La obligación moral de forrarse del comisionista.

·2  min de lectura
La obligación moral de forrarse del comisionista.

Crece en los comisionistas, a la misma velocidad que la ansiedad en el resto de los mortales, la obligación moral de forrarse. Mientras España se forra a pastillas para soportar lo que se nos ha venido encima, los comisionistas se forran a ver quién la tiene más grande. También la jeta.

Tiene el comisionista un problema serio de déficit de vergüenza y una ansiedad cainita y devoradora de cualquier resquicio de humanidad hacia el prójimo. No importa que no haya lugares donde amontonar a los muertos, ni siquiera ataúdes suficientes, no hay régimen -corrupto, dictatorial o asesino- que se les resista la lealtad se mide por lo que les cabe bajo las garras cuando han terminado de rapiñar a sus víctimas, y no se cambia en dólares sino en los huevazos que pueda comprar para presumir.

Eso sí, los huevazos siempre bien envueltos en una bandera, que distrae mucho y une mucho también, porque el comisionista es negro por dentro, del tono de piel aproximado de esas personas que le molestan, porque los que roban siempre son los demás, no se vaya usted a pensar. El comisionista no nace con un pan bajo el brazo, sino con una agenda de contactos que se comisionan unos a otros, como los Tres Mosqueteros pero en manada.

Ve a decirle tú al comisionista que ser patriota no es el rojigualdismo de cosplay que él practica, sino pagar impuestos, y te escupirá meritocracia heredada en la cara con regusto a superioridad. Que ya se sabe que los pobres lo son por vagancia o tontería. O ambas. Que a ver si para ser Rey comisionista o Grande de España -o del fútbol- comisionista no hay que nacer aprendido. O arrejuntarse bien. Y desmentir, que algo queda.

Pero si algo hemos aprendido de la Historia es que el comisionista siempre permanece. Tras el estallido del escándalo, como el conde de Romanones, cuando ellos dicen jamás, quieren decir hasta esta tarde, que vendría a ser hasta el tiempo oportuno de volver a comisionar. Y, mientras los demás nos indignamos mucho, mucho con ellos, resulta que sólo son gases en el intestino y tras disiparse el tufo del próximo pedo que nos lancen en la cara volveremos a sonreír bobaliconamente al señor comisionista, que para algo le seguimos votando. Y no necesariamente en las urnas. También se vota comprando camisetas de fútbol.

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.