La confesión de un esbirro mientras 'escarmentaban' a su hijo: una señal de lo que hay detrás de los abusos policiales

Agentes de la policía de San José reducen a un hombre antes de detenerlo durante una protesta por la muerte de George Floyd, un afroestadounidense que murió tras ser arrestado en Minneapolis, el 29 de mayo de 2020, en San José, California. (AP Foto/Ben Margot)

Un hombre lamentaba cabizbajo la detención de su hijo durante una manifestación antigubernamental en la Isla de Margarita, en Venezuela, en marzo de 2014.

Su preocupación era distinta a la de otros padres angustiados que esperaban sentados en una acera frente a los tribunales a que sus muchachos fueran liberados.

Decía, con acento extranjero, que lo que deseaba para su hijo no era clemencia sino escarmiento.

“Yo sé por lo que Carlos está pasando y espero que le den su merecido. Cuando yo era policía en mi país, por allá por los años 70, me tocó detener a muchos alborotadores como él y la mayoría nunca más se atrevía a meterse en problemas después de pasar una noche detenido”, dijo con voz serena el tipo delgado, de tez blanca y cabellos cortos y canos.

El ex policía confesaba con naturalidad haber sido un funcionario maltratador de la dictadura argentina de Jorge Rafael Videla. A él le gustaba su trabajo y lo ejerció durante años, pero el sueldo se hacía corto y decidió probar suerte durante los años prósperos de la Venezuela petrolera.

Se aprovechó de la política de apertura para exiliados políticos que inició Carlos Andrés Pérez y emigró como víctima de la dictadura, silenciando su papel de victimario.

Su hijo Carlos nació en Argentina pero creció como un venezolano más, al punto de tomar total distancia con el antiguo oficio de su padre y lanzarse a las calles enardecidas de Pampatar a librar una lucha desigual de piedras contra balas de goma y bombas lacrimógenas.

Alberto no lograba entender las motivaciones de Carlos para protestar contra el gobierno de Nicolás Maduro. "Ellos están haciendo su trabajo y si lo hacen bien Carlos no va a salir sano".

Y así fue. Carlos recibió libertad condicional varios días después, luego de ser acusado de instigación al delito e intimidación pública junto a otro grupo de manifestantes. Pero cuando salió de su improvisado centro de reclusión tenía un pie entablillado por los golpes que recibió de los agente durante su captura.

Alberto estuvo allí para recibirlo con sentimientos encontrados. Se sentía aliviado de que su hijo estuviera vivo y a la vez satisfecho de que no hubiera salido ileso para que aprendiera su merecido.

La carta del arrepentido

La historia de Alberto, que conocí mientras hacía la cobertura periodística de las manifestaciones venezolanas en el 2014, me cayó de sopetón a la memoria cuando leí un artículo titulado: "Confesiones de un ex policía bastardo", publicado recientemente en Medium.

El ex policía, que protegió su identidad bajo el anonimato, decidió denunciar los atropellos de las fuerzas policiales luego  del asesinato de George Floyd. Y, a diferencia de Alberto, se mostraba arrepentido.

"La policía estadounidense es un grueso tumor azul que está estrangulando la vida de nuestras comunidades y si no lo creen cuando lo dice el pobre y el marginalizado, si no lo creen cuando ven a los policías del país disparando a periodistas con balas menos letales y químicos cáusticos, quizás lo puedan creer si lo escuchan directamente de la boca del cerdo".

El ex agente dijo que podría escribir un libro entero sobre las cosas horrendas que había hecho, visto y escuchado, pero que lo verdaderamente importante era saber cómo llegó el sistema policial a ese estado de descomposición.

"Aunque fui oficial de policial en una ciudad a 30 millas de donde vivía, muchos de mis colegas eran de la misma comunidad y trataban a sus vecinos tan mal como yo. Cree que los prejuicios individuales de cada policía influyen en las actitudes racistas pero insistió en que lo realmente "tóxica" es la profesión y que los problemas comienzan desde el primer día de entrenamiento.

