La increíble historia de la periodista que pasó media hora enterrada viva en una tumba

La periodista venezolana Mitchel Vargas nunca pensó que su gusto por los cementerios la acercarían a la muerte. (Foto Carleth Morales)

Mitchel Vargas pasó 30 minutos enterrada junto a los restos de un cadáver luego de ser tragada por una tumba en un cementerio de Madrid.

La muerte tiene un olor particular. Vengo huyendo del régimen de Nicolás Maduro. Soy periodista y escribía para el primer diario de oposición al régimen. Llegué aquí pidiendo protección internacional y obviamente huyendo de la muerte. Lo menos que me imaginé es que la muerte me iba a buscar a mí acá”, declaró Vargas, quien prefiere presentarse como “Michu”.

La comunicadora venezolana salió el domingo en la mañana a una entrevista de trabajo y cuando regresaba a casa le llamó la atención el cementerio municipal de Canillas, un barrio ubicado en el noreste de Madrid. Su emoción por las posibilidades de conseguir empleo fue tal que sintió el impulso de colocar un ramo de flores en la tumba “más fea” para retribuir todo lo bueno que ha recibido en sus primeras semanas en Madrid.

“En el mes que he vivido en Madrid he recibido desde el alimento que me llevo a la boca hasta los zapatos con los que camino. De verdad que la solidaridad de los venezolanos en el exilio y de los españoles me ha sorprendido y quería dar las gracias”.

Así fue como comenzó a recorrer el camposanto para buscar la lápida más descuidada.

El fuerte graznido de un cuervo la convenció de que había encontrado el lugar menos grato del cementerio. Y al acercarse para depositar las flores comenzó el episodio que recordará el resto de su vida.

MItchel Vargas posó un pie sobre la tumba de Antonio Bisquert cuando se resquebrajó bajos sus pies. (Foto Carleth Morales)

“Cuando coloco el pie derecho para constatar de quién era la tumba, porque desde donde estaba no se leía nada, eso se abre y me traga. Fue literal. La tumba me tragó. Fueron los minutos más agónicos de mi vida”.

La superficie de cemento que cubría la tumba se partió y la mujer de 28 años cayó unos tres metros junto a pedazos de cemento, piedras y restos de la urna donde fue enterrado Antonio Bisquert el 27 de noviembre de 1947.

Los escombros le golpearon la cabeza y le abrieron una herida de seis centímetros, por donde comenzó a brotar sangre a borbotones.

“Sentí que iba a morir. Esos segundos fueron eternos. No veía el momento de terminar con esa agonía. Jamás perdí el conocimiento, pero sí me sentía mareada y que se me estaba durmiendo el cuerpo. Una de mis piernas quedó aprisionada entre el ataúd, el cascote de la lápida que me cayó y  la tierra. Tenía una pierna literalmente enterrada en el féretro y no me quería seguir moviendo porque la tierra se estaba hundiendo”, detalló Vargas.

Pero sus fuertes gritos no fueron escuchados. “Pedí ayuda pero nadie me escuchó.¿Quién se iba imaginar? En las tumbas están los muertos no los vivos”, bromeó la periodista.

Cuando logró reaccionar del aturdimiento que le provocó el golpe, tomó su teléfono móvil y de los 100 contactos que ya ha acumulado en Madrid decidió llamar a Carleth Morales, la presidenta de la asociación de periodistas venezolanos en España, Venezuelan Press, para pedirle auxilio.

“Pensé en Carleth porque fue la primera persona que me ayudó cuando llegué acá. Ella fue la que me recibio y la que hasta el sol de hoy es la que ha estado conmigo. En los buenos momentos y en los momentos tan malos cuando casi pierdo la vida.”

Morales atendió el teléfono cuando se dirigía a la Puerta del Sol con su madre y su hija de 4 años a un evento por los derechos humanos en Venezuela. “Me estoy desangrando. Me  he caído dentro de una tumba. Creo que me voy a morir. Necesito ayuda”, le dijo la joven entre sollozos después de largos silencios y varias llamadas interrumpidas.

Su reacción inmediata fue llamar al servicio de emergencia, que en España corresponde al 112, mientras se dirigía medio desorientada hacia el cementerio.

