La impresora 3D más grande del mundo crea un bote de tamaño récord

Las impresoras 3D, que en realidad son máquinas capaces de modelar objetos tridimensionales al añadir progresivamente capas de diversos materiales a partir de diseños introducidos vía una computadora, han comenzado a revolucionar la industria del diseño y la manufactura de objetos.

Y aunque aún no es el proceso dominante para la producción de objetos, va avanzando rápidamente en sus capacidades, alcances, implicaciones y posibilidades económicas.

Hay impresoras 3D de múltiples tamaños y formatos, algunas pequeñas que pueden ser usadas en casa con ciertas capacidades y precios moderados y otras de enorme poder y formato que pueden producir objetos de gran dimensión o complejidad.

El 3Dirigo es el bote más grande jamás creado con una impresora 3D, que a su vez es la más grande del mundo ubicada en la Universidad de Maine. (Facebook/UMaine Advanced Structures and Composites Center)

Es el caso de la impresora 3D más grande del mundo, creada por la Universidad de Maine, que el pasado 10 de octubre impuso un récord: creó el objeto sólido más grande creado con una impresora 3D. Se trató de un bote de 25 pies de largo (7.5 metros) y 5,000 libras de peso (2.2 toneladas), que es por añadidura el bote más grande jamás construido por una impresora de esa naturaleza.

De acuerdo a la propia Universidad de Maine, el bote fue bautizado como 3Dirigo y probado exitosamente en su laboratorio de ingeniería oceánica (Alfond W2 Ocean Engineering Lab), un centro que consiste en un amplio cuerpo de agua provisto con sistemas de generación de viento y oleaje.

“Estoy fascinada al unirme a la Universidad de Maine en la revelación de la impresora 3D más grande del mundo y el objeto más grande impreso en 3D”, dijo la senadora Susan Collins, presente en el evento de develación del 3Dirigo.

La enorme impresora 3D tiene capacidad para crear objetos de hasta 100 pies de largo, 22 de ancho y 10 de altura (30, 6.7 y 3 metros, respectivamente) y utiliza para ello materiales derivados del reciclaje de biomasa, por ejemplo de celulosas y maderas, que al combinarse con termoplásticos pueden crear, de acuerdo a la Universidad de Maine, nuevos materiales de considerable resistencia.

El hecho de que la biomasa utilizada sea una opción renovable y sustentable provee, de acuerdo a la citada universidad, importantes beneficios adicionales a su proyecto de gran impresora 3D.

Ese equipo también ha producido, por ejemplo, un refugio de protección para sistemas de comunicación del ejército de cerca de 12 pies (4 metros) de largo. Y con apoyo de varias entidades gubernamentales, la Universidad de Maine continuará su desarrollo de impresoras 3D de alto poder y materiales provenientes de biomasa, un paso hacia la consolidación y futura difusión a escala industrial de esos sistemas.

Así, el futuro de la impresión 3D luce amplio y puede permitir innovaciones y soluciones destacadas. Por ejemplo, de acuerdo a los Institutos Nacionales de Salud, se avanza ya hacia la producción futura de órganos humanos artificiales funcionales, lo que podría revolucionar los tratamientos de muchos padecimientos y las opciones de trasplantes.

Pero también tiene sus riesgos: por ejemplo, ha inquietado que, con impresoras 3D disponibles en hogares y oficinas, sea posible producir y luego comercializar objetos sin contar con los derechos respectivos, con lo que podrían violarse derechos de autor y de patente. Y qué decir de la posibilidad, ya bastante real, de crear armas de fuego en una impresora 3D, lo que desataría una proliferación aún mayor de armamento que, al no ser metálico (o contener muy pocas piezas de metal), puede ser ocultado fácilmente de detectores y ser por ello potencialmente letal.

Las virtudes y riesgos de esa tecnología son sustantivas, pero en todo caso la investigación y la regulación han de proseguir para lograr balances efectivos.

Por lo pronto, el bote 3Dirigo es un indicador de que el desarrollo de aplicaciones de impresión 3D a gran escala va con viento en popa.