La marihuana llega a casa: Una encuesta de Yahoo y Marist encontró que padres e hijos se muestran más abiertos al consumo de marihuana

Andrew Romano
West Coast Correspondent

Cuando Michelle, una abogada de 40 años que vive en Connecticut, visitó a su hijo en la universidad en Colorado, no pensó que se estaba aventurando en un Estado en el que recientemente se había legalizado la marihuana, dejando atrás otro en el que seguía siendo ilegal.

Sin embargo, cuando reparó en ello, decidió que sería divertido colocarse legalmente con su hijo.

Michelle y Schuyler, quien tiene 19 años y estudia Biología Organísmica y Ecología, son pioneros en el nuevo y valiente mundo del consumo de la marihuana. Para proteger su privacidad, ambos le solicitaron a Yahoo Noticias que no mencionaran su apellido.

Durante los últimos cuatro años y medio, ocho estados y Washington D.C. han legalizado la marihuana recreativa, mientras que la marihuana medicinal se ha legalizado en 29 estados además de Washington D.C. En realidad, la venta o posesión de marihuana sigue siendo un delito federal, aunque rara vez se condena a alguien por ello, excepto en los casos de los grandes productores o comerciantes, aunque la nueva administración podría estarse replanteando esta política. A esto se le suma que del otro lado de nuestra frontera norte, el primer ministro Justin Trudeau acaba de presentar una legislación que podría convertir a Canadá en la segunda nación del mundo en legalizar completamente la marihuana como un producto de consumo. Se prevé que en poco tiempo la industria de la marihuana en Estados Unidos cree más empleos que la manufacturera y que los porros sean tan comunes como las pintas.

Pero, ¿cómo este gran cambio a nivel social está afectando nuestras relaciones más significativas? Para averiguarlo, Yahoo unió fuerzas con Marist Poll para adentrarse en profundidad y de manera exclusiva en el mundo de la marihuana y la familia estadounidense, basándose en una encuesta realizada a 1.122 estadounidenses mayores de 18 años.

A medida que la ley evoluciona, las actitudes sociales también se desarrollan, de manera que cada vez hay más estadounidenses que superan los viejos tabúes e incorporan la marihuana a su vida familiar. De hecho, el consumo de marihuana no solo se acepta sino que se asume con una actitud abierta en las familias donde los adultos la consumen y, curiosamente, la mayoría de los estadounidenses que la usan son padres, específicamente el 54%.


Una y otra vez las investigaciones muestran que los adultos que han tenido al menos una experiencia con la marihuana, ya la usen con regularidad o la hayan probado solo una vez, son menos propensos a preocuparse por sus efectos sobre sí mismos o los demás. Esto sugiere que a medida que la hierba se expanda en la era de la legalización, más estadounidenses y sus familias comenzarán a pensar de la misma manera.

Sin embargo, estos cambios no están exentos de desafíos.

Lo que ha quedado claro en la encuesta de Yahoo Noticias y Marist Poll es que ahora más que nunca la marihuana ocupa un lugar importante en la vida familiar. Los jóvenes no se esconden de sus padres tanto como antes. Muchos padres ni siquiera se ocultan de sus hijos.

Aproximadamente la mitad, el 47% de los padres que usan la droga al menos una o dos veces al año, aseguran que han consumido marihuana frente a sus hijos, generalmente adultos, compartido con ellos o ambas cosas. Y más de uno de cada cuatro usuarios afirma haber consumido marihuana frente a sus propios padres o con ellos.

Por otro lado, todavía existe un gran estigma asociado a esta práctica. El 79% de los estadounidenses dicen que sentirían menos respeto por un padre que consume marihuana delante de su hijo e incluso el 64% de los que la utilizan como medicamento de forma ocasional apoya este criterio.

Incluir la marihuana en tu vida familiar es, en pocas palabras, complicado, Michelle y Schuyler son los primeros en admitirlo.

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Al inicio, Michelle tenía un motivo familiar para volar al oeste: visitar a su hijo en la universidad. Pero entonces se dio cuenta de que el cumpleaños de su amiga estaba cerca e invitó a un par de personas más. Alguien mencionó la marihuana. “Oh”, pensó Michelle, “podría ser una buena experiencia”. En poco tiempo, reservó un alojamiento “420 amigable” en Airbnb y echó un vistazo a las tiendas de marihuana recreativa más cercanas en Yelp.