Para imprimirle tensión al drama, los paramédicos y los bomberos no encontraban al lugar porque Vargas estaban en el fondo de una fosa estrecha justo en el centro del lugar. Llaman a Morales para que vuelva a comunicarse con la periodista siniestrada y le indique que debe gritar con fuerza para ser ubicada.

Luego de 32 aterradores minutos, Vargas fue rescatada por los socorristas y trasladada al Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Su fortaleza física y una buena dosis de buena suerte impidió terminar con varios huesos rotos. Salió con magulladuras y algunas grapas en la cabeza que apenas se ven en medio de su larga cabellera negra.

“Lo místico de la historia es que las flores me acompañaron en todo momento”, relató Mitchel Vargas quien fue tratada en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid por una herida de seis centímetros en su cabeza. (Foto Carleth Morales)

Al salir del hospital, Vargas pidió a su colega y amiga que la llevara de nuevo al cementerio para cumplir su deseo de colocar las flores sobre lo que quedaba de la tumba de Bisquert pero el cementerio estaba cerrado. Fue el lunes en la mañana cuando colocó las flores que le costaron 9 euros de los 10 que tenía en la cartera.

“Lo místico de la historia es que las flores me acompañaron en todo momento. En la caída quedan fuera de la tumba. Yo caí y las flores sobrevivieron. Estuvieron conmigo cuando me montaron en la ambulancia, cuando me atendieron en el hospital, nadie me las quería recibir y cuando terminé la odisea fui y se las puse al señor Antonio Bisker porque ese era mi fin”

La insólita historia se esparció como pólvora entre los medios madrileños y Vargas se ha visto forzada a cambiar su rol de entrevistadora por el de entrevistada.

Codo a codo con la muerte

Vargas nació y vivió hasta hace un mes en Catia, un barrio obrero del noroeste de Caracas donde viven al menos uno de los siete millones de habitantes de la capital venezolana. Su envidiable clima anual de 22ºC y sus ricas tradiciones culturales contrastan con la proliferación de la violencia, impulsada por el hampa común y por grupos paramilitares amparados por el gobierno, conocidos como “colectivos”, que controlan desde la distribución de los alimentos subsidiados hasta el tráfico de armas y drogas del sector.

Allí aprendió que cualquier paso en falso puede significar la muerte.

Sobre su impulsiva decisión de entrar en el cementerio de Canillas, Vargas confesó que le gustan los cementerios.

“Fui a ese cementerio porque me gustan. Antes de ser periodista trabajé en una funeraria haciendo trámites administrativos y tengo conocimientos del oficio. Siempre he tenido contacto con esos temas de cementerios, morgues, funerarias y nunca había ido a un cementerio en el mes que tengo acá y ese me pareció muy bonito. Me parecía más bien un museo. No se parecen en nada a los de mi país. Es un cambio del cielo a la tierra”.

Mitchel Vargas regresó a la tumba que la tragó viva para colocar las flores al difunto. (Foto Carleth Morales)

Pero la periodista jamás pensó que ese gusto por los cementerios la iba a enfrentar a la muerte.

“ Yo creo en el destino, para mi el destino está escrito. Las cosas pasan porque tienen que pasar y porque así tiene que ser. Estoy consciente que uno le da forma a su vida pero creo que existe ese más allá que desconocemos. Pero jamás imaginé que iba a caer en una fosa y encima de un muerto. Es una experiencia que me ha marcado”.

De los cuerpos de rescate que la socorrieron sólo tiene palabras de agradecimiento.

“Mi mensaje para quienes me rescataron es que voy a agradecer toda la vida que hayan ido en mi auxilio, que me hayan rescatado, que me hayan calmado, que hayan puesto en riesgo hasta su misma vida. El bombero que descendió a buscarme lo primero que hizo fue abrazarme y decirme aquí estoy, no estás sola. Me quitó el cascote que aprisionaba mi pierna en el ataúd”.

Para Vargas es una historia con un final feliz “Volví a creer en alguien que porta un uniforme. Esa confianza la había perdido por todo lo que me había pasado en Venezuela pero acá volví a creer”.