La carta de San Valentín que hizo reflexionar a millones de personas

Helen Fear emocionó a mucha gente con su historia de San Valentín. (Helen Fear/Facebook).

Helen Fear es una periodista británica que reside en Londres junto a su marido y sus dos hijas. Hace 17 años, recibió un duro golpe que moldeó su futuro: con tan solo 22 años de edad, perdió para siempre a Stuart, al amor de su vida.

Fear quiso compartir su historia a través de una carta publicada en ‘Metro’ con motivo de San Valentín. Su objetivo fue el de difundir las lecciones de vida que aprendió tras su traumática experiencia ya que un día se marchó sin despedirse de Stuart y nunca más lo volvió a ver.

Sus palabras se han hecho virales y han servido de inspiración para todos los que damos por sentado que siempre habrá un mañana:

“En 2002, recibí una llamada que cambió el panorama de mi futuro para siempre. El hombre al que amaba había muerto. Tan solo días después de verle por última vez, Stuart fue atropellado por un auto cuando salía y quedó en muerte cerebral. Tenía sólo 22 años y sus padres se vieron obligados a tomar la horrible decisión de desconectar su máquina de soporte vital. Fue la primera tragedia de mi vida.

Helen Fear y su marido en una foto actual. (Helen Fear/Facebook).

Stuart y yo nos conocimos el primer día de universidad. La atracción fue instantánea y mutua. Ambos estudiábamos Literatura Inglesa, compartíamos la pasión por los libros. En aquel momento, yo tenía un novio en casa, un cobijo de seguridad al que volvía regularmente. Stuart siempre tenía alguna chica.

Él se ponía celoso pero había una regla no escrita en la que siempre estaríamos el uno para el otro. Así que no precipitamos las cosas porque pensábamos que teníamos el resto de nuestras vidas para estar juntos. Después de meses coqueteando, nos hicimos más que amigos. Todavía recuerdo nuestros besos, su mano en la parte baja de mi espalda y la forma en que me hizo sentir. Pero éramos jóvenes y no quería estar atada. Terminamos las cosas cuando nos graduamos (aunque nunca nos comprometiéramos oficialmente el uno con el otro).

Él se quedó en Londres y yo me mudé para hacer un postgrado. El remordimiento de mi último momento con Stuart nunca me abandonó, ojalá le hubiera dicho que lo amaba. Seis meses después, la última vez que vi a Stuart, decidí no correr a sus brazos, a pesar de que todavía estaba enamorada de él, y de que ambos nos habíamos escrito cartas de amor durante los meses que habíamos estado separados.

Helen Fear (derecha) junto a una amiga en 2010. (Helen Fear/Facebook).

Después de todo, pensé que habría otras noches. Me fui sin despedirme de él y días después estaba muerto. La llamada telefónica llegó de mi mejor amigo, quien me contó la noticia. Vomité por la conmoción. Estaba rodeado de gente que no lo conocía y quería estar en el primer tren a Londres para estar cerca de otros que lloraban por él, como yo. El funeral fue la experiencia más horrible de mi vida.

Hasta el día de hoy, sigue siendo la cosa más triste que viví. Su familia gritaba de dolor. Todos lo hicimos. Los chicos querían honrar su memoria emborrachándose, consumiendo drogas y divirtiéndose. ‘Es lo que Stu hubiera querido’, se dijeron a sí mismos. Mientras tanto, no podía dejar de llorar. Volví a mi vida sintiéndome como un zombie. Me metí en mis estudios, bebía y estaba con otros hombres, pero nada me ayudó.

Nuestro grupo de amigos se mantuvo en contacto durante un tiempo, pero a medida que pasaron los años, nos dimos cuenta de que todo lo que teníamos en común era la falta de Stuart. Ahora sólo veo a unos pocos, pero cuando lo hago, Stuart siempre está en la habitación.

Helen Fear en 2009. (Facebook).

Una vez que el dolor se había calmado -no se había ido, porque nunca se ha ido- empecé a poner un pie delante del otro otra vez. Sorprendentemente, me sentí más segura, porque sentí que no tenía nada que perder. En mi mente, nada puede ser peor que perder a alguien que amas

Años después de la muerte de Stuart conocí a mi marido. Esta vez no perdí el tiempo. Sabe todo de Stuart y eso me sirvió para explicarle como aquello moldeó mi vida. Ahora, cada ves que beso a mi marido o a mis hijas, les digo cuánto les quiero. La gente dice que el arrepentimiento es de tontos, pero yo no estoy de acuerdo. Yo aprendí del mío. Me enseñó a entender que nunca se sabe lo que nos espera a la vuelta de la esquina, por eso hay que disfrutar la vida ahora“.

También te puede interesar: