vendedor de lujosos "búnkers" hace una fortuna con la paranoia de ricos trumpistas

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Vender protección en caso de que la sociedad se colapse es para algunos un negocio redondo.

La noción de que el mundo como lo conocemos está próximo a su fin y de que solo quienes se preparen para sobrevivir en un contexto carente de las funcionalidades, servicios, seguridades y capacidades de la civilización moderna podrán tener oportunidad en esa realidad postapocalíptica ha estado presente desde mucho tiempo atrás.

Un búnker de Atlas Survival Shelters es instalado en un espacio excavado especialmente para ello. (Captura de video / YouTube / Atlas Survival Shelters)
Un búnker de Atlas Survival Shelters es instalado en un espacio excavado especialmente para ello. (Captura de video / YouTube / Atlas Survival Shelters)

En realidad, la idea de que se avecina un “fin de los tiempos” está arraigada en varias religiones y, en términos seculares, en grupos que por lo general desconfían del gobierno y del sistema socioeconómico en sí. Y algunos creen que ese abrupto fin, o transformación catastrófica, podría producirse tanto por una escatología religiosa como por un megadesastre natural, una enfermedad devastadora o, también, una guerra nuclear u otros fenómenos.

A ello, algunos recientemente habrían añadido, con un patente tono de paranoia y tensión político-ideológica, las acciones u omisiones del gobierno del presidente estadounidense Joe Biden.

En todo caso, como narró Business Insider, Ron Hubbard ha aprovechado ese fenómeno para generar cuantiosas ganancias en su empresa Atlas Survival Shelters, dedicada a construir y vender ‘búnkers’, refugios donde algunos esperan poder protegerse y sobrevivir en caso de que se desate una catástrofe mayúscula.

“El negocio de los búnkers está este año más caliente que nunca. Día y noche mi teléfono suena con llamadas de personas de todo el país que quieren comprar un búnker”, dijo Hubbard al citado medio.

Tan solo en una semana de agosto de 2021, cuenta, tuvo ventas por 1.7 millones de dólares. Y el negocio es muy redituable pues muchos clientes pagan completo, de contado y por anticipado el costo de su búnker.

Ron Hubbard, propietario de Atlas Survival Shelters. (Captura de video / YouTube / Atlas Survival Shelters)
Ron Hubbard, propietario de Atlas Survival Shelters. (Captura de video / YouTube / Atlas Survival Shelters)

El canal de YouTube de la empresa de Hubbard, que tiene 351,000 subscriptores y cuyos videos han sido vistos millones de veces, es una estrategia de promoción que ha resultado importante para su negocio.

Según Hubbard, la causa de que tantos clientes se agolpen para comprarle búnkers recientemente es que “la gente está asustada de lo que pasa en el mundo actualmente. Muchos están comprando un búnker para tener un lugar seguro donde ocultarse sin importar lo que venga en el futuro, como un plan B de supervivencia”.

Y lo curioso es que quienes están así motivados, preocupado o paranoicos son en su gran mayoría personas ricas de ideología conservadora: “nuestros clientes tienden a ser personas pro Trump, pro armas y cristianos de clase alta”, dijo Hubbard. Y desde que Biden asumió la presidencia ese grupo de personas se ha interesado más en hacerse de un búnker: “este país va para abajo. ¡Necesito un búnker!”, cuenta Hubbard que le dijo un republicano.

Así, la paranoia de republicanos, trumpistas y demás sería un factor determinante en la bonanza del negocio de Hubbard, quien dice que, al menos a él, los demócratas no le compran búnkers.

Para su clientela Hubbard ofrece una gama de búnkers: desde los pequeños de 100 pies cuadrados (9.2 metros cuadrados) que tienen un costo de 50,000 dólares hasta los muy amplios y lujosos modelos de 10,000 pies cuadrados (929 metros cuadrados) con un precio de 5 millones de dólares.

El interior de uno de los búnkers 'estándar' de Atlas Survival Shelters. (Captura de video / YouTube / Atlas Survival Shelters)
El interior de uno de los búnkers 'estándar' de Atlas Survival Shelters. (Captura de video / YouTube / Atlas Survival Shelters)

Los modelos de búnker que Hubbard vende están por lo general preensamblados y son enviados a los clientes, para luego, por ejemplo, ser colocados en una cavidad excavada en su propiedad. Poseen filtros de aire de nivel militar y cuentan con sistemas autónomos de energía y tanques para almacenar agua.

Esos búnkers ofrecen comodidades modernas que los clientes pueden elegir, y algunos incluyen lujos como bodega para vinos, amplias duchas, televisores y electrodomésticos.

Quienes tienen el dinero y la actitud para pagar por un búnker así posiblemente lo adquieren como una suerte de “seguro de vida”, y para ahorrarse la desdicha de encontrase, en medio del fin del mundo y con una enorme pero ya inútil fortuna, con el remordimiento de no haberse hecho del búnker que lo protegiera de la hecatombe.

Y también hay quien dirá que, en todo caso, más que realidades son mentalidades las que impulsan ese tipo de compras, y en ello las tensiones, obsesiones y distorsiones político-ideológicas aportan un componente de peso.

Sea como sea, Hubbard está ganando mucho dinero con sus búnkers.

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