La mujer a la que un empleado de Starbucks le negó el servicio por no llevar cubrebocas exige la mitad de los 105,000 dólares que le donaron al joven

Jesús Del Toro
·4  min de lectura

La insólita y disparatada pretensión de una mujer en California ha causado una nueva sensación en la opinión pública. Hace unas semanas, Amber Lynn Gilles ingresó sin mascarilla a un local Starbucks en San Diego y confrontó a un joven barista que se negó a servirle por no llevar cobertura facial en plena pandemia de covid-19.

En esa localidad el uso de mascarillas en establecimientos como esa cafetería es obligatorio, pero Gilles pretendió exhibir en su página de Facebook al empleado, Lenin Gutiérrez, al parecer suponiendo que con ello lo sometería al escarnio público por haber osado no atenderla.

Amber Lynn Gilles exige la mitad de los más de 100,000 dólares que le fueron donados al joven barista Lenin Gutiérrez. (Captura de pantalla KGTV/FOX4/ABC10)
Amber Lynn Gilles exige la mitad de los más de 100,000 dólares que le fueron donados al joven barista Lenin Gutiérrez. (Captura de pantalla KGTV/FOX4/ABC10)

En realidad, el tiro le salió por la culata y las redes sociales se volcaron masivamente en repudio de la actitud insolente, y peligrosa para la salud pública, de Gilles y en apoyo al joven Gutiérrez.

Tan grande y entusiasta fue el apoyo al joven que una campaña de recaudación de fondos en GoFundMe reunió más de 105,000 dólares como “propinas” en reconocimiento y beneficio del consciente y responsable barista.

Todo eso, al parecer, Gilles no lo pudo soportar.

Ahora, de acuerdo al periódico New York Post, Gilles amenaza con presentar una demanda para que se le entregue la mitad del dinero recaudado por multitud de usuarios específicamente en beneficio de Gutiérrez.

Según dijo a la televisora local KGTV, Gilles dice que se le debe entregar la mitad de ese dinero porque ella padece problemas de salud que le impiden llevar mascarillas. Y clama que lo que sufrió “fue discriminación y a todos les parece bien y están impulsando y recompensando ese comportamiento”, en alusión a la decisión de Gutiérrez de no servirle y a la de los usuarios al donarle dinero al joven.

Pero Gilles no ha realmente demostrado que padece una condición que le impida usar mascarillas y los argumentos que ha hecho al respecto parecen más bien un alegato desesperado y mal fabricado para tratar de que se le entregue un dinero que no le corresponde.

De acuerdo a los medios citados, Gilles mostró documentos de un examen pélvico que se le hizo en 2015 en el que se dice que ella tendría “un probable fibroma… creciendo en la pared anterior del útero con un tamaño de 2.9 centímetros… y un quiste en el ovario izquierdo de 2.5 centímetros”.

La relación entre ese posible diagnóstico de 2015 y el no poder usar una mascarilla es un misterio, y no está claro si cinco años después Gilles aún padece de ello. A ella se le desea buena salud.

Lenin Gutiérrez trabaja como barista en un Starbucks en San Diego, California. La foto fue publicada en la página de una campaña de recaudación de fondos en su beneficio en GoFundMe y sería la misma que una mujer que entró en su establecimiento sin mascarilla le tomó. (GoFundMe/Facebook)
Lenin Gutiérrez trabaja como barista en un Starbucks en San Diego, California. La foto fue publicada en la página de una campaña de recaudación de fondos en su beneficio en GoFundMe y sería la misma que una mujer que entró en su establecimiento sin mascarilla le tomó. (GoFundMe/Facebook)

Luego, mostró una carta de un quiropráctico en la que se dice que Gilles tiene “una condición respiratoria que le impide usar máscaras o cualquier tipo de cobertura facial”. Los detalles sobre esa condición no se han identificado y en todo caso un quiropráctico atiende cuestiones musculoesqueléticas, no respiratorias, y en realidad, si bien merecen respeto, no son médicos o doctores en medicina. Algunos tienen título de doctor en quiropráctica pero no se trata de un título equivalente al de los médicos en Estados Unidos.

Gilles pidió que el nombre del quiropráctico no fuera difundido y cuando la KGTV lo contactó se negó a discutir el caso de la mujer.

Así, que un quiropráctico señale si alguien tiene una afección respiratoria que le impide usar mascarillas luce, por lo menos, carente de rigor. Y muchos lo consideran, junto a las otras explicaciones de Gilles, como un alegato meramente ridículo.

Por añadidura, Gilles parece no haber comprendido, o rechaza comprender, las implicaciones de sus propias acciones y señala que “que necesita que le ofrezcan una disculpa” por haber sufrido discriminación. “Yo soy la que está enferma”, comenta.

Si ese es el caso, con todo, no puede concluirse de las supuestas pruebas que mostró al respecto.

Y lo que sí parece claro es que Gilles estaría buscando, de modo al parecer desesperado, hacerse de un dinero que no le corresponde, que le fue donado voluntaria y específicamente por gran cantidad de personas al joven barista y que si fluyó en tal magnitud en beneficio de Gutiérrez fue por causa de las propias impertinencias de Gilles.

La prepotencia y la inconsciencia, diría un dicho expandido, no pagan.

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