La idea de destituir a Donald Trump gana fuerza pero... ¿existe una posibilidad real?

Jesús Del Toro

La cadena de escándalos y dislates del presidente Donald Trump y su equipo han llegado a un momento crítico luego del despido del director del FBI, James Comey, de la revelación de que Trump entregó información clasificada a altos diplomáticos rusos y las alegaciones de que el mandatario habría presionado a Comey para poner fin a la investigación sobre Michael Flynn, exasesor de seguridad nacional, quien presuntamente habría tenido contactos impropios con agentes de Rusia.

La tensión y el malestar han llegado al grado de que, por primera vez, se ha mencionado formalmente en el entorno del Congreso la posibilidad de iniciar un proceso de destitución (conocido como impeachment) de Trump.

Revelaciones de que Donald Trump podría haber tratado de obstruir la justicia en el caso de Michael Flynn han catalizado la discusión sobre su posible destitución. Con todo, no se ha presentado prueba de ello. (AP)

Los revuelos por los actos y dichos de Trump han sacudido al país desde que asumió el poder –y muchos opositores y críticos han aludido al ‘impeachment’ anteriormente– pero ha sido hasta ahora que, posiblemente, habría una causa real (más allá de la animadversión o la oposición) para impulsar la destitución del presidente. Esa razón sería, de confirmarse, la petición que Trump habría hecho a Comey para dejar de lado la investigación sobre Flynn y Rusia. Eso, para muchos, podría constituir un caso de obstrucción de la justicia.

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Ciertamente eso no ha sido probado y sólo se ha dicho que tal petición de Trump fue documentada por Comey en un memo antes de su despido. Pero ese memo aún no ha salido a la luz y desde la Casa Blanca se ha rechazado que se haya dado tal pretensión de obstruir la justicia.

Pero el tren ha comenzado lentamente a hacer girar sus ruedas, y ciertamente el historial de tensión y confrontación de Trump y su entorno añaden pendiente al caso.

Por lo pronto, como comenta la radio pública NPR, un sitio web ha recaudado ya casi un millón de firmas en apoyo del ‘impeachment’ de Trump, y el tema ha pasado de ser material de teorías conspirativas o aspiraciones desesperadas a ser objeto de abierta discusión en los medios e, incluso, en el Congreso.


Como se ha comentado en The Hill, varios congresistas ya han hablado públicamente de un posible proceso de destitución de Donald Trump, y el demócrata Al Green lo ha pedido ya desde la tribuna de la Cámara. Pero ese medio indicó también que al menos un republicano, el representante Justin Amash, reconoció públicamente que si la presión de Trump sobre Comey fue real, eso sería causal para emprender un ‘impeachment’. Y es sabido que varios importantes republicanos no están precisamente satisfechos con la gestión de Trump y su entorno.

Pero, en el fragor político actual, ¿qué tan real es la posibilidad de un ‘impeachment’? Los casos de procesos de destitución presidencial son extremadamente raros, solo se ha emprendido dos veces (una en 1868 contra Andrew Johnson y otra en 1998 contra Bill Clinton) y en ambas el mandatario salió airoso. La caída de Richard Nixon en 1974 se debió, en realidad, a que prefirió renunciar a ser procesado.

En todo caso, algunos, empezando por el propio Trump, han colocado al asunto como una cuestión de mera lucha política. El presidente ha dicho que “ningún político en la historia ha sido tratado peor que él”, un cierto afán de grandiosidad incluso en lo adverso, y el líder de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, ha indicado que hay gente que quiere dañar a Trump.

En ese contexto, dado que hay un creciente interés en ambos partidos para que Comey testifique de nuevo ante el Congreso (muchos republicanos claman ya por ello, de acuerdo a Politico) y se muestre el supuesto memo sobre la presión que Trump habría hecho contra él en relación a Flynn, sólo si se dan nuevas y graves revelaciones la idea del ‘impeachment’ se expandiría del ámbito de la discusión mediática y de la pugna partidista hacia un camino formal.

Para proceder con ello sería necesario que haya causa probable y evidencia que sugiera con vehemencia que hubo obstrucción de la justicia y, sobre todo, que exista voluntad de una cantidad sustantiva de legisladores republicanos para lanzarse a ese sinuoso camino. Que la Casa Blanca sea un caos, como la senadora republicana Susan Collins dijo a CNN es desde luego inquietante y problemático, pero en sí no es causa suficiente para remover al presidente.

Para ello se requieren evidencias de ilegalidad y amplio respaldo legislativo.

Ese es el punto principal. Como se planteó en FiveThirthyEight, la lealtad partidista es persistente incluso en los mayores escándalos políticos, aunque en el caso anterior de ‘impeachment’ activo o inminente (contra Clinton y Nixon, respectivamente) un importante grupo de legisladores moderados del partido del presidente respaldó la idea de un proceso de destitución. Ellos, sumados a la bancada del partido contrario, lograron el peso suficiente para que el impeachment pudiera ser más que una alusión. En ambos casos, con todo, nada prosperó. Clinton fue exonerado y Nixon optó por renunciar antes de que se le pusiera en el banquillo.

Aunque muchos exigen una investigación a fondo de Trump, y en su caso iniciar su destitución, esa opción no tiene ahora respaldo suficiente en el Congreso. (The Telegraph)

En ese sentido, Trump está a salvo, pues pese al malestar y las exasperaciones, no habría actualmente una cantidad suficiente de republicanos decididos a encararlo como para que pudiera desatarse un proceso de destitución, facultad que compete al Congreso. Se necesita una mayoría de representantes para presentar la acusación formal y dos terceras partes del Senado para aprobar la destitución.

Nada siquiera cercano a esos números existe hoy.

Y el hecho de que el periodo de Trump apenas haya comenzado pone una traba extra: Clinton y Nixon se encontraban avanzados en su segundo periodo, y por ello muchos legisladores apostaron a la idea de la destitución con la idea de que si no lograban su cometido no tendrían que pasar años en la lista de enemigos de un victorioso presidente.

En el caso de Trump, si se le sometiera a proceso y resulta exonerado, lo que es una posibilidad, muchos políticos tendrían frente a sí años de ácido encono presidencial.

Eso puede cambiar, por ejemplo, si nuevas revelaciones refuerzan la sospecha de obstrucción de la justicia o si otros escándalos llevan la crispación nacional a niveles aún mayores. Aunque Trump tiene fuerte respaldo en sus bases y en el Partido Republicano, si la situación se enrarece severamente, como sucedió con Nixon, o se entra en un franco estado de colapso político, los escenarios podrían ser mucho más amplios.

Sea como sea, parece claro que Trump no se quedará pasivo en el asunto.

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