La grabación que muestra el sufrimiento de niños migrantes separados de sus padres en la frontera de EEUU

Los niños que son separados de sus padres en centros de procesamiento de indocumentados en la frontera lloran, suplican, se desgarran por la falta de su mamá o su papá, por estar en un lugar extraño y entre desconocidos y recluidos en jaulas metálicas. Sufren y su trauma puede ser duradero.

Y no se trata de suposiciones o temores: es lo que ahora mismo está sucediendo en la frontera de Estados Unidos, en el estado de Texas, por ejemplo, a causa de la política de “tolerancia cero” del gobierno de Donald Trump. Y una grabación realizada dentro de uno de esos centros de detención en Texas muestra esa cruel realidad: niños centroamericanos recién separados de sus padres que lloran desesperados por no tener con ellos a su mamá o su papá o suplican poder comunicarse por teléfono con una tía mientras un agente fronterizo les habla en algo que parece un fallido intento de ser amable que en cambio colinda con el rudo sarcasmo.

La política de “cero tolerancia” del gobierno de EEUU criminaliza a los padres indocumentados que entran irregularmente a la frontera y los separa de sus hijos. (AFP)

El audio es desolador. Voces de niños desesperados lloran por “mami” y “papi” y, en tanto, en medio de ese dramático clamor se oye una voz, al parecer de un agente de la Patrulla Fronteriza, que dice “bueno, aquí tenemos una orquesta… Faltaba el maestro”. Al parecer se trató de una broma, pero en el contexto en el que fue dicha se percibe totalmente fuera de lugar.

También se escucha a una niña salvadoreña, al parecer de seis años de edad, que pide suplicante que se le permita llamar por teléfono a su tía: “Yo quiero ir con mi tía… Quiero que me venga a buscar mi tía para llevarme a casa de ella”. La pequeña se sabía de memoria el teléfono de su tía y funcionarios consulares allí presentes le ayudaron a llamarla.

Cada “papá” o “mami” de los niños es como una puñalada. Es descorazonador.

Esa grabación fue obtenida y publicada por ProPublica y es un ejemplo real y doloroso de la realidad de la separación de familias indocumentadas en la frontera. Los menores que lloran en la grabación tendrían, al parecer, entre 4 y 10 años de edad y serían de origen centroamericano: salvadoreños, guatemaltecos y hondureños principalmente.

Son inocentes pero son sometidos a un desgarramiento enorme. Están sometidos a un terror y a un trauma mayúsculos que podría marcarlos por el resto de su vida.

La política cruel de la administración Trump

Desde el escritorio de una oficina en Washington DC la idea puede parecer una útil medida para disuadir el flujo de indocumentados hacia Estados Unidos, para cumplir promesas de campaña sobre dureza antiinmigrante o, para los que llevan el argumento aún más lejos, para proteger a esos menores de los traficantes de personas y de sus propios padres que los colocaron en ese terrible trance al cruzar irregularmente a Estados Unidos.

En realidad, es una crueldad, una falta de compasión monumental sin fundamento legal que lo ordene o justifique. Es un manoseo político con personas que nada tienen, que están en el desamparo y la debilidad. El malabarismo de decir que al separarlos de las familias el gobierno protege a esos menores se cae por su propio peso. Pero el gobierno prosigue con obstinación esa política aunque casi dos tercios de los estadounidenses lo desaprueben, de acuerdo a una encuesta de CNN.

Ese llanto y esas súplicas muestran el verdadero rostro, la verdadera voz humana de los que son afectados y atormentados por la política de “tolerancia cero”, que ha sido ampliamente condenada por inhumana pero a la que se aferra la administración de Trump, que clama que Estados Unidos es un país de leyes y por ello debe aplicar con severidad las concernientes a la inmigración pero omite que, también y de modo fundamental, que en la fibra misma de la nación reside la protección de los derechos humanos básicos. La separación de familias que han huido de la violencia y la miseria en sus países no está en sintonía con ello y, en cambio, tiene una notoria carga de inhumanidad y crueldad.

Algunos expertos han considerado a ese trato contra los menores como abuso infantil sancionado por el gobierno.

El audio del llanto y el clamor desesperado e inocente de esos niños fue grabado, señala ProPublica, dentro de un centro de detención de la Patrulla Fronteriza por una persona que pidió permanecer en el anonimato. La grabación fue entregada luego a la abogada de derechos civiles Jennifer Harbury, quien a su vez la hizo llegar a ProPublica.

Y aunque muchas de las pequeñas vocecitas permanecen anónimas, sí se conoce el nombre de la pequeña salvadoreña separada de su madre que suplicó le dejaran llamar a su tía. Se trata de Alison Jimena Valencia Madrid. Al final, funcionarios consulares la asistieron y ella pudo llamar a su tía. Pero también puede escucharse su deseo desesperado e inocente, de que su madre, Cindy Madrid, pueda reunirse pronto con ella.

Algo que, dada la actual y cruel política de criminalización de quienes cruzan irregularmente la frontera, parece muy improbable. Cuando los niños pagan con sufrimiento los desencuentros políticos y las pugnas ideológicas es claro que algo no funciona en la mecánica del sistema y que hay algo desalmado y ominoso en la actividad oficial.

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