La impostora que se hizo pasar por nutricionista y mató de hambre (literalmente) a docenas de pacientes

A finales del siglo XIX se puso muy de moda en Estados Unidos (y otros lugares del planeta) una pseudoterapia que indicaba que se tenía el convencimiento de que los grandes males y enfermedades que los seres humanos padecían llegaban a través de la alimentación y por la cual el mejor remedio para combatirlo era haciendo unos estrictos ayunos que duraban varias semanas, con el fin de depurar el organismo. Algo que era totalmente erróneo, no tenía fundamento científico alguno y que costó la vida a varios centenares de personas que siguieron esas absurdas dietas.

Linda Hazzard fue una impostora que se hizo pasar por nutricionista y mató de hambre (literalmente) a docenas de pacientes (imágenes vía Wikimedia commons y starvationheights)

Y como en todas las cosas que se ponen de moda de la noche a la mañana, hubo un gran número de personajes que vieron una gran ocasión para sacar un buen beneficio económico haciéndose pasar por terapeutas y nutricionista y atendiendo en consultas privadas a pacientes que llegaban enfermos y que estaban dispuestos a pagar grandes sumas con el fin de ser curados de sus dolencias.

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Una de esas embaucadoras fue Linda Hazzard, quien llevaba unos años tratando de ganarse la vida a través del engaño haciéndose pasar por curandera y que, por un vacío legal que existía en aquellos momentos en EEUU, consiguió (sin haber acudido jamás a una facultad o centro de estudios médicos) una licencia para ejercer como ‘especialista en terapias de ayuno’, una especialidad que no existía dentro de la medicina convencional y que la consiguió gracias a una artimaña y su labia para convencer a los funcionarios públicos.

Eso la facultó para poder ejercer libremente la mencionada pseudoterapia como especialista en el ayuno y para ello abrió, a principios del siglo XX, la clínica Wilderness Heights’, en la población de Olalla en el Estado de Washington, donde atendía a pacientes aquejados de diferentes dolencias (desde una depresión a un cáncer, pasando por anemia, artrosis o demencia senil) y a todas ellas, tras cobrarles una gran suma de dinero, les daba el mismo tratamiento: días enteros de ayuno estricto y las pocas jornadas en las que podían comer alguna cosa era a base de una sopa aguada de tomate y media docena de espárragos. Los pacientes también eran sometidos a unos dolorosos masajes osteopáticos (otro cuestionado método de pseudoterapia) y a molestos enemas.

Esta dieta y terapia no tenía evidencia científica alguna y cada vez era mayor el número de especialistas médicos que denunciaban el intrusismo de pseudoterapeutas como Linda Hazzard. A pesar de ello numerosas fueron las personas que llegaban hasta la clínica para ser atendidas.

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Linda Hazzard obtuvo una gran repercusión entre la población tras publicar un libro bajo el título ‘Fasting For The Cure Of Disease’ (Ayuno para la cura de la enfermedad) del que vendió un gran número de ejemplares y que le ayudó a ser mucho más conocida.

Varios fueron los casos de pacientes que fallecieron por desnutrición e inanición durante el tratamiento de ayuno obligado que les impuso la falsa doctora Hazzard, pero esas muertes apenas tuvieron relevancia ni conocimiento mediático y pasaron totalmente desapercibidas. Tampoco se tiene ni una sola constancia de que curase a uno solo de los enfermos que atendió, pero a pesar de ello su clínica solía estar abarrotada.

Pero en 1912 hasta la clínica Wilderness Heights llegaron dos insignes pacientes, las hermanas Claire y Dora Williamson, dos adineradas británicas que acudieron para recibir un tratamiento depurativo y de ayuno por parte de Linda Hazzard.

Pero esta embaucadora no llevaba su lucrativo negocio a solas, tenía un equipo de colaboradores que trabajaban bajo sus órdenes y, sobre todo, como socio a su esposo Samuel, un perverso personaje que había pasado varias temporadas en prisión acusado de estafa, robo o bigamia (entre otros delitos).

Y fue junto a su marido con quien ideó el falsificar la herencia de Claire Williamson cuando esta falleció, a la edad de 33 años, en su clínica por inanición (bajó hasta los 22 kilos de peso por culpa del estricto ayuno) además de robarle las joyas que portaba en su equipaje. Dora Williamsom (que había bajado peso hasta los 35 kg) pudo salvar su vida tras ser recatada por un familiar, quien interpuso una denuncia contra Linda Hazzard (por mala praxis, además de robo y estafa) y unos meses más tarde un tribunal la condenaba a pasar cuatro años de cárcel (tan solo cumplió la mitad de la condena).

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Lo que había ocurrido con Claire Williamson no había sido algo aislado. Linda y Samuel Hazzard robaron y quitaron cuantiosas pertenencias a pacientes que acudieron hasta la clínica y, con la ayuda de un notario que era cómplice de ellos, falsificaron testamentos y últimas voluntades.

Pero tras la condena y tiempo en prisión, comenzó a tener cierta mala fama en los Estado Unidos, motivo por el que el matrimonio Hazzard decidió poner tierra por medio durante un tiempo y se instalaron en Nueva Zelanda donde a lo largo de cinco años siguió ejerciendo como falsa nutricionista, hasta que las autoridades neozelandesas intervinieron, la multaron por practicar la medicina sin licencia y expulsaron del país, regresando de nuevo a los EEUU donde reabrieron la clínica en Olalla.

En 1927 volvió a publicar otro libro (sorprendentemente todavía se puede encontrar a la venta en algunas webs e incluso consultar y leer) titulado ‘Scientific Fasting’ (Ayuno científico) que volvió a ponerla en el candelero de la supuesta terapia purificadora del ayuno y recuperando cierta fama, logrando que otros terapeutas lo utilizasen como libro de referencia y consulta durante algunas décadas (y por tanto haciendo gran daño a sus pacientes).

Linda Hazzard ejerció en la clínica Wilderness Heights de Olalla hasta el año 1935, en el que un incendio destruyó el edificio por completo, el cual no fue rehabilitado. Tres años después, a los 71 años de edad, la falsa nutricionista fallecía de inanición mientras estaba practicando uno de los polémicos ayunos que ella tanto defendió y obligó a seguir a sus pacientes.

No se sabe a ciencia cierta el número de personas que fallecieron tras realizar los tratamientos y ayuno de Linda Hazzard, pero, dependiendo de la fuente de consulta, dan unas cifras que rondan las 40 muertes.

Fuentes de consulta e imagen: starvationheights / sciencebasedmedicine / murderpedia / Wikimedia commons

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