Michelle solo consume de manera ocasional, probablemente “fuma un par de veces al año”, reveló, y solo con amigos. Sin embargo, cuando era adolescente consumía con más regularidad, y cuando Schuyler nació, decidió que manejaría el tema de la droga de una forma diferente a como lo hicieron sus propios padres “latinos católicos estrictos”: sería sincera con Schuyler sobre sus experiencias y le permitiría probarlo también, dentro de ciertos límites.

“Para nosotros, la marihuana no era un problema en sí misma. Si le iba bien en la escuela y se comportaba correctamente, perfecto, entonces podía fumar los fines de semana”, explicó Michelle. “Si le decía que no, no habría sabido qué hacía Schuyler, y eso era más aterrador”.

Mientras Michelle planificaba su viaje a Colorado, la idea de colocarse con Schuyler la intrigó. “Pensaba: ‘Wow, esta es la siguiente fase de nuestra relación’. Podemos divertirnos juntos como adultos”, confesó.

Schuyler también parecía emocionado. Michelle y sus amigos lo recogieron en la escuela y se dirigieron a Denver. En el dispensario local, Michelle contó que fue como “estar con un niño en una tienda de dulces. Le compré a Schuyler lo que quiso. Tenían diferentes cosas: ositos de goma, chocolates, marihuana para fumar y hacerte feliz, otro tipo de porro para el dolor. Estábamos pasando nuestro mejor momento”.

Sin embargo, Schuyler tiene un recuerdo diferente de esa noche.

“No lo disfruté”, confesó. “Mi madre y sus amigas compraron demasiadas cosas. Acabaron con todo, en plan: ‘Vamos a ver “Policía Rebelde II” Y yo pensé ‘¿Qué demonios es esto? Me voy’. Pero ellas me superaban”.

Unos meses más tarde, Schuyler finalmente le habló a su mamá acerca de su visita. “Él estaba en plan: ‘Todo fue muy extraño para mí’”, recordó Michelle. “Estaba muy decepcionada”.

Todavía hoy, Schuyler se esfuerza por describir lo desconcertante que fue la experiencia. “No lo sé”, murmuró. “Siempre he sido maduro para mi edad. Y en ese momento no pude evitar sentir que mi madre no era tan madura como yo. Pensaba, ‘esto no es como se supone que debe ser’”.

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Pero, ¿cómo se supone que debe ser?

Cuando se trata del consumo de marihuana, la familia estadounidense está entrando en un territorio inexplorado, y Michelle y Schuyler no son los únicos que se sienten confundidos sobre las reglas que se supone que deben seguir y los roles que deben desempeñar.

Las nuevas leyes y actitudes sociales están complicando la vida de familia que tienen que lidiar con este asunto. Algunos son felices colocándose y otros celebran el cambio. Otros están lidiando con la ansiedad, la incertidumbre e incluso la vergüenza. ¿Cómo puedo persuadir a mis hijos a no probar la marihuana si de repente empiezan a venderla, en forma de brownie, en el dispensario de la esquina? ¿Ahora que ya no es ilegal, necesito seguir ocultándole mi hábito a mi marido?

Lo primero que debemos saber es que, según la encuesta, la mayoría de los estadounidenses que han consumido marihuana en algún momento de sus vidas, el 65% de ellos, ahora tienen hijos. Lo mismo vale para el 54% de los usuarios ocasionales, que utilizan la marihuana al menos una o dos veces al año, y el 51% de los usuarios regulares, que la consumen al menos una o dos veces al mes, lo que significa que a medida que Estados Unidos se transforma en una sociedad más amigable con la marihuana, las familias se colocan cada vez más en el centro del escenario.

En los últimos años, todos hemos escuchado hablar sobre la “integración de la marihuana”, y es cierto que en sentido general se está aceptando más su consumo. Según la encuesta, ahora la nación está dividida sobre la legalización de la marihuana con fines recreativos: un 49% a favor y el 47% en contra. Una de las consecuencias más sorprendentes de esta integración es que está alterando nuestras actitudes respecto a los jóvenes y la marihuana.

En general, los estadounidenses están menos preocupados por los jóvenes que fuman marihuana que por los que fuman cigarrillos: el 24% mencionó los cigarrillos como su principal preocupación y solo el 21% nombró la marihuana.

