La historia de Katie Stubblefield, la persona más joven en recibir un trasplante de rostro en EEUU

Agobiada por una ruptura amorosa y los efectos de problemas gastrointestinales, Katie Stubblefield intentó quitarse la vida a los 18 años. Pero el disparo de un rifle apuntado a su barbilla no fue el final, sino el comienzo de otra nueva y complicada existencia, a la cual la joven, hoy con 22 años, se aferra con determinación.

El disparo le destrozó el rostro. Y Stubblefield se ha convertido en la persona más joven en recibir un trasplante de rostro y encara una nueva misión en la vida: crear conciencia sobre los daños duraderos del suicidio.

“Tengo una segunda oportunidad en la vida ahora”, dijo Katie en un documental de National Geographic, publicado para coincidir con su portada “La historia de un rostro”, que revela toda la lucha y el proceso de recuperación de la joven.

National Geographic

Stubblefield le dijo a National Geographic que no recuerda nada de su intento de suicidio, y que sus padres tuvieron que contarle lo sucedido. “Nunca antes pensé en hacer eso, y al escucharlo, simplemente no sabía cómo manejarlo”, dijo. “Me sentí tan culpable por haber hecho sufrir a mi familia por ese dolor. Me sentía horrible”.

Tres años más tarde, Stubblefield fue seleccionada para someterse a un trasplante de rostro en la Clínica Cleveland.

Katie recibió la cara de Adrea Schneider, una madre que murió de una sobredosis de droga a los 31 años, de acuerdo con National Geographic.

Adrea Schneider, cuyo rostro le fue donado a Katie/Vía Men’s Health

Los trasplantes faciales parciales y completos implican reemplazar la cara de una persona con el tejido donado del donante fallecido. Incluyen reemplazar la piel, los huesos, los nervios y los vasos sanguíneos. Sólo se han realizado 40 en todo el mundo; el primero en Francia en 2005.

De hecho, Katie es la persona número 40 en el mundo en recibir un trasplante de rostro y la tercera en la Clínica Cleveland, considerada la pionera en la reconstrucción facial en los Estados Unidos.

Katie, antes y después del trasplante/Vía Men’s Health.

El trasplante de Stubblefield pretendía restaurar su estructura facial y sus habilidades para masticar, respirar y tragar por sí misma.

Se realizó en mayo de 2017 y duró 31 horas, lo que la convierte en la cirugía de este tipo más larga, y llevó al equipo quirúrgico a nuevos límites.

La cirugía, pagada por el Departamento de Defensa de EEUU a través del Instituto de Medicina Regenerativa de las Fuerzas Armadas, involucró a 11 cirujanos, varios especialistas y técnicas de realidad virtual.

Antes de ingresar al quirófano, los cirujanos imprimieron en 3D una mandíbula inferior que representaría el 90 por ciento del resultado final. La nueva versión se basa en un escaneo de la mandíbula de su hermana mayor.

Durante las 31 horas en el quirófano le trasplantaron cuero cabelludo; frente; párpados superior e inferior; cuencas de los ojos; nariz; las mejillas superiores; mandíbula superior y mitad de la mandíbula inferior; dientes superiores; dientes inferiores; nervios faciales parciales; los músculos faciales y la piel, según la Clínica Cleveland.

En el camino de la recuperación, Kate todavía tiene problemas para hablar y recibe terapia física y ocupacional.

Tendrá que tomar medicamentos inmunosupresores de por vida para reducir el riesgo de un rechazo de trasplante. Pero espera asistir a la universidad y quizás estudiar para ser consejera y hablarles a los adolescentes sobre el valor de la vida.

“Muchas personas me han ayudado”, le dijo a National Geographic. “Ahora quiero ayudar a otras personas”.

Fragmentos del documental de National Geographic. Este material puede herir su sensibilidad: