La paradoja del multipartidismo: menos poder para la gente

La paradoja del multipartidismo: menos poder para la gente

Después de años denostando el bipartidismo estamos ante las consecuencias que tiene el multipartidismo para la gobernabilidad y estabilidad. Los resultados electorales del 26M y del 28A muestran cómo en España ha desaparecido la posibilidad de que un único partido (en la práctica, tampoco dos partidos en coalición por diferencias ideológicas) pueda gobernar con mayoría absoluta desde el gobierno del país a los ayuntamientos.

El multipartidismo sufre una paradoja que tiende a pasar desapercibida: en paralelo a cómo crece el número de partidos con representación significativa, decrece la influencia real de los ciudadanos a la hora de decidir quién gobierna, precisamente un argumento central en democracia. En el bipartidismo las mayorías sociales en cada elección tienen el poder real de mantener o cambiar el gobierno cuando consideran que ha incumplido sus promesas, ha fallado en la gestión, ha sido corrupto, etc. El poder real de mantener o cambiar el gobierno de una nación -o menor escala- está directamente en manos de la gente.

Con el multipartidismo la formación de una mayoría de gobierno no es necesariamente el producto de la voluntad popular sino de las decisiones particulares de los líderes políticos. Un ejemplo, la moción de censura ganada por Pedro Sánchez con la ayuda del PNV y de los independentistas catalanes, para acabar haciendo inviable el gobierno de Pedro Sánchez. Toda una partida de ajedrez para mejorar las posiciones individuales de líderes y partidos. Otro ejemplo es lo que parece que sucederá en el Ayuntamiento de Madrid, donde tendrá que conformarse una colación de tres partidos para que no gobierne el partido más votado. Lo que no cuestiona la legitimidad democrática de esas coaliciones líquidas.

La paradoja del multipartidismo es que reduce el poder de los ciudadanos. Un poder que pasa a manos de los partidos y sus líderes, que ganan un gran margen de maniobra para acuerdos que le permitan seguir en posiciones de relevancia política al margen de la voluntad popular dominante. Lo que no tiene por qué ser necesariamente bueno ni malo en sí mismo, sino que debe juzgarse en función de las consecuencias que tenga para los ciudadanos que hayan perdido parte de su poder en democracia. Hay países de gran tradición bipartidista (EEUU o Reino Unido) que son tan democráticos y estables sus gobiernos, o mucho más, que los multipartidistas (Italia).

La denostación ideológica del bipartidismo por parte de Podemos y Ciudadanos ha sido, sin duda, interesada como la forma más económica de justificar y dar valor a su propia existencia. La crisis económica iniciada a inicios de 2008 -que no ha parado de mutar desde entonces- acabó provocando una crisis de representación que se llevó por delante el bipartidismo en 2015. Y acabó provocando una grave crisis de gobernabilidad con la repetición de elecciones generales en 2016, gracias a Podemos, a pesar de haber un acuerdo de gobierno estable entre PSOE y Ciudadanos.

Por muchos beneficios que se hayan vendido del multipartidismo, lo cierto es que todos los gobiernos de nuestra democracia han sido del PSOE o del PP y, además, no hay nada que indique que esto vaya a cambiar en breve. Por tanto, el multipartidismo no ha servido para acabar con la alternancia bipartidista en la presidencia del gobierno.

En definitiva, asistimos en España a un creciente proceso de italianización de nuestra política. Eso sí, aún no ha parece haber nacido nuestro Giulio Andreotti local, que estuvo de una forma u otra en el centro del poder italiano, ocupando todo tipo de puestos de relevancia política, durante más de 50 años.

La cuestión final es simple: en tiempos de incertidumbre global donde lo improbable no deja de suceder cada día, donde la amenaza de crisis o recesión económica sobrevuela cada poco tiempo, donde la tecnología es un factor de inestabilidad creciente… ¿Qué necesitan los países para su gobernabilidad? ¿el multipartidismo? ¿el bipartidismo? Políticos y estadistas competentes a la altura de este mundo post Internet.