Eso está muy lejos de los días de “Locura por la marihuana”. Entonces, ¿a qué se debe el cambio? Tal vez se deba a que la mayoría de los adultos ahora piensan que la marihuana es mejor que una Miller High Life o unos Marlboro. Después de todo, solo una de estas sustancias se describe frecuentemente como “medicinal”. El margen es de más de cuatro por uno, es decir, el 76% de los estadounidenses aseguran que el consumo regular de tabaco implica un riesgo mayor para la salud que el uso regular de la marihuana, que es la mayor preocupación del 18%, y lo mismo afirman sobre el alcohol, un 72% frente al 20% piensa que es más peligroso.

Si comparamos a los padres que han probado la marihuana con los que no lo han hecho, el margen es aún mayor.

Claro, para cerca del 24% de los padres la marihuana sigue siendo la principal fuente de preocupación en relación con sus hijos. Sin embargo, solo el 6% de los padres que consumen marihuana comparten este punto de vista. De hecho, tanto los usuarios como quienes consumen de manera muy esporádica, el 52% de los estadounidenses que han probado la droga al menos una vez en su vida, la colocan al final de su lista de preocupaciones relacionadas con sus hijos, por detrás de los cigarrillos, el alcohol, el sexo y el fraude en los exámenes.

Un abogado de Los Ángeles y su hija encarnan la evolución de las prioridades de los padres. Después de descubrir que ambos fumaban marihuana crearon una rutina de despedida con un guiño cada vez que la hija salía por la noche.

“Si bebes, no conduzcas”, decía.

“No conduciré si bebo”, contestaba ella.

“Si fumas hierba, no conduzcas”.

“No conduciré si fumo”.

“Si consumes cocaína, no conduzcas”.

“No consumo cocaína”.

En general, la encuesta de Yahoo Noticias y Marist Poll muestra que los estadounidenses que han probado al menos alguna vez la marihuana son más propensos a pensar que la droga es compatible con la vida familiar en comparación con aquellos que nunca la han consumido. El 56% de quienes la consumen de manera esporádica que tienen una relación aseguran que su cónyuge o pareja aprobarían su uso recreativo si fuera legal. El 60% de los padres que han probado la marihuana creen que sus hijos o bien aprobarían el consumo recreativo de sus padres o no les importaría. Entre los padres que consumen marihuana, el 69% apoya la prescripción de marihuana medicinal de forma legal en los niños y un 75% considera que la droga es socialmente aceptable.

Entre todos los padres, incluyendo aquellos que no consumen o no han probado nunca la marihuana, estas cifras son significativamente más bajas.

Incluso consumir marihuana durante el embarazo ya no es el tabú que fue hace tiempo, al menos entre los usuarios. Solo uno de cada cinco estadounidenses, el 21%, cree que está bien que una mujer embarazada use marihuana para aliviar las náuseas o el dolor. Sin embargo, esa cifra aumenta al 40% entre quienes consumen con regularidad marihuana.

“Me di cuenta de cómo podría aliviar las náuseas sin sentirme anestesiada”, reveló Melissa Vaughn, una madre ama de casa de 37 años que vive en Boston y que comía entre tres y cuatro mini brownies de marihuana a diario durante su embarazo. “No hubo efectos secundarios. Me alivió completamente las náuseas”. Sin embargo, para Melissa la droga tuvo un inconveniente. En una de sus visitas prenatales le comentó nerviosamente a su médico que la marihuana había aliviado sus debilitantes náuseas matutinas y luego observó cómo escribía ese dato en su expediente. “Cuando mi hijo nació, recogieron una muestra de meconio para analizarlo y asegurarse de que no había THC en su organismo, porque entonces habría tenido que ir a los servicios sociales”, explicó. “¿No es horrible?”

Sin embargo, a pesar de los riesgos, la encuesta de Yahoo Noticias y Marist Poll reveló que las familias que usan marihuana se han abierto notablemente al respecto. El 95% asegura que su cónyuge o pareja sabe que la consumen y con qué frecuencia. El 82% de los usuarios que tienen una relación han consumido marihuana frente a su cónyuge o pareja, han compartido la experiencia o ambas cosas. El 60% de los padres que usan marihuana dicen que sus hijos son conscientes de que la consumen y el 54% han hablado directamente con sus hijos sobre su uso. Del mismo modo, el 72% de los jóvenes mayores de edad que consumen marihuana dicen que sus padres lo saben.

