La maravillosa respuesta de una madre a los deberes machistas de su hija

 

Niños tristes porque sus mamás se van a trabajar.

Niños tristes porque sus papás no saben hacerles el desayuno. Ni lavar los platos.

Niños tristes porque echan de menos a sus mamás  mientras ellas trabajan –no a sus papás, que también trabajan-.

Consecuencia: mamás que se sienten tremendamente culpables, salen antes del trabajo -enfadando a sus jefes- para llegar pronto a casa y que sus niños ya no estén tristes nunca más.

FIN————————

 

Estos son los deberes que una profesora estadounidense puso a los niños de su clase. Un texto machista en el que las madres que trabajan fuera de casa hacen que sus hijos sean unos infelices –los padres no, claro-, en el que los padres no saben fregar los platos ni cocinar, y en el que las mujeres trabajadoras se sienten tan culpables que no pueden cumplir con su jornada laboral –y, por lo tanto, queridos jefes, es mejor que no las contraten, claro-.

 

 

¿Qué harían ustedes si sus hijos llegaran del colegio con estos deberes?  Lynne Polvino se encontró el otro día con algo así. Ayudando a su hija con las tareas de la escuela, se topó con este párrafo en el que su hija tenía que rellenar los espacios en blanco con la palabra correcta:

Lisa estaba triste porque su madre había vuelto al trabajo. La mañana fue terrible. Lisa tenía que llegar a tiempo a la escuela. Su padre tenía que llegar a tiempo a la escuela. Y ahora, su madre también tenía prisa. El papá de Lisa hizo el desayuno, no estaba demasiado bueno. Y le pidió a Lisa que fregara los platos. Tampoco lo hizo bien. Lisa no lo pasó bien en la escuela. Mientras volvía a casa se preguntaba a qué hora llegaría su mamá a casa y lo sola que iba a estar. Pero su mamá estaba allí. He salido antes del trabajo para que podamos estar juntas, le dijo. Y ahora Lisa es feliz”.

Lisa es feliz porque su madre ha dejado de trabajar para estar en casa con ella. Del padre no hablamos, claro, puede trabajar todo lo que quiera, hacer todo lo que quiera, menos las tareas del hogar, que se le dan fatal. Eso se lo deja a su mujer, que tiene un cerebro especialmente diseñado para cocinar y fregar. Y un corazón especialmente diseñado para sentirse culpable por trabajar fuera de casa.

“Me sacó demasiado de mis casillas y cada frase era peor que la anterior”, ha contado la madre a la revista Today. “¿En qué década estamos? ¿A día de hoy vamos a decirles a los niños que las madres que trabajan fuera de casa hacen que sus hijos sean infelices? ¿Que los padres no suelen hacer cosas como cocinar o fregar los platos?”.

Así que la mujer decidió tomar cartas en el asunto y escribir un texto alternativo que se ha vuelto viral.  Una historia en la que la madre vuelve contenta a trabajar -tras un año de baja maternal- mientras el padre es el que le toma el relevo en casa, con su baja de paternidad pagada. El padre cocina pero Lisa le ayuda fregando los platos, y lo hacen fenomenal.

Lynne Polvino también fue a hablar con la profesora, que ni siquiera se había dado cuenta de lo machista que era el texto. ¡Ni siquiera se había dado cuenta! Pero es lo que pasa con los micromachismos, que estamos tan acostumbrados a ellos que no los vemos, y los toleramos en nuestra vida como algo natural. Además, tenemos una extraña tendencia a criticar a las personas -sobre todo mujeres- que visibilizan y critican estos micromachismos. “Ya está esta pesada feminazi otra vez atacando a los hombres”. ¿Cuántas veces han oído esta frase?  Pues eso.