Dijo que el énfasis del aprendizaje de los cadetes se coloca en la defensa personal del policía y no en la protección de la comunidad. La frase favorita de los graduados es "Prefiero ser juzgado por doce que cargado por seis", al referirse a los miembros del jurado en los juicios orales y a la comitiva de parientes que cargan los féretros en los servicios funerarios.

Lista de fallas

El oficial detalló una lista de actividades ilícitas que, según él, realizan de manera impune muchos funcionarios, quienes muy ocasionalmente serán sancionados o despedidos por incurrir en esas irregularidades.

Aseguró que los policías en Estados Unidos en 2020 mienten para manipular a los detenidos; mienten sobre sentirse amenazados para justificar el uso de la fuerza; mienten para hacer búsquedas ilegales en los domicilios.

No tengo manera de confirmar las confesiones de Alberto, el padre del manifestante lesionado con el que conversé hace años. Pero no pude contener mi escalofrío cuando recuerdo cómo mencionaba el escarmiento  a los jóvenes alborotadores. En seguida pensé en el operativo policial bonaerense conocido como La Noche de los Lápices, en la que un grupo de jóvenes fue secuestrado y torturado del 16 al 21 de septiembre de 1976 luego de una protesta por el pasaje estudiantil.

Investigaciones académicas determinaron que la función de la policía argentina se desvió de sus actividades habituales para "mantener el orden público y la paz social" mediante la brutal represión de manifestaciones, allanamientos y detenciones "paralegales".

En la actualidad no existen centros clandestinos de detenciones, pero hay denuncias de abuso de la autoridad y uso excesivo de la fuerza.

¿Cómo resolver el problema?

Sería injusto señalar que todos los policías son racistas y maltratadores. También hay que resaltar que existen marcadas diferencias entre el funcionamiento de los cuerpos de policías en distintas partes del mundo.

En mi país natal, Venezuela, la policía suele ser letal. La publicación Crónica Uno dijo que entre 2015 y 2017, fueron ajusticiados 6.444 venezolanos por agentes de la ley, basándose en estadísticas de la fiscal general en el exilio, Luisa Ortega Díaz. Encontrarse a un policía a media noche es tan peligroso como toparse con un delincuente.

La confesión del policía anónimo coincide con los estudios realizados por organizaciones no gubernamentales sobre las irregularidades policiales.

 

En Estados Unidos, los abusos de la fuerza pública parecen tener una fuerte inclinación racial. Los hombres negros e hispanos tienen más posibilidades de morir en manos de la policía que los hombres blancos en Estados Unidos. En el 99 por ciento de los casos, los oficiales no son investigados ni enfrentan cargos penales por matar a una persona durante el ejercicio de sus funciones.

La percepción sobre la violencia policial en España, país en el que vivo, parece depender de tu lugar de residencia y del color de tu piel. Mi experiencia personal es positiva. Considero que los policías de mi vecindario son amables y considerados. Pero la muerte del mantero senegalés Mame Mbaye en el barrio madrileño de Lavapiés en 2018 cuando escapaba de una redada policial muestra que existen fallas y errores que hay que subsanar.

El ex policía arrepentido considera que para resolver los graves problemas de la violencia policial en Estados Unidos es necesario eliminar la inmunidad, prohibir que la policía incaute activos de las viviendas requisadas y exigir un seguro de mala praxis laboral, para que exista una manera rápida de indemnizar a las víctimas en caso de una equivocación o un uso indebido de la fuerza.

Por último piensa que es indispensable la "desmilitarización policial" porque el 99% de los llamados en servicio no requieren una respuesta armada.

Yo no puedo evitar preguntarme qué pensará Alberto sobre el revuelo que generó el asesinato de Floyd y si aún creerá que la policía siempre tiene la razón.