A Michael Good, profesor de ciencias políticas en Oakland, California, le diagnosticaron leucemia hace cuatro años. A sus 69 años, no era ajeno a la marihuana, había fumado algunos porros cuando era un “hippie” en la década de 1960, pero desde entonces no lo había vuelto a hacer. Sin embargo, al convertirse en padre, decidió hacerse el de la vista gorda cuando su hijo adolescente empezó a consumirla, pero cuando llegó a la vejez insistió en que Jason le acompañara durante su primera visita a un dispensario. “Fue una experiencia divertida para ambos”, reveló Jason. “Había algo subversivo en ello”.

Por lo menos, las familias de hoy están hablando sobre la marihuana, el 73% de los padres afirman que han hablado al respecto con sus hijos. Eso representa una gran ruptura con las generaciones anteriores. En general, el 60% de los estadounidenses dicen que sus padres no les hablaban sobre la marihuana, y cuanto mayor es la persona, menos comunes son esas conversaciones. El 72% de los baby boomers nunca conversaron al respecto con sus padres, y entre los miembros de Generación Silenciosa y la Gran Generación, las personas mayores de 69 años, esa cifra aumenta al 95%. No obstante, quizá la cifra más sorprendente es que en este grupo etario que creció en la década de 1930, cuando la marihuana era una indulgencia furtiva para los músicos de jazz y los bohemios, hasta el 5% recibió una especie de conferencia sobre la marihuana por parte de sus padres. Asimismo, el 73% del grupo de personas mayores de 69 años cree que la marihuana representa un riesgo para la salud, en comparación con el 59% de los baby boomers, el 52% de la generación X y el 35% de los millennials.

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En última instancia, los datos indican que un mayor número de familias estadounidenses experimentarán muy pronto lo que Michelle y Schuyler ya han vivido. Cuando Schuyler era un niño, su madre le contó sobre su consumo de marihuana en el pasado y cuando Schuyler la probó por primera vez, mientras cursaba el noveno grado, también se lo contó a su madre. Es probable que Michelle haya sido más permisiva que la mayoría de las madres, pero tenía límites muy claros: obtener buenas calificaciones, esperar hasta el fin de semana para fumar, no consumir si no se sentía bien, ya que tanto Schuyler como Michelle luchan con la depresión, y cosas por ese estilo. Sin embargo, al igual que la mayoría de los adolescentes, Schuyler traspasó los límites, ya fuera excediéndose en las cantidades, consumiendo mientras estaba deprimido o preguntándose por qué no podía consumir también durante la semana.

“Obviamente todo esto provocó discrepancias entre mi madre y yo”, comentó Schuyler. “Teníamos diferentes expectativas que cambiaban constantemente. Me sentía como si un día se me permitiera hacerlo y al día siguiente no”.

“A veces, Schuyler parecía desear que le diera un “no” rotundo”, admitió Michelle.

Durante el verano, después del último año de colegio, Michelle finalmente accedió a que Schuyler y sus amigos fumaran en su terraza al sol, en cierto momento ella salió y les mostró cómo hacer bien un porro. Hasta el día de hoy, la madre de Michelle desaprueba la marihuana, indicándole las historias que afirman que se trata de una droga de entrada, una opinión que comparte el 20% de los estadounidenses, incluyendo el 38% de las personas mayores de 70 años.

De hecho, tanto Schuyler como Michelle sobrevivieron, y en algunos aspectos se han hecho más fuertes. Schuyler está bien en la universidad, ahora solo fuma de vez en cuando, y por eso le da el crédito a su madre, al menos en parte. “Nunca puso obstáculos, así que nunca usé las drogas para rebelarme”, dijo. “Cuando llegué a la universidad, no era como algunos de mis amigos que bebían demasiado y tenían un problema evidente. No perdí la cabeza por la marihuana porque ya sabía lo que era”.

Por su parte, Michelle asegura que no haría nada diferente. “A largo plazo prefiero que Schuyler confíe en mí y comparta conmigo, aunque a veces piense que soy una idiota o embarazosa o lo que sea”, explicó. “Al final, pienso que abrirse siempre es la mejor solución”.

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